Escrito por Felipe León
Al momento de lanzar su único álbum de estudio, ‘Disco Club‘ (1978), el proyecto Black Devil se nutría de diversas revoluciones musicales que sucedían en un afiebrado final de década. Mientras la música disco atravesaba sus mejores años, la electrónica afloraba de formas cada vez más diversas, a punta una tecnología que marcó el semblante de obras consideradas adelantadas a su época.
El dúo formado en un comienzo por Junior Claristidge y Joachim Sherylee, resultó ser el proyecto solista de Bernard Fèvre, músico dedicado a componer librerías sonoras para radio o TV. Al contar con la producción ejecutiva de Jacky Giordano, levantó un testimonio tan intrigante como espeluznante, amparado por una visión espacial que atraviesa galaxias, a bordo de una nave extrañamente estilosa. ¿Su combustible? Ritmo y textura.
Lejos de la herencia afroamericana, Black Devil Disco Club centró sus esfuerzos en descifrar las posibilidades de los sintetizadores. Puramente analógico, el avance de sus vertiginosos patrones rítmicos se entrega a la idea de desarrollar de manera progresiva cada pieza, a medida que involucra repetitivos bajos, baterías programadas, voces de otro mundo, y sobre todo capas sintéticas sujetas a una materia oscura, idónea para moldear su bailable infierno cósmico.
Misteriosa discoteca espacial
Sus 30 minutos bastan para detallar esta suerte de experimento, arraigado a tradiciones sonoras que surgirían de a poco como el electro-disco y su vertiente de space-disco. Sintonías electrónicas para nada ajenas a influencias propias del italo-disco (con menor énfasis en los estribillos), y emparentada a las lógicas funcionales del progressive electronic de aquel entonces, en cuanto a estética tecnológica y futurismo.
Durante el viaje es posible encontrar cortes ominosos como «« H » Friend» a otros atrapantes tipo «No Regrets«. Ambos extremos formalizan una propuesta que en ciertos casos se siente experimental, mientras que en otros lo hace más melódico y hasta discotequero, a la vez que respira de forma lúdica y sideral en «Timing, Forget the Timing» y «We Never Fly Away Again«, ejemplos claros del atractivo que posee el LP.
No es que Black Devil Disco Club sea ahora del todo reconocido, en parte por la mínima actividad discográfica del proyecto. Aún así no deja de ser curioso como visualizaba desde Francia, al igual que sus contemporáneos, quizás por mera curiosidad o profunda convicción, el panorama musical que se avecinaba; los ochenta.
