Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por Bárbara Hernández
Que el proyecto de Haela Ravenna Hunt-Hendrix, Liturgy, finalmente se haya presentado en Chile por primera vez el pasado sábado 20 de junio en MiBar es, por decirlo en pocas palabras, un milagro. No tanto por la espera ni nada de eso, sino por lo que Liturgy representa en sí. Por lo que propone e instala tanto en lo discursivo, lo estético y lo sonoro, siendo capaz de hacerse un lugar con su black metal trascendental que bien viene a poner entredicho nuestra relación con Dios, la religión, la sociedad y, bueno, el mundo mismo. Pecando de reduccionista, Haela busca instalar la pregunta de cómo nos relacionamos con aquello que no conocemos, lo divino, y responderla a través del Humanismo Apocalíptico.

Sin ánimos de entrar en un tono ensayístico, sí corresponde afirmar que lo de Liturgy es, en esencia, una experiencia transformadora de visión de mundo. Por lo mismo, ver cómo esto se materializaba sobre el escenario es algo que, para cualquiera que haya posado sus oídos en sus obras –o en cualquier otro contenido de carácter filosófico y teológico que haya generado la artista– la cita –gestada en Chile por el Colectivo Feral– era todo un deber.

La jornada contó con la presencia de los chilenos Antar, agrupación de post-metal que está de regreso este 2026 con nuevo álbum de estudio después de 7 años, ‘En vakuo’, el cual interpretaron de forma íntegra dando cuenta de un sonido absorbente, hercúleo y ominoso que invocó el lado más ruidoso de este subgénero. Fueron las contrastes que existían entre las propias canciones las que hicieron denotar su carácter expansivo –y versátil–, mostrando el significado que subyace tras el ruido que pueda haber en el vacío. ¿Resultado? Un show sobrecogedor que sacó aplausos de los presentes al punto de pedir una canción más fuera de lo planificado.

Una vez siendo el turno de Liturgy, bien queda patente que, en lo que a black metal metal vanguardista refiere, la música lleva lo propio a planos que superan las demandas del consumismo y capitalismo. Digo, su presentación la llevó a cabo en solitud, con tan sólo su voz, guitarra y pedales de efectos y loops, en una movida que no cualquiera haría. Pero, en un salto propio de Haela, y de quienes asistimos en plena consciencia de este punto, su set resultó ser algo genuinamente único que no respondía a patrones de apreciación de lo bello ni tampoco de la maquinaria del espectáculo. Es posible que casi nadie del público se haya sentido así de presente en mucho tiempo. Bueno, salvo algunos porfiados que no son capaces de abandonar la mala práctica de conversar a viva voz mientras hay alguien sobre el escenario haciendo lo suyo, pero no pasó mucho para que parte de la audiencia les hiciera callar y respetar el show. Bien.

Por su parte, la música hizo de la austeridad de recursos el punto más entrañable de su presentación. Así sea mientras construía capas de voces que armonizaban entre sí a través de loops, refiriendo a los mismos ángeles, o bien cuando sus gritos descarnados estallaban mientras su guitarra de sonido brilloso interpolaba todo tipo de riffs. La respuesta del público era notable, pues en vez de obedecer a la violencia que subsiste en todo el resto del black metal –y el metal extremo en general–, lo que tomaba forma con Liturgy caía más bien en lo piadoso, como un método de recalibración unipersonal y colectivo del alma de cómo disfrutamos y apreciamos el arte no sólo desde las pasiones, sino desde el sentido propio y el intelecto también. Esa armonía que se generó entre estos elementos hicieron de este concierto algo, bueno, trascendental.
