Cine

Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar: declaración de intenciones

Escrita y dirigida por el mítico Pedro Almodóvar, la película sigue, por un lado, a Elsa, una directora de publicidad que trata de reponerse de la muerte de su madre intentando explorar su faceta creativa; por otro lado, sigue a Raúl, un cineasta que se encuentra en plena crisis, y que busca sacar adelante su próximo guion que es nada más y nada menos que la historia de Elsa, la cual funciona como un alter-ego suyo. De manera que, se trata de una historia dentro de otra.

Guste más o menos (después de todo, para gustos colores), es innegable el impacto que ha tenido Pedro Almodóvar en el cine moderno, así como las barreras que ha roto en su filmografía. Pero también es cierto que su cine siempre ha tenido un elemento, si no contestatario, por lo menos de declaración de intenciones. Su debut, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980) era claramente una respuesta al final de la dictadura franquista, donde al director no le temblaba la mano en retratar tanto a mujeres en busca de su independencia y liberación, como escenas que años anteriores no hubieran sobrevivido a la censura. Y en su anterior película La habitación de al lado (2024), basada en la novela Cuál es tu tormento, de Sigrid Nunez, se buscaba claramente hacer un alegato en favor de la eutanasia y la muerte digna, asunto que, a él, como español, no le es indiferente, ya que aún con su legalización en 2021 sigue generando mucho debate en la población. Y es quizá este afán de Almodóvar de decirnos lo que pasa por su mente a través de su cine lo que hace que el visionado de Amarga Navidad termine siendo uno, valga la redundancia, amargo, o por lo menos triste. Ya que, a través de esta película, el cineasta español le confirma a su fiel audiencia lo que muchos ya sospechaban: que se la acabaron las ideas.

Guion (demasiado) autoconsciente

Pero al contrario de lo que podría uno pensar, Amarga Navidad no es un ejercicio de autocompasión o en el que Almodóvar lamente mucho su crisis creativa. Al contrario. El director básicamente la abraza y, de forma muy poco sutil, le comunica a su público que tienen razón, que sus mejores años ya pasaron, pero que al final del día él es el maldito Pedro Almodóvar, por lo que, sea cual sea el producto que saque, va a triunfar y ellos como fieles seguidores suyos se lo van a tragar igualmente. Quizá sea por eso mismo que la “historia dentro de la historia” (la de Elsa) no siempre funciona, ya que en no pocos momentos pareciera que no se está contando nada realmente. Pero claro, como en realidad no es algo que de verdad esté ocurriendo, sino solamente la manifestación de un escritor en crisis como lo es Raúl, Almodóvar de alguna manera se “libra” de acusaciones tipo “esta película no cuenta nada”. Y claro que no cuenta nada, porque en realidad no es suya, sino del personaje del escritor. No es que el truco sea necesariamente malo, pero, en primer lugar, se abusa mucho de este, lo que da como resultado que la película termine sintiéndose más larga de lo que es (casi 2 horas). Y, en segundo lugar, es casi como insultar la inteligencia del espectador, precisamente porque cree que este le va a perdonar fácilmente el hacer una película “aburrida, ¡pero a propósito!”, cuando mucha de esta gente sabe cuándo le están dando gato por liebre. La verdad, hace falta más que solo self-awareness para hacer ni siquiera gran cine, sino buen cine, y en este caso tenemos fracaso en lo que cine respecta, aunque sí resulta admirable como mofa.

Decisiones (a lo menos) cuestionables

Pero además de este exceso de autocomplacencia disfrazado de autocrítica, hay elementos que terminan echándole tierra a la película. Por un lado, esta cinta cuenta con varios guiños a cintas anteriores del director, lo cual es lamentable. En primer lugar, porque se sienten muy forzados, casi como para que el fan acérrimo los apunte con el dedo y se sienta especial de poder identificarlos. Siendo justos, había películas anteriores del cineasta que también referenciaban otras (como en La Flor de mi Secreto, donde se menciona la que eventualmente sería la premisa central de Volver), pero en esos casos se siente más como un detalle simpático que como fan service barato; en segundo lugar, porque hace que a uno le den más ganas de revisitar esas obras que la que está viendo en ese momento. Por supuesto no puede faltar el cameo glorificado de Rossy de Palma, pero ¿para qué está ahí, si solo dice un par de líneas y se va? Mejor ver cualquiera de sus otras colaboraciones. Y en cuanto al resto del elenco, hay de todo, ya que nos podemos encontrar con actores medio desganados (como Leonardo Sbaraglia), otros que lo dan todo (como Aitana Sánchez-Guijón) y otras decisiones de casting extrañas (como la de Milena Smit interpretando a una mujer canosa, cuando la actriz solo tiene 29 años). Aunque, para hacerle algo de justicia a la película, la banda sonora de Alberto Iglesias es notable, resulta muy descriptiva y no termina siendo tan insistente como en otras cintas “almodovarianas”.

En resumen, Amarga Navidad no está exenta de momentos divertidos y algún que otro diálogo ingenioso, pero por ego de su realizador se queda muy a medias de lo que podría haber sido. Quizá ese era el propósito que Almodóvar tenía en mente, pero si vas a hacer el trabajo solo a medias, mejor ni lo hagas, y así ganamos todos.

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