Por Juan Pablo Ossandón
Foto por Javiera Polvorín
Desde el lanzamiento de ‘La Prenda’ que María y Los Templos –el proyecto liderado por María Segú– figura como una de las bandas más creativas del panorama nacional. No hay que darse muchas vueltas para llegar a dicha conclusión, dicho álbum debut fue uno de los destacados más altos del Chile del 2023, y el reciente segundo disco, ‘Fiebre’, reafirma la posición de María y Los Templos como una verdadera fuerza de la naturaleza en materia musical.
Pero incluso más allá de los elogios, a fin de cuentas, lo más interesante es cómo el hambre por crear y explorar se encuentra motivada por la rabia de un pasado, presente y –ojalá que no– futuro inhóspitos. Un mundo extremadamente complicado donde los artificios de las cúpulas poder sofocan al ciudadano común y corriente. Todos hemos sido testigos de eso, ciertamente. No obstante, María y compañía, bajo el reconocimiento de la responsabilidad de imaginar un futuro mejor, traducen en ‘Fiebre’ todo un universo que, incómodo en sus máximas y diverso en sus ideas, goza de un carácter entrañable casi arquetípico. No por un afán de mirar la memoria con nostalgia, más bien dichos pensamientos y sentimientos iracundos se configuran como motor de cambio para que, desde el arte, poder aportar al porvenir.
En Expectador conversamos en detalle junto a María Segú sobre lo que esconde –y no– este segundo larga duración, uno tan diverso que es esquivo a las calificaciones absolutas. De esos que hacen que la música siga en movimiento.
María y Los Templos se presentarán próximamente en el regreso del Festival Neutral el próximo 26 de septiembre en M100 con otros nombres como Candelabro, Alfilera, Nando García, Javiera Electra y más. Entradas por Ticketplus.
Yo no quiero escribir de mi biografía, no quiero darme a entender, no quiero explicarme más.
Quería empezar con un comentario. La sensación con la que yo quedo tras escuchar ‘Fiebre’ es que es el tipo de álbum a los que yo considero personalmente un faro cultural. En tanto, es un trabajo sumamente propositivo, que celebra la identidad musical de todo lo que está pasando con un respeto increíble, pero al mismo tiempo, haciendo algo más allá con eso. Como que en este disco, María y Los Templos, trascendió por mucho a ‘La Prenda’, y ‘La Prenda’ ya era un disco increíble. Y es súper genial ver la distancia gigantesca que hay entre las mismas canciones, a veces una tras la otra. Por ejemplo, Margaritas y Melancólicas, es brutal, y aún así, funciona. Hay mucho pasando: jazz, folk, guiños a la nueva canción, rock progresivo, momentos sintéticos, etc. Un gran álbum.
Qué bacán, qué bacán. Gracias.
Entonces, dicho todo eso, ¿cómo fue el proceso creativo del disco? Porque, como ya dije, con tanta cuestión pasando, no puedo evitar pensar que con toda esta abundancia, fue un proceso bastante intenso.
Sí. Sí, bueno, creo que también hay algo de distancia, como tú dices, de la estética, que también tiene que ver con la distancia de tiempo de un disco a otro. No es tanto tiempo, son tres años. Pero sí, imagínate que ‘La Prenda’ la compuse cuando tenía 22, y este, 27, que igual es como pasan demasiadas cosas entre esa brecha de edad.
‘Fiebre’, la idea de ‘Fiebre’ nació justo después del lanzamiento de ‘La Prenda’. Un poco con algunas cositas que quedaron ahí en ‘La Prenda’, que como que quedé un poco resentida de no haber podido trabajar.
Sobre todo como una especie de ejercicio de mirada, intentando mirar hacia otra cosa. Como no viciarme con la forma en la que solía escribir, y la que solía componer, y la forma en la que solía tratar temas, sino que ver cómo salir de mi zona de confort y de mi contexto más seguro, de cómo solo hacer las asociaciones entre la escritura y la música. Y ‘Fiebre’ nace desde ahí.
Haciendo ese ejercicio me pasa rápidamente, la primera cosa que me pasa, una de las condiciones que me puse fue no caer en trampas nostálgicas. Ahora yo no sé si eso fue efectivo, que el disco no es nostálgico, no lo sé.
Pienso que no.
No, ¿verdad? Como que de repente decía, «igual la gente lo va a escuchar y va a decir (que) tiendo mucho la nostalgia«. Entonces, lo primero que pasó fue mirar hacia afuera, como decir, yo no quiero escribir de mi biografía, no quiero darme a entender, no quiero explicarme más.
Pero todo esto ahora yo lo racionalizo, pero en un momento era súper visceral. Realmente me siento incómoda, y me siento incómoda con esta cuestión que veía hasta hace tres años atrás que pasaba en la escena, que era como… Esto fue antes de Candelabro, y de los fenómenos indie que están pasando (ahora). Qué incómodo que estemos todos hablando de nosotros y de nuestras experiencias amorosas cuando hay algo tan vertiginoso y tan cuático que está pasando afuera, político, social, lo que sea.
Entonces, haciendo ese ejercicio, lo primero que aparece es un poco la furia y la rabia, y la sensación de que hemos sido expuestos a cosas que no debimos haber sido expuestos, y que la rabia igual es una forma como movilizadora. Hay una rabia creativa, y también en el disco me voy en el rollo de hay una rabia como parte de la justicia, como llamas en términos muy generales.
Tiene que ver con la rabia como movilizador, y aparece la rabia y al tiro aparece el otro. Creo que es un disco que no es biográfico en ese sentido, y que es muy bacán porque también permite otras cosas, permite agarrarse de otros lugares. Estoy contenta con lo que salió. Un poco ese fue el inicio.
Es interesante que hables de eso, porque puede que hasta en cierto sentido sea difícil dejar de mirar para adentro, por distintas razones. O sea, por una parte está la sobreestimulación inevitable del presente, porque hay tantas cosas pasando que es como «ya, ¿en qué nos concentramos?«. Pero al mismo tiempo, en algún momento va a tener que cambiar ese switch, que en tu caso sería lo que hiciste, el mirar para afuera y todo eso. Imagino que no fue algo tan fácil de hacer, en tanto requiere una voluntariedad, un ejercicio activo y consciente de pensar cómo cambiar la cosa.
Claro, sí, sí. Bueno, este es el meme que es como ¿eres muy autoconsciente o estás obsesionado contigo mismo? Como hay dos formas de verlo.
Y sobre todo esa incomodidad también surge de la necesidad de que la creatividad también abarque y se haga cargo de qué imagen queremos dar al futuro. Nosotros mismos, como ¿cómo yo me imagino otros futuros? Y eso inminentemente es colectivo, o sea, hay otras voces y creo que un poco esa fue el móvil.
Si bien este disco no es nostálgico, como te dije antes, es súper respetuoso con la tradición a la hora de proponer. Dicho eso, es fascinante el cómo ejecutas tu performance vocal, en donde creo que se ve una clara influencia de la nueva canción chilena. ¿Eso es así?
Yo creo que sí, si tú lo dices. Quizás no es deliberado, hay muchas cosas que no son deliberadas, porque precisamente me gusta que permee el contexto en el que vivo y creo que esas cosas están todas presentes porque han sido las cosas que me han alimentado y el contexto de donde vengo. Entonces, quizás no es como «voy a hacer un guiño a esto«, sino que aparece nomás y eso es bacán, porque me lleva a lugares que mi lógica no me lleva.
Siempre es impresionante ver la integración y posterior actualización de dichas estéticas en el arte, porque a veces, y voy a tomar como ejemplo al canción ‘DEL CIELO CAYÓ UNA ESTRELLA BEBÍ SU JUGO’ que, bueno, brígida, no tengo otra palabra. Entonces, no sé si estás familiarizada con Lingua Ignota.
Sí, no tanto, pero sí.
Todas las imágenes están llevadas bastante más al extremo.
Ya. Encontré muy genial esta asociación estética entre este sonido que es muy oscuro, muy ominoso, muy apesadumbrado, y claro, la voz también suena como tal, pero esta relación que hay viene con cierta, como tú mencionas, con cierta furia, con cierta rabia. Lo que es curiosamente, tomando muy con pinza el ejemplo de Lingua Ignota, es justamente su caso. En el caso de ella, no hay nada más que rabia en sus discos. Entonces es genial ver cómo, tomando la idea que tomaste de la rabia como motor de cambio, cómo todo esto permea e inevitablemente hace evolucionar lo que sea con esta herencia tuya que tienes.
Sí, bueno, en el caso ‘DEL CIELO CAYÓ UNA ESTRELLA…’, creo que también es bastante explícita ahí la transición que tú dices de La Prenda, nuestro primer disco, con Fiebre, porque La Prenda particularmente rompe el arpa en el tema. Hay una frase que dice «que se partan mis costillas para que salga el aire«, que es muy interno, que es muy desde la angustia, y es una emoción que vivía constantemente en esa época, y ahora en ‘DEL CIELO CAYÓ UNA ESTRELLA…’ es como no solamente eso, sino que se abre mi cuerpo y aparecen unas señoras tomando once que estuvieron todo el tiempo en mi hígado.
Como que habla de eso, ya como derechamente alien, no solamente la angustia me hace esto, sino que hay un universo dentro y como esta cuestión, entonces claro, todas las imágenes están llevadas bastante más al extremo.
También puede ser reflejo de que uno está lleno de multitudes.
También, sí, sí.
Bueno, otra cosa que me llamó mucho la atención de este disco, también tomando La Prenda como referencia, es que La Prenda había un uso del silencio como recurso, aunque quizás sea más exacto decir quietud, pero en Fiebre sí hay un uso explícito del silencio, especialmente en estas partes percutidas, como en ‘la estrella’, por ejemplo. Entonces, para ti, como música, ¿cómo fue llegar a dicha decisión artística?
Sí, yo estaba muy, con La Prenda estaba muy… De hecho, eso que me dices, me acordaste que tenía una playlist, hice una playlist que se llamaba Espacio, con pura música que me gustaba porque dejaba espacio y eso tiene que ver con que yo también soy artista sonora. Entonces, también hay un rollo como con el sonido mismo, con la síntesis, qué sé yo, y todo eso al final está conectado a través del silencio, y si bien La Prenda no está tan explícitamente con el rollo del diseño sonoro, pero sí hay algo.
Bueno, también yo estaba viviendo en Valdivia en el invierno, entonces hay algo con el espacio musical que es muy bacán, que te genera como este paisaje, esta tridimensionalidad, y sí, para mí Fiebre es más como un grito. Hay temas de un minuto, quizás no hay tanto silencio, es cierto, es otro lugar desde donde quizás se compone más desde la bruma de tantas cosas pasando, más que desde este espacio vacío, y que es lo que aparece de ahí.
Claro, pero lo que igual llama la atención, porque lo que yo te decía era que sí hay un uso explícito de este silencio, como hay partes donde solo hay unas palmas, una voz y nada más.
Ah, claro, sí, sí, sí, es cierto, es cierto. Sí, claro, o sea, más allá de eso, como en términos compositivos, creo que fui más deliberada en que hayan transiciones. Entonces, es decir, bueno, quizás la parte fuerte de la banda va en el minuto tres y en el minuto uno no hay nada, como ser más exagerada con eso.
Y tienes razón, que claro, yo siempre lo vi como que llega hasta este momento de clímax donde todo pasa, pero si es que uno lo empieza a escuchar hay momentos en donde es muy minimalista. Fue bacán no temer hacer eso.
Y también dejo la guitarra de lado, que es algo que no había hecho antes, y que también en el concierto dejo la guitarra de lado. Entonces estoy así como brígido, brígido, porque la guitarra es como mi (instrumento).
Siento que nos pasan cosas que no nos han tenido que pasar, el mundo está muy incómodo.
Con esto que hemos hablado, casi que el uso del silencio aparece como una especie de, sería incorrecto decir como una proyección freudiana, pero sí algo más de la vida en sí. Digo, obviamente hay momentos más calmos en la sinergia de la vida, que pueden llegar a palidecer en los momentos donde está pasando todo, hay ruido, hay intensidad de todo tipo. Lo que me hace ver otro punto destacable y tan humano de este disco, el como incluso dentro de toda esta rabia hay silencios.
Claro, sí. Bueno, esto ya no sé, porque esto es más como el rollo de composición de esos momentos, hay silencio, pero son siempre silencios un poco incómodos, porque, por ejemplo, el silencio de ‘la estrella’, que son las percus(iones) y qué sé yo, claro, están sonando las percus y son estas tres voces, y hay mucho espacio porque no hay ni un piano, la armonía, los acordes te lo están haciendo las voces, y como que igual se genera algo un poco extraño, el de las palmas también. Como que mi intención era descontextualizar cosas que ya están acostumbradas, que nuestra oreja nos llevan para ciertos lados, y un poco es el juego, y decir como, bueno, este es un universo del futuro.
Como va a sonar similar, pero distinto, como el capítulo de los Simpsons, donde cambia algo en el pasado y cambia todo, me empecé a pasar ese rollo, como otros escenarios de cosas que ya conocemos, que es como yo imagino que es el futuro.
Quedé marcando con eso, porque pasa mucho –sobre todo en relaciones interpersonales– que el silencio es mal visto, incómodo. Entonces me gusta esta tensión que este par de canciones realizan en este disco, porque fuerza a soportarlo, porque el silencio, incómodo y todo, es humano.
Sí, y hay algo en la música también, que tiene que ver con la música hecha a partir del compu, y con el rollo de la producción, que también es posible poner todo, y si yo quiero agarrar el sonido de la guitarra de John Lennon en los 60, puedo poner el acorde de la guitarra de John Lennon, entonces también hay algo. En ese sentido creo que nosotros somos bien crudos, y también trabajamos un poco, es una banda que suena más antigua también, porque lo hacemos todos nosotros, como no usamos mucho sample, al menos hasta ahora, los tocamos en vivo. Entonces, eso también hace que… el silencio va a estar cuando hay alguien que no está tocando las teclas.
Hablando de otra canción, ‘Ingeichment’, que también es bastante explícita en el comentario que haces, ¿qué tan libertador fue para ti poner esas palabras en música?
Creo que la composición en general del disco, bueno, creo que componer no es algo que me sea cómodo, ni que lo pase muy bien, lo paso pésimo realmente. Es incómodo porque necesitas, sobre todo en este caso –en ‘La Prenda’ también en realidad–, por motivos distintos, te hace estar en un encuentro y estar mirando de frente a algo que es súper incómodo, que es… Siento que nos pasan cosas que no nos han tenido que pasar, el mundo está muy incómodo, es como un aluvión de cosas tan extrañas que están pasando que generan tantas emociones que estamos todos un poco quemados, ¿no?
Y como intentar quedarme con esa emoción y llevarlo a algún lado, que también el disco habla de eso, como también siempre es absurdo. ‘Margaritas’ habla de eso, habla como de «estás en esto, sientes tanta pasión por esto«, pero también dice «no va a salvar a tu padre, ni te va a sanar el cuerpo esta música«, pero resulta interesante y como, claro, cómodo no es.
Y en el caso de la crítica, sí, igual siento que tenía que tratar temas redes sociales en algún punto, porque creo que es parte de lo que me genera esta incomodidad a partir de la cual compuse el disco, que tiene que ver con eso que te decía, como la mirada está tan puesta en nosotros y como los artistas (dicen) «no, ahora sí, ahora sí te voy a decir, y soy, no sé, tengo tal problema«, y como enganchar con eso, y como eso se vuelve –como todo lo que decimos–, nuestros discursos se vuelven cosas con las que podemos consumir y podemos conectar con un público, y es súper incómodo realmente.
No sé si es liberador realmente, porque no creo que nada se libere, porque son cosas que sigo sintiendo y sigo incomodándome, la música no resuelve nada, pero sí le da un espacio para generar la pregunta, y eso lo encuentro como, al menos en mi forma de entender el mundo, lo necesito hacer, si no me vuelvo loca.
Dentro de las colaboraciones del disco, está el de Javiera Electra. ¿Cómo se dio ese contacto creativo?
Todas las colaboraciones que tuve en el disco son colaboraciones que pensé cuando hice los temas, como que desde que hice los temas pensé, bueno, eso lo conversábamos con los chicos de la banda, que ninguna de las colaboraciones tuvo alguna razón estratégica, todas fueron meramente por la música y por el sonido, por eso yo me las imaginé antes. Siempre quise que estuviera la voz de la Javi en ese tema. ‘La Audacia’ es como, creo yo, parte de los temas más oscuros del disco que plantea un poco esta oscuridad, junto con ‘Suspensión’, justo con el primer tema del disco también.
Trata un poco más de lleno de un encuentro humano, como medio erótico, pero con estos seres que aparecen todo el rato, estos hablantes que aparecen todo el rato en el disco. Y siempre quise que estuviera la voz de la Javi por ese susurro que tiene la Javi, que es bacán. Y además, en el tema ‘La Audacia’ la melodía es muy extraña. Es como, incluso cuando la canto yo sola son como si fueran dos voces todo el tiempo, es como que hay dos hablantes todo el rato. Entonces, quería compartir eso con la Javi, que es alguien a quien admiro mucho, su forma de ver la vida, su forma de ver, de entender el oficio artístico, y su voz.
La música viene del futuro, no del pasado
¿De qué forma ‘Fiebre’, como disco, pone en tensión el concepto de la memoria?
Me parece que es una crítica y una autocrítica, en el sentido de que la memoria no es el único lugar a donde podemos ir para sacar material, para entender el mundo. También es como del coraje de decir (que) también existe una memoria colectiva que siempre es horizontal a la memoria individual. Y siempre ahí hay tensión, porque hay diferencias de encuentro en las subjetividades.
Y también, como lo dijo Fiona Apple hace unos días, que también hablaba de eso. Que decía, bueno, que ella está muy acomplejada con la música hoy en día, con todo lo que está pasando en el mundo. Y ella decía, bueno, «es que yo no tenso nada cuando escribo de mí«. Porque nadie me va a poder criticar ni va a poder decir, no, esa emoción que tú tenías está mal porque es subjetivo. Pero cuando uno empieza a poner el foco en otras cosas que no son uno mismo, sí que se generan muchas tensiones. De partida, yo no puedo hablar por una minoría a la cual no pertenezco. Y en fin. Ahí se empieza a generar esa tensión.
Y, creo que en relación a la memoria, ‘Fiebre‘ intenta decir, uno, la música viene del futuro, no del pasado. Dos, no necesito por qué explicarme, y no me vas a entender más si es que no vas a entender la música si es que me conoces donde crecí, donde nací, todas esas cosas a las que nos volvemos un poco adictos. Y bueno, eso, que la memoria se mira tanto hacia atrás como lo que estamos generando hoy en día, que es la memoria del futuro.
Entonces, necesitamos que el ejercicio de la memoria esté siempre presente pero que esté presente en función… una función movilizadora.
Me dejaste pensando. Imagino que apela harto a la propia agencia de cada persona al respecto. El pensar de forma activa, imaginar. Ese mero hecho, de pensar a futuro, que contempla una cuota incertidumbre al que varias personas son alérgicas. Y las propias e inevitables tensiones de sólo mirar para afuera un rato.
Sí, yo estoy muy rayada con Lucrecia Martel, que es directora argentina de cine y ella dice como no puede ser una coincidencia que como imaginábamos el futuro antes, como en las películas futuristas, haya resultado que los teléfonos celulares, la IA, los robots, el diseño en general de las tecnologías, se parece mucho al de las películas ochenteras, y ella dice que el arte está para construir el futuro, el arte está para dar el pie inicial para que podamos imaginar el futuro.
Y es muy interesante, es muy interesante entenderlo desde ese lugar también, porque al final es como eso, proteger esa movilidad y creo que la rabia es algo muy movilizador, no así la melancolía.
Claro, claro.
Que es más como interna, como de irse para adentro, de analizar.
Totalmente. Y eso, lo que acabas de decirme, me acordé mucho cuando dijiste que el comentario de Fiona Apple, de Matias Ávila de Candelabro, quien me dijo algo similar. Que el primer disco de Candelabro, ‘Ahora o Nunca’ es muy personal y todo eso, pero a la hora de hacer ‘Deseo, Carne y Voluntad’, se hizo la pregunta de ¿por qué no hablamos de cosas más grandes que nosotros mismos?
Sí, y eso es ponerse en conflicto siempre, siempre, siempre, siempre, y pisarse la cola siempre. Por eso también te decía que es muy incómodo porque te estás poniendo en tensión y tampoco uno puede hablar por realidades que uno no vivió, pero también uno a veces la sufre desde afuera, entonces, en todo sentido, en sentido musical, en sentido de cómo escribo, cómo abordo ciertas cosas, es un gran conflicto, pero creo que bueno, para los arqueólogos del futuro de Congreso, como que está siempre presente en la historia de Chile también esas canciones que trascendieron en esa fantasía respecto al futuro.
Bueno, también diría que es súper esperanzador y hasta fascinante desde el punto de vista artístico y creativo que es casi un atributo generacional. Hay muchos jóvenes, incluyéndote, que se están abocando a esto de forma directa y asumiendo la incomodidad, o sea, con riesgo de quedar como un poco reduccionista pero la gen Z la ha sufrido toda. La ha sufrido toda.
Yo creo que eso se ve mucho, por ejemplo, en el rollo de la catarsis de los conciertos de los cabros de 20 años, 18 años, de cómo están siendo tan catárticos los conciertos en Chile, que es heavy y que un poco todos que tenemos un par de años más extrañábamos eso, porque era como sí, había mucha pasividad, pasividad pandémica. Entonces, creo que es un poco el rol que le pertenece a la juventud. Como esa energía y ese movimiento.
Totalmente, y eso me recuerda a otro comentario de Pato Pérez del medio La Rata. Que como él es mayor, él nota esta diferencia entre las tocatas chilenas de antes y las de hoy día. Una cosa que dijo es que en las tocatas de ahora casi nadie toma, casi nadie va a «carretear». Y claro, porque los cabros de ahora muestran un poco el valor y el respeto a lo que hacen, aprecian la música chilena, y van a los conciertos porque se trata de un concierto, no de un carrete. Se lo toman en serio, más allá del ocio que involucre de por medio, lo que es un fenómeno fascinante.
Sí, al final igual es un espacio de encuentro colectivo en una situación país en donde los otros espacios de encuentro colectivo son los malls, y ya las plazas no son ese lugar de encuentro. Entonces, es bacán eso y lo que encuentro muy bacán de los conciertos es que todo el marketing alrededor de la música, se dicen frases bacanes que van en por ejemplo, «el concierto solo está la multitud» y uno, forma parte de la multitud también, pero arriba de un escenario.
Como que yo siento que ahí está la realidad de las cosas y al menos ahí como que logro tener noción de qué es lo que le gusta a la gente, porque en las redes realmente no lo tienes, como que es difícil tener perspectiva (desde ese espacio).
