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Alejandro Tapia, periodista y escritor: «Los Prisioneros colaboraron a quebrar esta tensión histórica que teníamos entre chilenos y peruanos»

Alejandro Tapia es periodista y escritor. En 2024, publicó Ya viene la fuerza. Los Prisioneros 1980-1986 a través de Clubdefans, una completísima y extensa biografía de Los Prisioneros enfocada tan solo en sus primeros siete años. Como parte de una saga periodística y literaria, este año publicó No Necesitamos Banderas. Los Prisioneros en Perú, a través de la editorial peruana Borrador Editores (y con distribución exclusiva en Chile a través de Clubdefans).

Expectador tuvo la oportunidad de conversar con Tapia sobre el proceso de producción periodística detrás de No Necesitamos Banderas. Asimismo, sobre el impacto internacional de Los Prisioneros, del tipo de libros que se han escrito sobre el proyecto, referentes periodísticos y el futuro de la saga sobre la banda.

 

¿En qué momento decidiste que la experiencia de Los Prisioneros en Perú ameritaba un libro concreto, y no pertenecía a una segunda parte formal de Ya viene la fuerza?

La idea de No Necesitamos Banderas surgió casi a la par con Ya viene la fuerza. Porque, como ya habían otros libros que narraban algunas historias sobre Los Prisioneros, o ya habían libros sobre Los Prisioneros y sobre Jorge González, me parecía que era una buena entrada a este mundo -porque ya hay como un subgénero que podría llamarse literatura prisionera con un libro que narrara la historia de Los Prisioneros en Perú. Iba a ser como disruptivo. Sería algo distinto, que un periodista chileno hiciera un libro sobre Los Prisioneros en Perú.

Pero, a poco andar, la investigación de Ya Viene la Fuerza me consumió por completo toda la energía. Y me pareció que este camino que yo me había aventurado a transitar no iba a ser comprendido. Entonces, al final decidí publicar primero Ya viene la fuerza. Dejé congelado No Necesitamos Banderas hasta que pasó un rato.

O sea, fueron dos etapas. Dos etapas de ese trabajo.

Eso por un lado. Y, por otro, me parecía que en el marco de la investigación de Ya viene la fuerza, aunque cronológicamente no alcanza a llegar al 87, sí vi muchos conciertos. Y la presentación en Acho de septiembre de 1987, de Los Prisioneros en esta Plaza de Toros me parecía un momento irrepetible. Me parecía que había algo más de lo que se sabía y lo que se había comentado, porque ese concierto había sido conocido por las pedradas que lanzó un grupo de punks contra el escenario y que rozaron a Claudio Narea. Jorge tuvo que parar el concierto por eso.

Pero me parecía que había algo mucho más profundo ahí, como se produce en algún momento. Se produce una magia cuando Jorge vuelve a reiniciar el concierto después de estas pedradas. Y a mí me dio la impresión -y después hablando con mucha gente que fue a ese show y otras personas más- de que lo de Plaza de Acho había sido uno de los momentos más importantes de toda la carrera de Los Prisioneros. Eso me abrió la puerta para empezar a indagar la historia de Los Prisioneros. Particularmente, en Perú.

¿Qué desafío implica hacer un libro de Los Prisioneros en un contexto donde ya existen tantos libros de la banda? Eso incluye el de Cristóbal González (Latinoamérica es grande), que no se trata de Los Prisioneros en Perú, pero de Los Prisioneros en el extranjero. Posiblemente, el grado de oferta de documentos sobre la banda es el más alto que alguna vez se le ha dedicado a un artista musical chileno, incluyendo a Violeta Parra.

Bueno, el primer desafío, pese a que hay varios libros y artículos, cada uno en su mérito, era no repetirme con nada de lo que se había escrito sobre Los Prisioneros antes.

Yo me propuse empezar desde casi cero. O sea, hacerme las preguntas más básicas y no solo volver a hablar con sus protagonistas, sino también buscar otras voces. Voces que no habían sido mencionadas ni indagadas por los otros textos. Me parece que siempre hay focos que uno puede elaborar y plasmar. Por supuesto, sin desconocer todo lo que ya se hizo sobre algo. Yo creo que son, a veces, puntos de partida. Pero, en realidad, a mí lo que me pasaba como lector y conocedor de la obra de Los Prisioneros, es que ninguno de los libros que se habían publicado hasta ahora me había llenado.

No es que yo quisiera hacer un libro sobre Los Prisioneros por eso. Pero me parecía que Los Prisioneros, al ser una banda tan gigante, importante y tan relevante, merecían un trabajo más exhaustivo, más detallado y con un enfoque más musical. Ese es mi norte. Un enfoque detallado, profundo, con voces distintas, con cosas que no se sabían, documentos, archivos inéditos, el mayor número de entrevistados posibles, protagonistas, testigos, y con un foco musical y no tan farandulero. Yo sentía que a la historia de Los Prisioneros se le había dado un foco muy sensacionalista. Yo sentía que faltaba una investigación más profunda, y me pasaba también de que hay algunos libros que se construyen con citas de otros. Que está bien, pero no es lo que yo busco y no es lo que yo creo que se debiese hacer.

En No Necesitamos Banderas -y, particularmente, en relación a Ya viene la fuerza– hay algo muy de la escuela de Marisol García: tomar un fenómeno cultural, como el impacto de Los Prisioneros para Perú, y evidenciar desde el periodismo que sus repercusiones sociales son reales y contingentes. ¿Existe conciencia sobre una ambición periodística que busque reinsertar a Los Prisioneros en un contexto en el que se valide su capacidad de movilizar aspectos sociales, más que meramente culturales?

Yo valoro y respeto mucho el trabajo de Marisol García. Encuentro que ella es una gran investigadora. Creo que mi trabajo corre por su misma línea. Cada quien con lo suyo, por supuesto. Lo que yo he intentado hacer en estos años es, primero, un trabajo periodístico serio, profundo, que ojalá sea indesmentible, pero que también inspire a otros a hacer investigaciones de ese tipo en otros ambición. Por supuesto que el tema del impacto y lo más invisible, lo más intangible, me interesa mucho.

O sea, el cómo una banda -como en este caso, con mi libro sobre Los Prisioneros en Perú- inspiró a muchos grupos de un movimiento punk y hardcore. Ellos observaban a Los Prisioneros y finalmente ellos se transformaron en una inspiración, siendo que al principio los miraban como con distancia, por estar en un sello multinacional y aparecer en medios.

Se dieron cuenta que el camino de Los Prisioneros era ser una banda absolutamente popular, incluso mainstream. Y que su música fuese bailable, pero al mismo tiempo contestataria. Me inspiraba mucho dejar eso por escrito. Dejar un documento histórico sobre cómo un grupo chileno finalmente termina inspirando a muchos grupos peruanos, o a muchas personas comunes y corrientes también, a las que un concierto de Los Prisioneros les cambió la vida. O cuál fue el contexto en que Los Prisioneros se presentaron ahí.

Entonces, no se trata solamente de reseñar las presentaciones de Los Prisioneros allá. Hay todo un subtexto adicional que incluso me ha llevado a pensar en que, de alguna manera, Los Prisioneros colaboraron a quebrar esta tensión histórica que teníamos entre chilenos y peruanos.

Entonces, la respuesta a tu pregunta es sí. Porque estas cosas no son solamente musicales, sino que también hay fenómenos políticos, sociales y de otros tipos por abajo. Y eso también me pareció importante abordarlo. A veces, uno puede ser explícito con esas cosas, y a veces son subtextos. Líneas que sigue la narración, pero no de manera explícita. Se va contando a través de las voces de otros, por ejemplo. O de los hechos.

Entre todo el universo de Los Prisioneros (incluyendo los que no escribes aún), ¿qué es lo que más te interesa? ¿González, Tapia, Narea? ¿Algún disco, decisión, efecto? ¿Qué es lo que más te apasiona como objeto de estudio de Los Prisioneros?

Qué buena pregunta. Mira, en Ya viene la fuerza, lo que más me sorprendió y motivó y me inspiró fue descubrir la convicción inicial que ellos tenían para convertirse en una banda.

Y esa convicción no solamente la tenía Jorge, que es el que hizo las canciones. Sino que, por ejemplo, Miguel Tapia fue muy importante en echar a andar ese buque. Y, a su vez, Narea también era un elemento clave para que el trío funcionara como trío. Entonces, a mí me sorprendieron muchísimo las ganas y el deseo que ellos tenían, no solamente de salir de San Miguel al mundo. No de San Miguel al resto de Chile, sino que de San Miguel al mundo.

Y, año tras año, tenían deseos de comerse a América Latina. O sea, de impactar de manera profunda. Me parece que yo quería también instalar esto de que Los Prisioneros eran una banda tremendamente original. Cada uno de sus discos era distinto al otro. Eso me parece eso muy meritorio.

Y me parece que el relato que se había construido sobre Los Prisioneros estaba muy mitificado. A mí me interesaba desmitificar. O sea, no es solamente el trío de origen proletario salido a San Miguel. Ahí ya hay una mitificación porque, en realidad, no eran todos, digamos, de origen ultra proletario. Que, para el caso, eso no importa.

Pero más importa la energía y el motor. Aunque suene redundante, los motivaba a ellos. El motor que ellos tenían para salir adelante. Pero no como para salir adelante como de, comillas, la pobreza y así hacerse famosos porque sí, per se. No. Sino que ellos querían, y especialmente Jorge y Miguel, comerse al mundo con sus canciones.

Por ejemplo, las canciones del Pateando Piedras, que el próximo mes cumple cuarenta años, no están hechas contra Pinochet necesariamente. Sus letras abarcan una realidad económica, política y social que no tiene necesariamente que ver con el gobierno de turno, ni siquiera chileno. Sino que tiene que ver con una realidad latinoamericana y universal.

De hecho, la letra de una canción como No Necesitamos Banderas tiene un carácter universal. Así lo veo yo. Entonces, en Ya viene la fuerza y en No Necesitamos Banderas voy narrando esa épica de ir a Lima con los teclados recién comprados, en sus cajas de cartón y no en estos cases profesionales, y presentarse ante 12.000 peruanos en una plaza de toros atestada. Con una propuesta que no necesariamente es rockera, sino que más en sintonía con el synth pop de esos teclados. A mí me parece maravilloso.

En una época en la para una banda era difícil salir de Chile. No tenían todos los recursos, tienen esta épica de tener muchas cosas en contra. Entonces, para mí, la historia de Los Prisioneros finalmente es como ese partido que se gana en el minuto noventa.

¿Hay algún referente literario en particular que hayas tomado?

Muchos. Yo creo que mi principal referencia es Mark Levinson, el gran biógrafo de The Beatles, que ha hecho muchísimos libros sobre ellos. Fue colaborador de Paul McCartney.

Sus libros tienen muchísima profundidad, muchísimos detalles. Me parece que es importante el registro de las fechas, de los personajes. O sea, todas esas cosas para mí son importantes. Y Mark Levinson tiene eso, y además me ha inspirado porque él está haciendo una trilogía sobre The Beatles, cuyo primer tomo tiene ochocientas páginas y llega hasta el año 62, cuando The Beatles publica su primer disco. Son ochocientas páginas dedicadas como a toda la prehistoria de The Beatles, con muchísimos entrevistados, con referencias también puntuales a algunos aspectos que revelan los otros libros. O sea, sin desconocer lo que se ha hecho, porque de The Beatles hay muchos libros.

Él está haciendo una trilogía y que se está demorando todo el tiempo del mundo. Al menos a mí me parece inspirador, como alguien que quiere hacer ese trabajo tan profundo que se transforma casi como en un trabajo de vida.

Después hay otro autor que me inspira muchísimo, que es Peter Guralnik, que es el autor de la biografía de Elvis Presley, El último tren a Memphis, que son dos tomos. Están en español y que construyen un Elvis desmitificado. Para mí, es importante, porque yo también considero importante desmitificar a este tipo de grupos como Los Prisioneros. Eso no es desmerecerlos en ningún caso, sino que intentar acercarse, de alguna manera, a contar la historia de la manera más cercana a lo que fue.

Los mitos serán muy entretenidos e interesantes, pero son mitos. Por eso a mí me interesa, cuando cuento un episodio en particular, indagar lo que más puedo en ese episodio con la mayor cantidad de testigos, para que esa descripción sea lo más veraz posible, y no quedarme con lo que dice solo una persona.

Después hay otro autor, que es un autor precisamente peruano, que es el que me inspiró de alguna manera a hacer No Necesitamos Banderas, que se llama Mariano Vargas, que hizo una investigación sobre el rock del Agustino. Que es como lo que pasaba con este movimiento subterráneo peruano en los años ochenta, pero lo situó solo en un distrito, como en un barrio, en El Agustino, en Lima.

Después yo hablé con varias bandas del Agustino y descubro que ya para el 87, para el Concierto de Acho, ya habían bandas peruanas que hacían covers de Los Prisioneros. A mí me parece alucinante, de alguna manera, descubrir y dejar por escrito que ya para ese año había una banda de otro país haciendo covers de una banda chilena. En este caso, importa la nacionalidad por todo lo que había pasado en nuestros países. Distinto a si fuese Colombia.

Yo creo que esos autores son mis principales referencias.

Podría agregar un cuarto, que es Philip Norman, que también es el gran biógrafo de The Beatle, y ha indagado especialmente en los Beatles solistas. Como las biografías de Lennon, McCartney y Harrison. Trabajos enormes, digamos. Parecido a Mark Levinson, pero por Beatle, digamos.

¿Qué se puede esperar a futuro? ¿Una segunda parte de Ya Viene la Fuerza, u otro proyecto parecido a No Necesitamos Banderas?

Mi deseo es continuar con la saga que comenzó con Ya Viene la Fuerza, y yo creo que No Necesitamos Banderas es este spin-off. Que además tiene un enfoque de intentar contar la historia de Los Prisioneros desde una óptica de personas de otro país. En este caso, peruanos.

También me parece interesante eso: cómo mira otro país a esta banda, que es distinto a intentar explicar lo que pasó con una banda en otro país. Entonces, uno puede contar la historia de una banda en otro país, pero a mí me interesaba el camino a la inversa. Que las personas de ese país me contaran la historia de ese grupo. O sea, que los peruanos cuenten la historia de lo que pasó con Los Prisioneros en Perú, independientemente de que obviamente yo también entrevisté a muchos chilenos, como a los propios Prisioneros.

Me interesaba que la historia de Los Prisioneros se contara con ojos de los peruanos, a ojos de ellos. Entonces me parecía que, como periodista, me iba a venir bien este tiempo de no empezar a hacer de inmediato la segunda parte de Ya viene la fuerza, sino que hacer este spin-off de la historia más grande y, una vez publicado el libro, concentrarme en la segunda parte.

Necesitaba este aire, meterme en una historia más particular. A todo esto, Perú es el único país que Los Prisioneros visitan en todas sus etapas.

Ahora que ya se terminó un libro como este, No Necesitamos Banderas, a la venta en Chile solo por Clubdefans, me quiero concentrar en hacer la segunda parte. Tengo claro el arranque, que va a ser, en el fondo, la gira del Pateando Piedras, pero el final de esta segunda parte no lo tengo muy claro. No sé hasta dónde voy a llegar, y eso solamente lo da como el tiempo y el proceso creativo y de investigación.

Pero, ¿pasará por la etapa de Corazones?

Sí, yo creo que sí. Porque con estos libros, que toman muchos años en elaborarse, pasan cosas como esto. O sea, me refiero a que aparecen personajes que uno no espera. O personajes a los cuales uno quiere llegar, pero no son tan fáciles de acceder.

Y hay que ver cómo la historia queda redonda, porque el final de Ya viene la fuerza es cuando ellos están a punto de lanzar Pateando Piedras, y están a punto de convertirse en la banda más relevante de Chile. Entonces, ese es un hito. Entonces, en la segunda parte, necesariamente hay que buscar un hito que puede no necesariamente ser cuando se separan, puede ser otro hito. Y ese otro hito va a aparecer en el proceso de escritura. Pero sí, mi idea es hacerlo. De hecho, lo estoy haciendo.

Como yo me he propuesto hacer esta saga de Los Prisioneros, cuya primera parte es Ya viene la fuerza, con No Necesitamos Banderas, yo quise que no solamente que fuese un spin-off, sino también publicarlo en Perú, con una editorial peruana, impreso en Perú, distribuido y comercializado, y que se venda allá. Por eso quise hacer algo muy acotado acá. Solo está en Clubdefans. Solo hice un lanzamiento. Y todo lo que ha pasado con el libro, ha pasado en Perú. Tuve una semana ahí con muchas presentaciones. Le fue bastante bien y estoy súper contento. Sorprendido, a la vez.

Yo busqué ese camino, no llevar este libro de Los Prisioneros a desde Chile a Perú, sino al revés. O sea, hacerlo en Perú, y claro, por rebote, viene para acá también. Pero a mí esos caminos más disruptivos e inesperados me mueven. Esas cosas me motivan a seguir haciendo esto. No me parecía necesario ni atractivo hacer ese libro desde acá. Me interesaba hacerlo desde allá, y con la mirada desde allá.

Así que, ya terminado esto, vuelvo y me puedo concentrar en la segunda parte.

 

No Necesitamos Banderas se encuentra disponible en Perú vía Borrador Editores. En Chile, solo está disponible a través de la tienda de Clubdefans.

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