Escrito por Felipe León
Lejos de quedarse relegado a los 90’s, el shoegaze comenzó a vivir una reapreciación de sus fines texturales la década pasada. Hoy son muchos los proyectos que encomendaron sus carreras a este sonido, con Japón como importante plaza dentro del radar global, dado el alcance de nombres como Tokyo Shoegazer, capaces de elaborar grandes obras como ‘月世界遊泳 [Moonworld Playground]‘ (2022). Las portadas de gato merecen publicación aparte.
Si el ya más lejano ‘Crystallize‘ (2011) acuñaba calidez etérea a su enorme densidad, en este lanzamiento prima una melancolía ambiental, que afronta lo intenso con una luminosa interpretación. A su vez se percibe un mayor protagonismo de las voces, desde un tratamiento melódico y sensible conectado a una cinematográfica narrativa, de atmósferas envolventes y profunda emotividad.
Como bien sabrá su fanaticada, ‘Moonworld Playground‘ nace de las cenizas de otro registro que circuló bajo el nombre ‘Moondiver‘ (2019). Este último, mucho más crudo, desapareció de plataformas oficiales -solo disponible en la modalidad «el que busca encuentra»-, al ser reconstruido por Tokyo Shoegazer en plena pandemia.
Entre cualidades espaciales y oníricas, se alza un muro de sonido amparado por la masiva distorsión de Tokyo Shoegazer. Dualidad que abarca una escritura íntima y soñadora con paisajes expansivos y hasta explosivos, abiertos a indagar en cierta pesadez hipnótica que aflora en piezas como «Constellations«, «Tokyo Neon Signs«, «Paradise» y sobre todo la elemental «Moondive«.
A pesar que el comienzo menos directo con «Felicette» sea algo lento, se complementa con el catártico sentir que ofrece el cierre con «Destroy«, al aprovechar ambas las bondades del ruido. Mientras que «The Dreamer» promueve detalles reverberados propios del dream pop.
Poco más de una década desde su celebrado primer LP, y Tokyo Shoegazer artículo en ‘Moonworld Playground‘ otro notable testimonio del shoegaze. Este año retornaron con ‘Remains‘.
