Este 16 de mayo, Top Gun (1986), la película que cimentó la carrera al estrellato de Tom Cruise, cumple cuatro décadas de existencia. Dirigida por Tony Scott –hermano de Ridley Scott–, producida por Jerry Bruckheimer –quien iría a hacer películas tales como Armageddon (1998), Black Hawk Down (2001), la saga de Piratas del Caríbe y Bad Boys, además de la serie de televisión CSI (2000) y todos sus spinoffs– y musicalizado por un soundtrack que contiene arreglos de Giorgio Moroder, ‘Danger Zone‘, de Kenny Loggins y ‘Take My Breath Away‘, de Berlin (ganadora del Oscar en 1987) como composiciones originales, Top Gun (1986) es un verdadero hito en la historia de la cultura pop.
La historia de Top Gun (1986) no ha estado exenta de controversias. Criticada por su propagandismo militarista, su representación unidimensional de sus personajes mujeres y su descuido de ciertos elementos fundamentales del cine en pos de escenas llenas de sudor, deseo y violencia, Top Gun (1986) atravesó, con un Jet F-14 a Mach 2, toda expectativa que había respecto al éxito y la influencia que podía llegar a tener una película. Realizada con un presupuesto a ojos de hoy irrisorios, de tan solo $13.000.000, Top Gun (1986) ganó más de 25 veces lo invertido y su soundtrack se convertiría en un éxito rotundo, siendo certificado 9 veces platino por la RIAA. Tras su estreno, Hollywood no volvería a ser lo mismo: había un público cautivo por observar las últimas tecnologías de destrucción militar atravesar los cielos, manejadas por pilotos musculosos e irónicos que exudan líbido por cada uno de sus poros.
Sudor
Gran parte de la película se enfoca en Maverick –representado por Tom Cruise–, un Teniente de la Fuerza Naval estadounidense, quien destaca por su particular combinación de excelencia técnica en el pilotaje de jets F-14, y su displicencia por las reglas instituidas. Es el Americano perfecto: musculoso, rápido e irónico; estudioso y dedicado; pero también libre de todo amarre institucional y burocrático, lo cual le genera una intuición aparentemente sin parangón, un aura de genio y un carácter impredecible que no tardará en generar roces con las instituciones militares. Maverick solo quiere volar, hacer pedazos aviones rusos, defender la patria y ser el mejor de los mejores.
El conflicto central se articula sobre esta aparente libertad de Maverick; una libertad constitucionalmente instituida pero que es vista con recelo por el aparataje militar estadounidense. Este punto de vista institucional es representado en el personaje de Iceman –encarnado por Val Kilmer–, un piloto de igual excelencia técnica que Maverick, pero profundamente disciplinado: un soldado de pé a pá, acatador de órdenes, frío, calculador (¡vaya sorpresa!). El conflicto entre Maverick e Iceman es un conflicto de egos, de eufemismos y, también, sobre quién se ve más sudado y, por ende, tiene su abdomen más lubricado. Y es que Top Gun (1986) es una película profundamente atravesada por tensiones corporales. Nuestros protagonistas se miran con el mismo recelo con el que admiran el cuerpo, esculpido en granito, del otro. Acercan sus caras.. El sudor de la frente de uno cae sobre la camisa del otro. Se miran a los ojos. Seguramente se alcanzan a sincronizar sus respiraciones. Uno dice algo eufemístico, y el otro responde con otra ‘viveza’ que sólo ellos entienden. Luego vuelan a Mach 2 sobre los cielos de Florida y el océano índico destruyendo a todo y cualquier ruso que se meta entre ellos y su ‘competencia’.

Deseo
Otro gran conflicto de la película es la relación entre Maverick y ‘Charlie’ –representada por Kelly McGillis–, una Astrofísica, con PhD en esa disciplina, quien enseña en la academia Top Gun. La primera interacción entre ambos es un ‘joteo’ clásico en un bar, donde Maverick sigue a Charlie al baño de las mujeres. Al día siguiente, ambos se reconocen mientras Charlie empieza a hacer clases sobre los MiG (jets soviéticos). Maverick interrumpe a Charlie y la corrige en frente de toda la clase y otras autoridades de Top Gun. La película celebra esto: no hay credencial más importante que el sentido común Americano. Ni siquiera la de una mujer con PhD en Astrofísica a mediados de los años ‘80.
Esta interacción da puntapié al desarrollo de una tensión sexual entre ambos personajes que, al son de ‘Take my Breath Away‘, de Berlin, presentada como el love song de la pareja prospectiva, deviene en largas escenas íntimas a contraluz que, seguramente, dieron mucho que hablar en los años posteriores a su estreno.
Este juego recíproco de cercanía y lejanía funciona como hilo articulador de prácticamente toda la película. La tensión entre Charlie y Maverick se replica en la danza entre F-14’s y MiG’s, entre Americanos y Soviéticos y entre Iceman y Maverick: deseos de mutua necesidad para una mutua destrucción. En Top Gun (1986) los polos se atraen, se buscan, se encuentran. Cada interacción se inscribe en una dinámica agonal de competencia donde alguien gana y alguien pierde, pero todos juegan y, más importante aún, todos quieren jugar. Ya sea al límite de la muerte, el amor o el deseo, todos los personajes se encuentran inscritos en una búsqueda existencial de sentido anclado en la necesidad de un antagonismo que dote a la propia vida de un propósito. Top Gun (1986) se mueve constantemente entre la ternura y la violencia, como dos caras de un mismo fenómeno.

Violencia
Probablemente con lo que uno más se queda después de ver Top Gun (1986) son las escenas de dogfighting: la persecución mutua de aviones que rompen constantemente la barrera del sonido generando más de 7.5g para sus respectivos pilotos (para los interesados: si uno pesa alrededor de 80kg, 7.5gs si significan tener que aguantar el peso de unos 600kg). Las tomas de estas persecuciones y peleas son francamente impresionantes para la época: se usaron jets F-14 reales, haciendo maniobras reales, con pilotos reales. Se instalaron algo así como seis cámaras por jet, junto con aviones de compañía que grababan las maniobras en tercera persona. En los Oscars, Top Gun (1986) fue un hit técnico, obteniendo nominaciones en las categorías de mejor edición, sonido y edición de sonido. Merecido, sin duda.
Pero vamos, quizás, al grano del asunto. Top Gun (1986) es una película estrenada en los estertores de la Unión Soviética y la Guerra Fría ‘formal’. Mikhail Gorbachev ya había asumido como Secretario General del PCUS. En la Unión Soviética se hablaba de perestroika, apertura del mercado y acercamientos diplomáticos con EE. UU.. El aire en los Estados Unidos era de triunfo, tanto cultural como militar: un triunfalismo que se respira en cada frame de Top Gun (1986). Los pilotos de los MiG’s soviéticos no tienen voz, no tienen cara, no tienen emociones, miedo, no reaccionan salvo para disparar o evadir misiles. Contra ellos, Maverick, Iceman y el resto de jet fighters se bañan en un crisol de emociones, memorias, nostalgias, reivindicaciones y, en general, humanidad que surge –parafraseando a Mao Zedong– del cañón de un F-14. Son las últimas peleas de una guerra ya ganada en probablemente todos los planos posibles: Tom Cruise y su sonrisa iluminadora de mil soles destruyendo a cualquier soviético que se imponga en su camino a punta de sentido común Americano, los últimos avances tecnológicos-aeronáuticos y al ritmo de Kenny Loggins gritando sobre los sintetizadores de Giorgio Moroder: “Out along the edges / Always where I burn to be / The further on the edge / The hotter the intensity”. Un último y adrenalínico adiós al largo Siglo XX.

Cuatro décadas de Top Gun (1986)
Top Gun (1986) es una película que, sin duda, vale la pena volver a revisar en un contexto en donde la historia vuelve a aparecer en nuestro día a día, donde el mundo se vuelve a insertar en un flujo de conflictos y guerras y en donde, seguramente, veremos nuevos arquetipos militares –humanos y más-que-humanos– aflorar en la producción cultural occidental y oriental.
En Chile, Top Gun (1986) se re-estrenará, junto con Top Gun: Maverick (2022), el 13 de mayo en IMAX (¡por primera vez!). Las entradas ya están a la venta.
