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Autogol: los pormenores del Festival JAJA

Por Nicolás Merino, Antonia Hernández, Daniella Campos y Felipe León

En un año marcado por las atrocidades cometidas por un Ministerio de Cultura indolente y sectario, la escasa o nula respuesta por parte de los actores principales pareciera indicar que existe un desenfoque respecto a las prioridades y lealtades. Peor aún es el hecho de que hay un desgaste, una desconfianza y ciertas rivalidades entre pares, algo que, independientemente de las causas que llevaron a adoptar estos comportamientos, se normaliza con el sabor amargo dejado por iniciativas como el Festival JAJA.

Hace algunas semanas, Temblor (institución en la que participan activamente músicos de la banda Fuego en Cairo) y Colectivo Manantial anunciaron un ambicioso evento de dos días, bajo la premisa de reunir música, cine y artes visuales. Así nació la Jornada de las Artes Juveniles Alternativas (JAJA), programada para el sábado 8 y el domingo 9 de agosto en la Casona Rebeca Matte.

A todas luces, una instancia más que celebrable. En palabras de Temblor, «fue hecha con la finalidad de generar un punto de encuentro en los diferentes ámbitos de la cultura nacional». Nada más alejado de la realidad. Los comentarios sobre la mala gestión del evento generaron una serie de cuestionamientos que merecen atención, más allá de los errores, las responsabilidades y las omisiones que pudieran haber existido, sobre todo en materia preventiva.

Lo que prometía ser un panorama amistoso del fin de semana, eventualmente se transformó en una inmensa bola de nieve, compuesta por problemas que iban desde irresponsabilidades organizacionales hasta malos tratos, pasando por incumplimientos contractuales y la falta de permisos municipales.

Primer día

La primera jornada prometía la participación de Casas Viejas, Él Se Quemará, Perrogato, Aeródromo, Fosfenos, Planta Carnivora y Scott y los Pelmazos. Los problemas comenzaron durante esta primera jornada. Aunque se podría argumentar que la ambigüedad respecto a la organización se presentó antes, así lo expresó Scott y Los Pelmazos en un minucioso testimonio compartido con Expectador:

—El antecedente es que, desde un inicio, era medio difuso quién organizaba y qué era exactamente. No se sabía si era una tocata con exposiciones, si era una exposición en medio de una tocata… hasta en el espacio, no se entendía bien dónde era la feria, dónde estaban las exposiciones, dónde era la tocata. La tocata se movió mucho. Ese fue uno de los principales problemas que tuvimos nosotros como técnicos y músicos. Primero íbamos a tocar afuera, en un escenario. Luego, por el ruido, se movió hacia adentro. Después llegó la dueña de la casa y ahí nos mandaron al sótano.

Además, se presentaron problemas ese mismo día antes de que el evento comenzara.

—Fuimos a probar sonido en la mañana, pero el montaje y orden del lugar estaba en proceso —recuerdan los líderes de Perrogato—; esperamos una hora y decidimos irnos.

Aeródromo comparte la frustración de su prueba de sonido. El caso de esta banda es particular, pues sus integrantes viajaron desde Concepción para tocar.

—Fue triste porque igual para uno como artista de región es tiempo, es plata —expresa uno de los músicos de la agrupación—. Para una banda, sea cual sea, de región o Santiago, es tiempo y plata ir a hacer un evento que no está a la altura de la entrada que le cobraron a la gente. No era barata, siento que tuvieron que haber considerado eso. Uno asume que cuando vas a un festival están los permisos pedidos para poder llevarlo a cabo, pero no. No fue el caso, y fue bastante frustrante. Nos quedamos súper tristes esa noche.

El ambiente, por su parte, tampoco fue grato para los asistentes. Así lo expresaron en redes sociales, pero también en un testimonio anónimo a Expectador.

—En los baños no tenían papel —recuerda, indignado, uno de estos asistentes a la primera jornada—. Nunca avisaron en qué momento se proyectaría la película, así que tampoco pude verla. Y por las quejas que vi al respecto, menos mal no estuve ahí. Yo vivo en Puente Alto y casi me quedo sin metro por la hora en que terminó, menos mal corrí para alcanzarlo, creo que las condiciones no dan ni para ser un evento gratis, y yo pagué $11.000 por un solo día. Reclamé a Portaltickets, pero solo me ofrecieron invitaciones para el domingo. No tenía ganas de ir. Me enteré de que les fue igual de pésimo que el sábado.

Este fue el tipo de problemas que persistieron hasta la noche. Hubo desinformación, retrasos y cambios de planes que afectaron tanto a la organización como a las bandas. Los reclamos que más se reiteran se refieren a las condiciones del espacio y a las demoras.

—Luego, volvimos para dar nuestra presentación, pero esta se vio dificultada por reclamos de los vecinos. Se atrasó, al menos, dos horas —recuerdan los músicos de Perrogato sobre la hora de su presentación—. Se decidió cambiar el lugar del escenario. Intentamos dialogar con la productora para evitar el cambio de escenario, pero al final nos vimos forzados a realizar nuestra presentación en un sótano pequeño y fue bastante frustrante, ya que se redujo considerablemente la capacidad de espacio. Finalmente, el show fue emotivo de todas formas gracias a la expertise del sonidista Seroto y a la respuesta de nuestro público, que siempre nos sube el ánimo.

La situación vivida por Perrogato fue similar a la que experimentó Fosfenos:

—A la mitad del show de Fosfenos llegaron los pacos y tuvieron que cortarles la presentación. Se retrasaron como una hora y media más. Luego, nadie sabía qué iban a hacer. No daban comunicados ni nada. Luego supe por el vocalista de Aeródromo que iban a tocar en un sótano, el lugar en donde estaban haciendo las proyecciones de cine. Tuvimos que esperar a que bajaran los instrumentos y todo.

Otro asistente también aporta:

—No le daban agua a los artistas, que estaban sudando en el sótano. Dejaron a los otros artistas con sus stands afuera, sin luz y con todo el frío. Al final del show de Scott y los Pelmazos, entró un caballero que era de la administración del lugar y nos empezó a echar a todos súper apurado. La batería que prestaron tenía el sillín malo. Se cerró como cinco veces mientras tocaban las diferentes bandas. Hasta se desarmó una pata del tom de piso.

Sobre esto último, Aurelio Yáñez, que participó de la feria del evento como Buena Onda Tapes, también tiene sus reparos.

—Lo único que podría decir, sí, es que si se va a cobrar una inscripción de 20.000 pesos, lo cual no es excesivo, hay otras partes donde cobran 100 lucas por un puesto, pero el hecho de pagar una inscripción debería darte por asegurado ciertos beneficios, como quizás agua, como tener un enchufe. Luz, quizás. Un puesto, una mesa, mesa que a mí sí se me otorgó, pero antes la pedí por correo, porque no tenía, pero dentro de las indicaciones del festival, igual decía que cada uno tenía que llevar su mobiliario. Entonces, yo creo que si uno paga una inscripción es para tener esas cosas aseguradas. Yo he ido a lugares donde he pagado menos y me han dado una colación incluso. Aquí nunca tuve luz, nunca se me acercó nadie de Temblor a consultarme si estaba todo bien.

La banda Scott y los Pelmazos, encargada de cerrar la jornada, reflexionó también en su testimonio sobre lo ocurrido en JAJA:

—El problema también residió en el estrés de la cuestión. La dueña de casa y los arrendatarios estaban más estresados que la cresta. Todo moviéndose. No hubo muy buenos tratos con nosotros tanto al momento de instalarnos como de desarmarnos. También hubo otros problemas; por ejemplo, un catering que no se cumplió. No había agua, no había nada. Nunca nos ofrecieron nada, nadie nos dio la bienvenida, todos nos movimos solos, básicamente. Teníamos que andar buscando organizadores para dar con algunas indicaciones sobre el espacio.

Los organizadores eran artistas visuales, entiendo que había músicos dentro, también cineastas. En las tres áreas hubo muchas faltas de respeto. Tal vez, uno del gremio tendría más ojo en esas cosas, porque si un músico organiza una tocata, uno sabe qué es lo que hay que hacer para que funcione. Y que hay que tener paciencia, que hay que tener cuidado. Lo que más duele, por nuestro lado, es ver que esos mismos artistas, gente del gremio, gente que es tu colega, termine tratándote peor que gente como un empresario de eventos o una persona de un sello.

El mal cine

Uno de los atractivos de JAJA era su selección cinematográfica. Se anunciaron dos largometrajes y múltiples selecciones de cortos. Las películas anunciadas fueron Matapanki (2025, Diego Fuentes) y La Corazonada (2025, Diego Soto). Entre los cortometrajes, incluso destacó la inclusión de Petra y el Sol (2025, Malu Furche y Stefania Malacchini), actualmente en carrera para los premios Oscar y Goya, aunque el afiche ya lo anunciaba con el dato de “Nominación al Oscar”.

Ninguna de estas secciones se vio exenta de problemas.

—Se veía mal, tiraron muy mal el proyector. La imagen estaba ladeada, como en trapezoide, sobre una pared —recuerda una de las personas del equipo de Matapanki—. Ni siquiera se preocuparon de que hubiera un telón de calidad o algo así. Y sonaba muy mal. La gente entraba y salía. En un visionado, lo mínimo es no dejar entrar a nadie cuando parte de la película. O, si la gente quiere salir, después no puede entrar de vuelta.

En sintonía con el trato denunciado por artistas de otras expresiones que también participaron en JAJA, esta persona también criticó el trato que recibió el equipo.

—Vi al chico que estaba proyectando, que al principio estaba como montando el proyector, lo dejó así como trapezoide, ladeado, y dijo “ya, filo, así está bien”. Afuera tenían unas luces que las apagaron y a la mitad de la película las volvieron a encender. El de proyección se fue a los primeros treinta minutos de la película, en un momento el computador se bloqueó y tuve que llegar a meter mano yo para desbloquearlo y que la película se siguiera viendo. Después, otra chica tuvo que entrar a monitorear el conversatorio, que en verdad fueron como dos o tres preguntas, porque tenían que echarnos. Se atrasó todo y tuvimos que salir de la casona.

Respecto a los cortometrajes, además del atraso de cerca de una hora y media y el cambio de sala, también hubo disconformidad entre quienes prestaron su material para que fuese proyectado. De hecho, la directora de uno de los cortos proyectados ni siquiera fue consultada sobre el uso de su corto antes de que se anunciara su proyección. Se enteró de que su trabajo se proyectaría cuando vio el nombre de la producción en una historia de Instagram.

A la hora en que debía comenzar el bloque de ficción, recién comenzaba el de animación. Se intentó cortar el conversatorio del bloque de animación, pero finalmente se hizo igual. Además, hubo problemas con el trato, lo mismo que expresaron los músicos. Así lo recuerda una directora que fue citada a presentar su trabajo:

—Fue muy incómodo que la persona, con mucho respeto, porque no sé quién es el niño, no sabía qué personas e integrantes del equipo estaban en la sala. Y en vez de decir “Juanita Soto, directora; Pepe Cabello, productor”, miraba a la gente del público y decía: “¿Quién está acá, de este corto?”. No decía el nombre de las personas, solamente decía como: “Ya, está él, asistente de dirección; él, sonidista”. No hubo una presentación de las personas que estaban ahí, ni tampoco se aprovechó ni se respetó que estuviera presente el equipo técnico, porque al final daba lo mismo si estaban presentes o no.

Tras los cambios de sala —con cerca de diez butacas en cada una—, comenzaron las introducciones de cada corto. Estas reflexiones y aportes tuvieron que hacerse mientras se acomodaba la sala, cuya capacidad rápidamente se vio sobrepasada. Esa falta de solemnidad fue lo que más le molestó a esta realizadora.

Problemas internos

Según Luca, de Colectivo Manantial, ellos prestaron un servicio enfocado en la coordinación de bandas partícipes del evento. En teoría, exclusivamente musical, aunque terminaron cooperando en otros aspectos del festival, como el diseño gráfico o la coordinación con la productora audiovisual encargada de registrar el evento.

Según Luca, los responsables de mantener contacto con la gente encargada de Casona Rebeca Matte era la gente de Temblor. La información que manejaban incluía compromisos contractuales, aunque, a varios días del polémico evento, Colectivo Manantial no tuvo acceso a ese contrato:

—El contrato, no sé, la verdad es que con Manantial nunca vimos ese contrato.

Desde Colectivo Manantial atribuyen el origen de los problemas a la propietaria de Casona Rebeca Matte, distinta de la persona encargada de arrendar el espacio. Esta última se encontraba fuera del país.

—Al parecer, la encargada de la Casona no es la dueña. Cuando [la encargada] se fue del país, empezó a involucrarse esta señora. No recuerdo el nombre, pero la señora. Y a partir de ahí, empezó a restringirnos un poco.

Independientemente de lo estipulado con exactitud en el contrato, la organización confió en que su cumplimiento permitiría el correcto funcionamiento del evento.

—Estos problemas no se vieron reflejados en un contrato que tuvimos, como una o dos semanas antes. Un contrato fue firmado por Temblor. El mismo día sábado ya, la cuestión se empezaba a desarmar por completo.

Sin embargo, Millas, de Temblor, afirma que el contrato “les llegó” el día anterior al evento.

—La falta de patente se dio pues el contrato recién nos llegó el viernes previo al festival, lo cual nos dejó sin posibilidades de sacarla. Era un contrato que esperamos por más de un mes, y cuyo atraso mermó el funcionamiento mismo.

Casona Rebeca Matte, un espacio independiente y autogestionado, accedió a darnos su versión vía correo electrónico, en la que entregó más detalles sobre el acuerdo sellado mediante el contrato.

—Antes de concretar el arriendo, realizaron varias visitas a la casona, por lo que conocían de antemano sus condiciones físicas, dimensiones y características: se trata de una casa patronal en proceso de restauración, ubicada en un barrio residencial y que, además, coexiste diariamente con más de veinte talleristas y otras personas que trabajan en el lugar.

Además de las reglas propias del centro cultural, el contrato establecía indicaciones sobre el aforo máximo permitido, los horarios y la prohibición de consumir marihuana, entre otras medidas. La gran mayoría no se respetó.

—Desde el inicio informamos que la capacidad máxima de la casona era de 200 personas. A pesar de esto, la producción del evento decidió sobrepasar dicha capacidad mediante la venta de entradas. Previo al evento, les explicamos en reiteradas ocasiones los posibles problemas que podían generarse si los vecinos se veían afectados por música después de las 20:00 horas, durante ambos días. Esta condición también fue explicada directamente por la propietaria del lugar y se encuentra estipulada en el contrato firmado por ambas partes.

Pese a no contar con las patentes pertinentes debido a un retraso del contrato, como señala Millas de Temblor, el Festival JAJA estaba dispuesto a realizarse igualmente. La Seguridad Municipal, sin embargo, no pensaba lo mismo e intervino en dos oportunidades, antes de que comenzara el evento, con advertencias de suspensión por ruidos molestos.

Lo ocurrido durante la primera jornada motivó una reunión de emergencia, con el fin de fijar los límites de una posible segunda jornada, cuya realización, a esas alturas, ya se cuestionaba. Cabe recalcar que, gracias a los esfuerzos conjuntos por sacar adelante el certamen, la segunda jornada se desarrolló de manera más ordenada.

—Queremos ser claras respecto de las supuestas “amenazas” mencionadas por ellos: en ningún momento se trató de amenazas, sino de solicitudes explícitas para que se respetaran los horarios establecidos en el contrato y la prohibición de fumar marihuana dentro de la propiedad.

Segundo día

La jornada del domingo prometía la participación de Daytona666, Fuego en Cairo, Luca Fabiano, Gomitas Ácidas, Chico Bestia, Alfilera, Abelocaín, Inundaremos y Frucola Frappé. Antes de que comenzara la jornada, varios de los problemas del primer día ya se habían manifestado en internet. Independientemente de las complejidades de la jornada previa, la segunda sí se llevó a cabo de manera íntegra. El domingo fue también el día en que los problemas del festival alcanzaron mayor exposición, tanto por la polémica acumulada durante la jornada anterior como por la bullada proyección de Matapanki.

La guinda de la torta fue la cancelación de Frucola Frappé, después de múltiples atrasos y de que se les ofrecieran solo quince minutos para tocar.

Pese a la experiencia del primer día, se mantuvo la dinámica de cambios de escenario.

—De ahí vimos que los de Abelocaín estaban afuera, esperando para tocar, como cuarenta minutos de espera —recuerda una de las asistentes—. Después desaparecieron, por lo que supusimos que iban a preparar las cosas para tocar. Entonces, nos quedamos esperando parados en el patio, después de haber esperado aproximadamente una hora. Y cachamos que toda la gente seguía en el patio. Empezamos a escuchar que las bandas no tenían permiso para tocar, porque era un sector residencial, y que el escenario de afuera no estaba disponible porque corrían el riesgo de una multa. Esperamos una hora más y después de darnos unas vueltas por la casona, cachamos que en el subterráneo de la casa estaban probando sonido, pero nadie avisó nada y todos estaban afuera esperando.

Entre otras decisiones propias del domingo, no se puede dejar de mencionar el cierre de un acceso, dejando solo una vía como entrada y salida. Naturalmente, la decisión redujo tanto la ventilación como la seguridad del recinto.

—Gran parte de la tarde nuevamente tuvimos que permanecer afuera por la falta de espacio —comenta otra asistente—. Cuando se acercaban los dos últimos shows, que eran precisamente los que queríamos ver, nos enteramos de que el evento se cancelaba y que las bandas no se presentarían porque, según se nos informó, los organizadores habían acordado con la encargada de la casona que la música terminaría a las 20:00. Lo más preocupante es que esto no fue comunicado oficialmente por la organización, sino que nos enteramos a través del equipo de las propias bandas. Después de varias conversaciones, finalmente se permitió que ambas tocaran solo quince minutos, pese a que originalmente tenían alrededor de cuarenta y cinco minutos. Por los tiempos de montaje y desmontaje, la última banda decidió finalmente bajarse del evento y no pudimos verla. Esto tampoco fue comunicado públicamente. Yo me enteré porque estaba junto a la banda, pero hubo personas que nunca supieron que se habían bajado, incluso cuando la banda ya había abandonado el recinto.

Respecto a la cancelación de la presentación de Frucola Frappé, Camilo Morales, líder del proyecto, reflexionó sobre lo ocurrido:

—¿Cómo haces un evento si no tienes la garantía de que tanto la dueña como la gente del alrededor saben la naturaleza de tu evento? Al final, accedimos a tocar en un subterráneo pequeño. No tenemos problema con eso. Hemos tocado en miles de lugares. Pero después nos preguntaron si solamente podíamos tocar tres o cuatro canciones. Y eso sería una falta de respeto tanto para nosotros como para la gente que nos fue a ver. Por ese motivo, preferimos no tocar, porque no se daban las condiciones. Nunca nos había pasado eso de tener que bajarnos de una tocata por algo así.

Frucola Frappé ha estado tocando en vivo desde 2017.

Por otro lado, desde la Casona Rebeca Matte añaden que una persona de la organización comentó “vieja culiá que arruina el carrete” cuando se hicieron estas solicitudes. También denuncian haber recibido el día lunes algunas burlas relacionadas a gritos y gemidos, por parte de algunos miembros al momento de desmontar y retirarse del lugar.

A la fecha de la publicación de este texto, no se ha hecho pública declaración alguna por parte de Temblor.

 

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