Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por María José Muñoz
El regreso de Milo J a Chile quedará, con facilidad, en los anales de la historia recitalera del país. Llegaba en su show más grande ante un Estadio Monumental repleto con más de 40.000 asistentes, con su gira más ambiciosa y el mejor disco de su discografía –y uno relevante a nivel mundial y latinoamericano–. Sin embargo, este hito brilló más allá de los números y la espectacularidad, sino por la misma idea que rodea su álbum ‘La Vida Era Más Corta’, una pieza de trabajo bastante triste que es atravesada por el dolor latinoamericano, argentino e indígena.

Las animitas como parte de la escenografía hacían muestra concreta de ello. Y, por si fuera poco, el clima que recibió al argentino y al público del recinto de Macul fue hostil: el día más frío de mayo en 61 años. Como si era necesario tener que sufrir tamaña helada para poder tener el privilegio de celebrar nuestras raíces, pero en comunidad nos vemos, y de ahí nos levantamos.
Acompañado por La Murga Catalina y el actor argentino Peter Lanzani como partes esenciales del show –y la narrativa de este–, Camilo Joaquín Villarruel dio inicio a su show con «Bajo De La Piel» y «Solifican12», instalando de inmediato el relato de una performance que buscaba la conexión con nuestras raíces. Y eso que si bien hubieron canciones de sus otras épocas, como «A VOS» y «No soy Eterno», la verdad de las cosas es que todo estaba impregnado de una esencia sumamente distinta –al menos a la última vez que vino al país al Movistar Arena–.

Hoy Milo J es otro artista, y el salto que dio, apenas a sus 19 años, es gigantesco. Atrás quedó la joven promesa del trap, narrativa que se empecinaron en instalar la gran mayoría de medios hace unos años. El argentino tiene otros objetivos y deseos, quizás un síntoma de su propia juventud, de una generación que ha crecido con la celeridad del internet y las redes en un contexto social más inhóspito y complejo que de antaño. No por nada viajó a Santiago del Estero mientras buscaba inspiración –y conocimiento– para crear ‘La Vida Era Más Corta’. De ahí sus propias memorias, retratadas en canciones como «Niño» o «Luciérnagas» –escrita a su abuela que partió– hallaron cierto entendimiento al encontrarse con estos relatos marcados a lágrimas y sangre de sus propias tierras.
Era del todo común ver a gente llorar en estas canciones. Por eso era lindo el contraste entre ver a la gente saltar con «3 PECADOS DESPUÉS…» y cantar a desaforada voz «Cuando El Agua Hirviendo». Entonces, con tanto dolor de por medio, personal y compartido, ¿por qué celebramos? Pues porque el dolor es prueba de aquello que existió –o que existe–, de aquellos que partieron, de quienes cuyas luchas nos brindaron un mejor porvenir. Y es en dicha celebración que se encuentra la resiliencia. No queremos olvidar.

Y las cosas que nos unen traspasan fronteras incluso. Milo J se aseguró de honrar al pueblo de Chile con dos gestos muy lindos. Por una parte, la interpretación de «Llora Llora», tema que tiene junto a la chilena AKRIILA que, además, cuenta con un sample de «Qué Pena Siente el Alma» de Violeta Parra. Por otro, el versionar «Mi Buen Amor» de Mon Laferte. Ambos gestos muy celebrados de parte del público chileno.
Y finalmente, aunque el mismo argentino haya trascendido su propia imagen adolescente de trapper, tampoco reniega –en absoluto– de estas canciones, brindando un final explosivo a su concierto de dos horas y media con su «BZRP Music Sessions #57» y «No hago trap», calentando los corazones de toda una multitud –muy diversa demográficamente– que cada vez celebra más y más el folclor, y las distintas formas de hacerlo. Y Milo J es de los mejores exponentes en eso hoy en día.
