Slade irrumpió en plena época dorada del glam rock con un disco crudo y pesado, que conservó el atractivo más pegadizo del género musical.
Taste makers.
Slade irrumpió en plena época dorada del glam rock con un disco crudo y pesado, que conservó el atractivo más pegadizo del género musical.
Río Río elabora un intrincado y poético álbum debut cercano a sonidos del folk, compuesto por 9 piezas que reflejan sus mejores atributos.
DJ Quik coronó su carrera en el rap con una obra fiestera, ligada a los sonidos de la costa oeste que imperaban con éxito en aquel entonces.
Rachel Stevens entregó un segundo disco muy al día con las tendencias del electro dance-pop, el que pasó a ser un objeto musical de culto.
‘Monk’s Music’ catapultó todavía más el estatus de Thelonious Monk, al colaborar con varios grandes músicos en una obra maestra del hard bop.
Kidd Voodoo vierte su costado emotivo y vivencial con su obra más honesta, que da un giro hacia corrientes sonoras cercanas al pop y el folk.
‘Stay Trippy’ representa un acierto de Juicy J en pleno hiato de Three 6 Mafia, marcado por un trap fiestero de constante culto fumeta.
Tokyo Shoegazer regresó con una obra igual de densa pero más expansiva, lanzada luego de la pandemia bajo el nombre ‘Moonworld Playground’.
‘Psalm 69’ es el disco más celebrado en la carrera de Ministry, al revelar una agresividad política muy influyente para el metal industrial.
‘The Marble Index’ cambió el rumbo solista de Nico hacia algo más vanguardista, que derivó en el posterior desarrollo del sonido avant-folk.