Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por María José Muñoz
No es para nada descabellado asegurar que Mac DeMarco es uno de los nombres más influyentes en la música indie post-2010, el canadiense perfiló con el sonido de toda una era sobre cómo sonaban –en estos tiempos– subgéneros como el bedroom pop, el indie pop o el jangle pop. Sentó toda una escuela, si se le quiere decir así. Por lo mismo, su regreso a Chile figuraba como una de las citas más esperadas de la presente década, en tanto el músico no venía a este lugar del mundo desde 2018 –en Lollapalooza Chile–.

Y mucho ha cambiado desde entonces. Dicha visita, pactada originalmente a suceder en el Alternative Stage de Lollapalooza, terminó llevándose a cabo en uno de los escenarios principales dada los problemas logísticos que causaron las tormentas en Argentina, afectando vuelos y, por ende, la programación de forma inevitable. Bueno, el punto es que Mac DeMarco fue una de las sorpresas indiscutidas de dicha edición, repletando el recinto, mostrando su fuerte llegada al público chileno. Pero es importante mencionar dicha presentación no sólo por el aspecto estadístico, sino porque Mac se comportaba de una forma completamente desenfadada, bueno para la jugarreta y hacer del escenario su propio patio de travesuras. Algo que no se quedaba sólo en las palabras, sino también en sus acciones y la fisicalidad de las mismas.
Muy distinto del Mac de hoy, el que vimos en la primera noche de dos en el Caupolicán, el pasado sábado 18 de abril. Sí, es mayor, y con el avanzar de su edad llega una mayor madurez. De ahí que sus producciones más tardías, en especial el álbum que lo trajo a Chile esta vez, ‘Guitar’ (2025), gocen de un tono más introspectivo tanto en lo lírico como en lo musical. Y justamente como revela su último álbum, su relación con el paso del tiempo y su conexión con aquello conocido como hogar viene más de la aceptación que de la tan bullada nostalgia que se le intenta forzar en su narrativa.
Viendo los propios hechos la noche de sábado pasada, DeMarco sigue siendo un tipo lleno de risas de por medio y un humor incontenible, pero su presencia es más… ¿compleja? Como la de alguien que emana una templanza confortante, que en al momento de hacer cantar a la audiencia local con «Shining», salía al paso porque todo se sentía justamente en lugar donde debería estar: fans fieles que le siguen el rastro y cantan el track nuevo de memoria, un sonido lustro lleno de vida y unos músicos totalmente absortos en el feeling puro de sus performances. Y bueno, después cantó «For the First Time» por primerísima vez en Chile, y el teatro se convirtió en un coro gigantesco que rivalizaba con los decibeles del show.
Quizás uno de los atributos que más llaman la atención de un espectáculo de estas características –y bueno, también de su carrera–, es que, para el codiciado, consolidado e influyente status del que goza Mac, su sencillez es, como mínimo, conmovedora. No es de extrañarse que se le venere tanto, y que una canción como «Phantom» pueda tener el mismo impacto que otras más clásicas como «On the Level» o «Salad Days». Definitivamente uno le compra la filosofía y actitud DIY, y que a veces pueden haber algunos pequeños desperfectos, como el pequeño desliz en las visuales en las primeras canciones –resuelto con prontitud, por cierto– o el hecho de que el propio artista admitía que su voz no estaba en punto. Bueno, según él, porque el hombre cantó con facilidad una pieza tan delicada como «Still Beating», y déjenme decirles que, entre los distintos puntos a destacar que hay del show, uno de ellos es la performance vocal del canadiense.

Asimismo, su entrega no se agotaba en su entrañable sencillez, sino también en su carácter observador para el resto como para, sobre todo, consigo mismo. Sus murmuros semi-guturales que recitaba entre canciones eran verdaderos flujos de consciencia separados de cualquier pauta, que oscilaban entre la comedia satírica como a descripciones y análisis del estado del mundo. En resumidas palabras, hacía lo que se le daba la gana, así sea levantándose de manos durante la tierna «Another One», imitar a una gallina en «Rooster» o bien cantar «Little Dogs March» porque simplemente, como el decía: «me gusta«.
Todos estos factores hacían de este lugar y momento, su hogar. De lo contrario, el Teatro Caupolicán jamás hubiese estallado como lo hizo con «Freaking Out the Neighbourhood», la canción para saltar. No fue catarsis, fue expresión del sentirse cómodo, relajado y en confianza de someterse a un impulso de energía individual-y-comunitaria, con un dejo sonriente como los rostros que quedan después de algún chascarro. Como en casa, como en la junta casual. Y ojo, que fue con réplica el asunto.

Ya todo el resto fue un gusto, «Chamber of Reflection» sonó como debería sonar. Psicodélica, envolvente y cautivante, con un público que aprovechó su carácter de himno para mostrar su devoción al canadiense. Que cada verso suene fuerte. Misma historia para «My Kind of Woman», la que llegó tras el encore, con sus seguidores emocionados y rendidos tras poco más de hora y media de show. Y su despedida no fue la típica, quizo dibujar otra sonrisa de forma directa y sin tapujos con un guiño nuevamente a «Freaking Out the Neighbourhood», para que la gente comentase entre sí, con gotas de sudor corriendo por sus sienes, lo mucho que quieren a Mac DeMarco y lo lindo que fue ponerse al día con él –o verlo por primera vez–.
Setlist de Mac DeMarco en Chile:
- Shining
- For the First Time
- Sweeter
- On the Level
- Phantom
- Salad Days
- 20191009 I Like Her
- Rock and Roll
- Still Beating
- Passing Out Pieces
- Home
- No Other Heart
- Heart to Heart
- Little Dogs March
- Ode to Viceroy
- One More Love Song
- Knockin
- Another One
- Rooster
- Freaking Out the Neighborhood
- Holy
- Moonlight on the River
- Chamber of Reflection
- My Kind of Woman
- Freaking Out the Neighborhood (snippet)
