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La Vida Que Vendrá, de Karin Cuyul: ¿Podrá Chile ser feliz? 

Un día, Chile despertó con un sueño. Bajo el cielo azulado y sobre la tierra de los Andes, Chile amaneció soñando en un futuro mejor. Si te fijas con atención, esta frase final puede ser aplicada a cualquier época de la historia del país, particularmente en las últimas décadas donde hemos pasado de transición en transición. El chileno siempre se ha despertado para buscar algo mejor. ¿Será que ese es el siguiente paso a seguir? 

Esto es lo que La Vida Que Vendrá, el último largometraje documental de Karin Cuyul. Narra durante los noventa y tres minutos de recopilación del archivo audiovisual nacional. A través de la mirada desligada de las instituciones, un grupo de personas grabaron distintos acontecimientos importantes para la historia del país: la Unidad Popular de Allende, el estallido social de octubre del 2019, el día que murió Pinochet, el cambio de mando -cuando asumió Aylwin-, y también retazos de lo que fueron los sectores más marginados con sus opiniones y puntos de vista.

La Vida Que Vendrá se hace la pregunta de por qué Chile es lo que es, y por qué fue lo que fue. Entre decisiones que anuncia a través de una voz en off, la directora nos relata las inquietudes que le nacen una vez se encuentra con los archivos que narran sobre un Chile que las nuevas generaciones no vieron con sus propios ojos. “El no ganador y el sí mandador” es uno de los conceptos que presenta la película y que invita a reflexionar sobre cuál ha sido el camino que nuestro país ha ido transitando desde 1973 hasta el día de hoy.

En su película, Karin Cuyul habla de colores y memoria, y lo hace mediante un método muy simple, pero muy eficaz en su intención: colorear los videos en blanco y negro de la Unidad Popular y la dictadura. A través de esta decisión, se nos presenta un Chile nuevo, uno que no pierde emoción en la naturaleza monocromática, uno que no aprendimos a ver de semejante manera mientras crecíamos y entendíamos la historia de nuestro país. Ahí, en ese pequeño gesto, está el cambio de percepción sobre la lejanía que tienen con el hoy aquellos acontecimientos, generando la posibilidad de entender sólo a través de los colores que esa es una vida que no difiere de la nuestra.

Es fácil, entonces, caer en la sensación de que lo que se siente como nuestro presente también es el pasado. Imágenes del estallido social en paralelo a imágenes de la UP. O imágenes de la resignación chilena de la dictadura en paralelo a la frustración chilena de la vuelta de la democracia. Racionalmente tienen una distancia, pero, en el fondo, el Chile de nuestros abuelos sigue siendo el mismo Chile de hoy. Así, el presente se siente eterno.

“Justicia en la medida de lo posible”

Karin Cuyul recuerda esta frase del expresidente Patricio Aylwin al inicio de su mandato en la transición a la democracia, haciendo hincapié en las últimas cinco palabras de la oración como parte de las consignas que forjan la personalidad de Chile. A través de lo que se dice, de lo que se piensa, se arma un relato con tintes melancólicos que le hacen justicia a la frustración de nuestros padres y abuelos en las décadas pasadas. Quizá por eso mismo, por ese tono triste y atrapado, es que no se logra percibir la decisión final de la directora: que La Vida Que Vendrá no será una película triste. Esta convicción es compartida a través de la voz en off cuando quedan quince minutos aproximadamente de película. Para entonces, las imágenes y las reflexiones de Karin Cuyul invitan a que seamos un manojo de cuestionamientos y sensaciones provocadas por entender que algo hemos estado perdiendo todo este tiempo. Con esta razón, el anuncio de que la película no será una triste se siente tardío. 

La Vida Que Vendrá es un gran ejercicio de memoria que busca reivindicar el oficio de la grabación amateur. También es una gran hazaña de montaje al lograr situar diferentes imágenes de distintas épocas sin hacer sentir que es un collage hecho a la rápida. Es un relato político lleno de cuestionamientos sinceros sobre el estado de las cosas que se siente importante y necesario en un contexto actual donde nuestra realidad pareciera ser una donde hay más derrotas y fracasos que victorias y alegrías que llegaron. Karin Cuyul hace un llamado a que no dejemos de grabar, a que no permitamos olvidar, instalando la pregunta por el futuro esplendor prometido. ¿Podrá Chile ser feliz?

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