Como franquicia, Mortal Kombat, ha sabido como mantenerse vigente desde sus orígenes como un videojuego provocativo de los noventa. Obviamente, en más de treinta años, los códigos culturales van cambiando y el impacto de la saga es radicalmente distinto al que existía en aquellos años, cuando el medio en el que se encontraba solo entraba en la escuela del entretenimiento puro y duro. Mientras, no se tomaba en cuenta el lado narrativo, al menos fuera de lo superficial.
Por Joaquín Lira
El diálogo entre el cine y el videojuego ha sido complicado desde el comienzo de su historia, tomando en cuenta la estructura del relato que suele presentarse en el último tiempo. La primera película basada en estos personajes fue concebida por Paul W.S. Anderson, posterior director de Event Horizon, los filmes live action basados en saga de Resident Evil y el crossover Alien vs. Predator. La adaptación de Mortal Kombat por este director -lejos de magnífica, pero ciertamente curiosa obra- se estrenó en año 1995, tres años después del lanzamiento del primer videojuego. Esto en pleno contexto de diversas polémicas por el exceso de violencia, sangre y tripas que se presentaba en un nuevo medio. Uno que, más encima, su atractivo radicaba en el factor interactivo. Se llegó a decir los videojuegos de Mortal Kombat corrompían la mente de sus jugadores más jóvenes, y que incluso los llevaban a convertirse en personas violentas.
Dentro de todo, de las tres películas live action de Mortal Kombat, el estreno Mortal Kombat II (secuela de Mortal Kombat, de 2021), dirigida por Simon McQuoid vendría siendo la más competente de todas, aunque es imposible afirmar que la vara haya estado muy alta.

La lógica de la adaptación
Ante todo, la adaptación Mortal Kombat II puede funcionar como una nueva arista en la discusión en torno al diálogo entre el medio fílmico y el de los videojuegos. Es una película cuya existencia bebe casi íntegramente de los lugares comunes que ofrecen los escenarios y personajes -tan- icónicos de la saga. Algunos bastante reconocidos por el público general. Otros no, como Cole Young (Lewis Tan), concebido creado exclusivamente para las películas y protagonista de la primera. Él toma un rol secundario en esta.
McQuoid hace lo posible por levantar un lenguaje cinematográfico destacable. Esencialmente, a partir de la búsqueda por simular planos y movimientos propios de los videojuegos de lucha en 2D, al menos en las secuencias de acción. Es patente el interés y el respeto por traducir el lenguaje del videojuego a la pantalla grande. De hecho, cuando más se logra esta sinergia es justamente cuando la película más sube, al menos en términos de dirección y montaje. La dinámica formal eleva el potencial y la adrenalina de las peleas. Además, toma algunos de los recursos más llamativos de la tradición del cine de acción propio de la denominada clase B. Es la dimensión en la que Mortal Kombat II supera con mayor ventaja a su predecesora
Tampoco se copia directamente la estética del juego. Más bien, se manifiesta un diálogo activo entre la forma original del material y el cine, buscando recursos genuinamente interesantes para la pantalla.

El factor narrativo
En esencia, la trama se determina por su insistencia en replicar la narrativa de las campañas en los últimos lanzamientos de la saga. Este factor definitivamente es interesante y, de hecho, probablemente es uno de los que más podrán disfrutar los fanáticos más cercanos a la saga. Pero al mismo tiempo, y es algo delicado justamente para los fanáticos, es pertinente decir que todos los personajes responden a sus respectivos arquetipos y personalidades ya definidas. Difícilmente se podría señalar búsquedas de profundidad o desarrollo entre los que ya están establecidos por los videojuegos.
Por ejemplo, Johnny Cage, personaje clásico y lo más cercano a un protagonista en esta entrega. Cage no se desarrolla a medida que la película avanza, y su potencial como luchador se asume de manera algo automática, de la misma manera que se hace predecible su devenir en la trama. Y la tecla a lo Billy Butcher (interpretado por el mismo actor, Karl Urban) es una constante.
Para tratarse de una película de Mortal Kombat, hubiese sido interesante que se explorasen más las implicancias de la violencia en los videojuegos, más que limitar su exposición a un mero recurso de shock para la conveniencia de ciertas escenas determinadas.
Dentro de todo, con el solo título de la película ya es posible anticipar algo de la experiencia, de la misma manera que podría ser ingenuo esperar más que eso. Difícilmente podría considerarse una película de excelencia en términos narrativos. Sin embargo, en su dimensión de producto kitsch cumple con ser bastante entretenida y llevadera, que no es un logro para nada menor cuando se considera cuál el estándar en las adaptaciones de videojuegos.
Mortal Kombat II, de Simon McQuoid se estrenará en cines de Chile el próximo jueves 7 de mayo.
