Escrito por Felipe León
Hoy es considerado uno de los estandartes del jangle pop ochentero (hay varios), pero la carrera de The Go-Betweens estuvo marcada por un éxito que no terminó de despegar del todo. De hecho la que puede ser su obra más conocida, ‘16 Lovers Lane‘ (1988), apareció tan solo dos años antes de su primera separación.
El desgaste como la tibia recepción comercial al disco hicieron que el dúo fundador, Robert Foster y Grant McLennan, le pusiera punto final al grupo. Años de poca valoración, más allá del circuito independiente y universitario de la época, que jamás mermaron la talentosísima forma de afrontar el pop de guitarras, desde vocales melosas, arreglos frágiles, visión expansiva y una urgencia por expresar amor/pasión que cruza la totalidad de la obra.
La calidez de su romanticismo, amparado en estribillos melódicos y un pulido diseño de producción, transmite una sensación primaveral que guarda deseos y angustias. Un halo melancólico desplegado en una instrumentación ajena al combo clásico bajo-guitarra-batería-teclados, al incluir violín, oboe, piano, órgano Hammond o mandolina, como base para que salgan las composiciones duales en The Go-Betweens.
Crepuscular romanticismo jangle pop
Tanto McLennan como Foster componen el grueso de ‘16 Lovers Lane‘, donde sus respectivos estilos conjugan un sonido tan radial y accesible como profundo y atmosférico. No obstante el resto de integrantes asumen un rol para nada menor, ya que las voces de la multiinstrumentista Amanda Brown son parte de la identidad del disco, lo que se refleja en piezas como «Streets of Your Town«.
Por supuesto que la batería de Lindy Morrison, delicada como nerviosa, también se hace presente; mucho menos inquieta que en antaño. Mientras que el bajista Robert Vickers se fue antes de grabar el LP, cuando el resto de integrantes decidió dejar Londres para registrarlo en su país natal, Asutralia, por lo que John Willsteed asumió su puesto.
También es un hecho que The Go-Betweens quería un mayor alcance en éste, su álbum más pop. Un perfil que se traspasa hasta en los cortes profundos como la maravillosa «Clouds«, intrigante «Love Is a Sign» o la crepuscular «Dive for Your Money«. A la par de otros cortes ya clásicos de su repertorio como «Was There Anything I Could Do?«, «Quiet Heart» o «Love Goes On!«, de un total de 10 canciones que por un buen tiempo se convirtieron en su testimonio final.
Volvieron en el año 2000 con una formación renovada, guiada por el tándem Foster/McLennan, en un periodo fructífero que dejó 3 buenos álbumes. Una suerte de revancha que no fue un suceso comercial, pero sí que devolvió a The Go-Betweens a la discusión, y con esto llegó una revalorización de su discografía, de obras como ‘16 Lovers Lane‘ y del jangle pop en general.
