Escrita por Felipe León
Es prácticamente inédito que el primer y último álbum en la carrera de un artista o banda, contenga las mismas composiciones. Ocurrió con el legendario pianista canadiense Glenn Gould, que en su fascinación por redescubrir la obra de Johann Sebastian Bach terminó por lanzar dos grabaciones para ‘The Goldberg Variations‘, cada una con sus respectivas distinciones.
Sus andanzas previo a su debut en larga duración, estuvieron marcadas por una formación académica y diversas presentaciones en directo. Desde ser discípulo del pianista chileno Alberto García Guerrero hasta dar un concierto en New York que cambió su rumbo, ya que la filial Columbia Masterworks le ofreció grabar su primer disco.
No era desconocida su fascinación por la obra de Bach, la cuál veía como la demostración máxima de composición, no por la música en sí sino por lo revolucionario que fue para su época. La expresión y comunicación desde un núcleo interno, donde conviven los instrumentos en función de una narrativa central (o varias) más que del virtuosismo mismo.
El pianista vio en ‘The Goldberg Variations‘ la oportunidad perfecta para rendirle homenaje a Bach, a su vez dispuso lo necesario con el fin dejar su propia huella interpretativa, que a su vez resaltó por su notorio perfil autoral. Algo curioso pero cierto, pues las partituras dictan pero cada músico decide cómo tocarlas, y por supuesto Gould aprovechó al máximo la oportunidade para revelar su potencial y personalidad.
Fulgor y sabiduría
Si bien ambas versiones se pueden considerar monumentales, la primera tuvo un impacto mucho más histórico. Tan preciso como deslumbrante, su forma de tocar le valió un reconocimiento casi instantáneo, al afrontar la partitura desde un ángulo activo que minimiza al máximo los espacios, como si su avance se viera guiado por la urgencia de sus impulsos: puro fulgor.
La sola duración extra en su versión ochentera, de poco más de 10 minutos, da a entender que ‘The Goldberg Variations‘ es distinta respecto a la primera. Mucho más reposada, profunda, espaciosa y lenta, se remarca un tono contemplativo que perfila cierta madurez por parte de Glenn Gould, en cuanto a experimentar para sí mismo la música de Bach, y lo que significaba en esa etapa tardía de su vida.
Curioso resulta que sean las mismas composiciones las que presente en su debut y cierre discográfico en vida, pero tampoco tan extraño al considerar que éste es uno de los grandes atractivos de las «theme & variations». Forma musical en la que prima una melodía central, para luego proceder a través de distintas variaciones a expandir sus alcances, o simplemente inspirar nuevas formas de acercarse a su estilo, en este caso un insigne barroco.
Tanto en mono como en estéreo dada las tecnologías de sus tiempos, su inconfundible estilo se hizo sentir, incluso cuando en ciertos instantes tararea al tocar. Porque sin Bach, Glenn Gould no sería el pianista que es hoy en la historia, pero vale recalcar que sin Gould, ‘The Goldberg Variations‘ seguirían en terrenos exclusivos de la a veces pragmática academia. Se suelen citar ambas versiones como las definitivas en formato estudio para esta obra.
