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Tú aprenderás a oírla, de Carolina Melys: Una voz, muchas voces

Por Ana Mora Estrada

 Imágenes cortesía de Editorial Montacerdos

 

Desde la portada, un hilo invisible recorre Tú aprenderás a oírla, por Carolina Melys: atraviesa el azul de la cubierta, traspasa las guardas y transita silenciosamente las páginas. A medio camino entre lo visible e invisible, entre la tierra y las palabras, nos invita a tirar de él y enmarca una reflexión sobre la infancia, la memoria, el olvido, las voces y el silencio.

Publicada por Editorial Montacerdos, relata la desaparición de dos niños en Nochebuena de 1973. El libro circula entre la narrativa, la poesía y, a veces, el relato periodístico, reconstruye la historia desde los fragmentos: múltiples voces y formas de narrar confluyen para recorrer los bordes de una sombra irregular, que intenta dar respuesta a algo cuyas palabras han sido arrebatadas.

Rumores, retazos, fragmentos

El relato se ensambla desde cuatro puntos o voces principales, cada uno con su propia sección, alternándose entre sí: la prosa central, un coro en verso, páginas negras con la voz de la radio e imágenes mudas en blanco y negro. Las palabras se repiten, solapan, complementan entre los distintos actores y actrices con habilidad. La comunidad es fundamental para entender la historia desde los fragmentos: una voz, muchas voces, mutan y se alimentan entre sí, para dar forma a un relato plagado de silencio.

Ordenada cronológicamente y en capítulos, la prosa es la columna vertebral del relato. Narra desde una tercera persona, profundamente íntima, la desaparición de Jimmy y Rodrigo. En menos de veinte palabras puede concentrar emociones y reflexiones complejas y bellas: “Inútil es el pronombre cuando no hay cuerpo que nombrar. Aun así la voz persiste. —Yo.”.

El coro es la primera persona más patente, siempre desde la pluralidad. Un nosotros demanda, declama, susurra, se lamenta, como en una tragedia griega. E interpela a un tú, dentro o fuera de las páginas, con propiedad: “Tú aprenderás a oírla para siempre”. Lado a lado, coro y prosa, parecen ser las dos hebras de un mismo hilo, una hélice que rota entre el interior y el exterior de la voz.

La radio se siente como un separador entre las narraciones: páginas negras con una voz no identificable, que repite como un coro, la búsqueda incesante de Jimmy y Rodrigo. Las imágenes, a su vez, dan aire entre las palabras y recuerdan con la brutalidad silenciosa que solo puede tener el registro de un hecho real.

Palabras y silencio

La memoria y el olvido existen desde un contrapunto constante, sutil y hábil, que se refleja en el vaivén entre voces y silencio. Los personajes habitan la lucha por no olvidar: hablar, buscar, pero también guardar silencio y resistir, permanecer en los espacios y ritos que quedaron congelados. Tú aprenderás a oírla condensa la disputa de un silencio que quiere borrarse y desaparecer para convertirse en voz. Pero la voz nunca es suficiente y su expectativa es devastadora, como el teléfono que suena sin que nadie responda. Así, la escritura parece ser una respuesta a este silencio: “Las manos escriben lo que la boca se resiste a pronunciar”, pero escritura y voz no son sinónimos, y aunque las manos puedan escribir la historia, la boca se resiste y el silencio permanece.

Es este contraste entre voz y silencio lo que convoca a la recopilación fragmentaria de la historia. A su vez, los retazos y rumores se unen en un trabajo de síntesis preciso y punzante: una palabra, un diálogo, una imagen y el resto queda en el silencio y no puede, ni necesita, ser completado. Ambos estados, voz y silencio, son entonces parte de la práctica de recordar y olvidar.

Es especialmente el silencio lo que sostiene la perversión y el horror del relato, especialmente en torno a la perturbación de la infancia. La ausencia es explícita: donde debería haber risa, juego, inocencia, solo quedan rastros de canicas e hilos de lana. La crudeza está justamente en ver esas huellas imposibles de rastrear, habitaciones solitarias, afiches de búsqueda mudos, ángeles deambulando en el cementerio. Reconocer el vacío en ese espacio y completar las voces a su alrededor, pudiendo solamente rozar la sombra de lo que allí había, es también parte del ejercicio de la memoria.

Tú aprenderás a oírla es un homenaje bello sobre un hecho terrible. La construcción del relato que viene y va entre poesía, prosa y fotografía, logra cuajar imágenes punzantes y poderosas: palillos de lana que se vuelven lluvia, el olor del mar y la hebra silente que aparece en la tierra, el agua y las palabras, un laberinto que no da tregua. Así, se manejan con habilidad dos puntos importantes respecto a la memoria. Primero, lo fundamental de no olvidar, recopilar, conversar, continuar relatando esta historia, y otras, incluso cuando no se pueda o resista: aprenderemos a oírla y aprenderemos a contarla. Segundo, reconocer los espacios de silencio como un punto de voz también, la ausencia se relata desde sí misma. En la era del sobre-registro, donde el olvido parece ser parte del pasado, se vuelve fundamental reflexionar en torno a la memoria y la manera de relatar historias.

 

Tú aprenderás a oírla, Carolina Melys, Editorial Montacerdos, 2026, 91 páginas, $13.900

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