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El Diablo Viste a la Moda 2: Más que una secuela nostálgica

A veinte años del estreno de la primera parte, El Diablo Viste a la Moda 2 llega a la pantalla grande para cautivar a todos los fans de la historia original. Dirigida por David Frankel—mismo director de la parte uno— la película reúne nuevamente a la icónica dupla de Anne Hathaway y Meryl Streep en los roles de Andy Sachs y Miranda Priestly; esta vez enfrentándose a las nuevas formas de operar de la industria de la moda y del periodismo.

Tras ser abruptamente despedida del periódico The New York Vanguard, la ahora renombrada periodista Andrea Sachs regresa a Runway con el fin de recuperar la reputación y prestigio que alguna vez tuvo la revista. Con la ayuda de su carisma y vasta trayectoria laboral, Andy toma el desafío de demostrarle a Miranda que, por más que hayan pasado dos décadas desde la última vez que trabajaron juntas, sigue teniendo la misma disciplina de siempre, y que por lo mismo puede salvar a Runway de quedar en un inminente olvido en la era de las redes sociales.

Al mismo tiempo, el personaje de Emily Charlton (Emily Blunt) regresa en esta ocasión como antagonista principal. Es así como, mediante los recursos e influencia de su novio Benji Barnes (Justin Theroux), Emily corresponde a una amenaza directa para el cargo de Miranda y la esencia de la revista Runway en sí misma.

Si bien la película no se aleja significativamente de la ola de secuelas y spin offs que abundan en la actualidad, y que existen principalmente para apelar a la nostalgia de sus fans, algo que la hace destacar es su forma de incorporar el paso del tiempo en la narrativa. Lejos de enfocarse en la crueldad del mundo de la moda como en la primera entrega, El Diablo Viste a la Moda 2 reconoce el efecto que la era digital ha tenido en las distintas industrias creativas, trayendo consigo nuevas expectativas por parte de los consumidores, y a su vez diferentes amenazas para instituciones como Runway. Por lo mismo, lo que podría haber sido una mera colección de referencias a la cinta original vacías de sustancia, resulta en vez en una película que se adentra en los matices de un cambio cultural más allá de la nostalgia.

Un ejemplo clave de esto corresponde al icónico outfit que usa Andy antes de su makeover en la película del 2006: una camisa blanca debajo de un suéter azul cerúleo que es brutalmente criticado por Miranda. Mientras que en su minuto aquellas prendas reflejaron el desconocimiento de Andy sobre la moda y su industria, en la última escena del filme de 2026 la protagonista viste una camisa y suéter que hacen un guiño directo a dicho outfit; esta vez con un giro actualizado, mostrando cómo la nostalgia por la primera película convive armoniosamente con el cambio que ha traído el paso del tiempo y la era digital.

En definitiva, El Diablo Viste a la Moda 2 es más que una secuela estancada en el pasado—es un signo de admiración hacia la primera entrega que es a su vez consciente de que las cosas han cambiado, y que al mismo tiempo eso puede ser algo bueno.

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