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‘Echaremos el cielo abajo a patadas’ de teodioteodio: Recitar en un mundo descompuesto

Escrito por Hernán Carrasco

En el marco de una escena chilena que comienza a consolidar un lenguaje propio dentro de lo experimental, emerge el debut de ‘Echaremos el cielo abajo a patadas’ de teodioteodio, una banda santiaguina que se inserta en este circuito junto a proyectos presentes en instancias como Candelabro o Hesse Kassel. Más que acomodarse dentro de una etiqueta, su propuesta parece tensionarla desde sus propios límites, empujando el sonido hacia terrenos más ásperos e inestables.

El disco dialoga con el post-rock, pero se aleja de su vertiente más pulida. Aquí no hay espacio para el virtuosismo, sino para una crudeza que se construye desde el spoken word y su fricción con instrumentales densas y repetitivas. En ese cruce, se puede percibir una influencia menor de Squid en el tratamiento de las voces, aunque lo que predomina es una sensación de desborde desde el propio post-hardcore y art-punk; momentos donde todo parece acumularse hasta quebrarse, y donde el hablante lírico deja de recitar para irrumpir en el grito.

Desde lo lírico, el disco levanta un imaginario donde lo humano aparece atravesado por la violencia y la degradación. Imágenes como mares de petróleo, cuerpos que sangran y paisajes en ruinas no buscan explicarse, sino instalar una sensación persistente de deterioro, como si todo ocurriera en un mundo que ya se encuentra en proceso de descomposición.

En ese contexto, el amor se presenta como un espacio de desgaste. No hay idealización ni refugio, sino vínculos marcados por la obsesión y el daño, donde la cercanía no repara, sino que profundiza la herida. Todo parece empujar hacia una misma idea: la imposibilidad de sostener algo sin que termine por romperse.

En ‘Echaremos el cielo abajo a patadas’, la experiencia de escucha incomoda y desgasta, pero la música no busca ser necesariamente confortante; por el contrario, aporta y sostiene esa tensión, funcionando como un soporte activo para la carga emocional del disco. Más que canciones, el registro se siente como un ejercicio de descarga, una forma de decir desde el exceso. En esa incomodidad, teodioteodio encuentra su mayor virtud.

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