Live Reviews

Candlebox en Chile: El rastro de los 90’s

Escrito por Rocío Villalón
Fotos por Juan Manuel Hernández

El reloj del Teatro Coliseo marcó las nueve de la noche y el lugar era una cápsula del tiempo a punto de estallar. La oscuridad total que descendió a las 21:14 no fue un simple apagón, sino el inicio de un ritual donde las sombras de Seattle se proyectaron sobre cada rincón del teatro. Mientras los acordes de Black de Pearl Jam y la melancolía densa de Nutshell de Alice in Chains preparaban el terreno, se sentía en el aire que los noventa no son un recuerdo estático, sino algo que late con fuerza cada vez que una guitarra distorsionada rompe el silencio.

Cuando los integrantes de Candlebox finalmente pisaron el escenario, el caos se volvió poesía. Los vasos volaban como proyectiles de euforia mientras el ritmo de “Arrows”, “Simple Lessons” y “Punks” dictaba los latidos de una audiencia que no necesitaba instrucciones para descontrolarse. 

El eco de las palmas y las cuerdas se fundía en un solo sonido que devolvió a todos los presentes a 1993, un año donde la angustia se transformaba en himnos y la música era el único refugio posible. Esa conexión se volvió tangible cuando sonó “Change”, provocando que miles de manos se alzaran al aire, demostrando que algunas canciones no envejecen, sino que se vuelven parte del ADN de quien las escucha.

Uno de los momentos más íntimos y potentes ocurrió durante “Blossom”, cuando la banda decidió honrar la tierra que los recibía invitando a un músico chileno a compartir el micrófono.

 La noche continuó con una honestidad desarmante cuando el vocalista confesó que “10,000 Horses” no estaba entre sus canciones favoritas, una ironía que el público respondió con un grito unísono.

La atmósfera cambió drásticamente cuando Kevin Martin tomó la guitarra acústica para interpretar “Sometimes”, desnudando la vulnerabilidad que siempre ha vivido bajo las capas de ruido del grunge. 

Sin embargo, el clímax emocional llegó con la aparición de Alain Johannes para interpretar “Hunger Strike” de una banda madre, Temple of the Dog. La presencia de Alain, una leyenda que conecta a Chile con la médula espinal del rock mundial.

Hacia el final, el setlist se convirtió en una ráfaga de clásicos y nuevas intensidades. Desde la energía de “Supernova” y “Cover Me”, pasando por la elegancia de “He Calls Home”, hasta llegar al momento en que “Far Behind” hizo temblar los cimientos del Coliseo. 

Candlebox cerró la jornada con “Rain”, dejando a los asistentes empapados en una satisfacción que solo se consigue tras todo un viaje, ellos son la prueba de que el grunge no fue una moda pasajera, sino una forma de entender el mundo, una honestidad brutal que, treinta años después, sigue siendo el motor de miles de almas sedientas de autenticidad. Al encenderse las luces, el 2026 regresó, pero el corazón de todos se quedó atrapado en la distorsión perfecta de una noche inolvidable.

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