Escrito por Bárbara Conejero
Todos tenemos secretos. Hay quienes piensan que son sanos, parte de la intimidad con uno mismo. Momentos vergonzosos o dolorosos que no valen la pena revelar. ¿Pero qué ocurre con esas intimidades cuando se está en pareja? ¿Hasta qué punto es necesario saberlo todo? ¿Puede una revelación cambiar por completo la percepción que tenemos del otro?
The Drama, la nueva película de Kristoffer Borgli, explora estas preguntas sin necesariamente darnos una sola respuesta. La que parece ser –por su tráiler y primeras escenas- una comedia romántica termina por convertirse en una sátira que cuestiona la doble moral y la lógica con la que opera nuestra sociedad moderna.
El film abre con un encuentro “fortuito”, clásico de las romcoms: chico (Charlie) ve a chica (Emma) a lo lejos, sentada en una cafetería leyendo, y queda flechado. Cuando ella se levanta y deja su libro sobre la mesa, él aprovecha el descuido para mirar el título y encontrar la excusa perfecta para conocerla. Se arma de valor, pero ella apenas lo escucha; es sorda de un oído. Emma interpreta el gesto con ternura, le da una segunda oportunidad y le dice: “Empecemos de nuevo”, una frase que solo cobra pleno sentido al final de la cinta.

Así Charlie (Robert Pattinson) y Emma (Zendaya) comienzan su historia de amor. Él es curador de un museo, ella editora literaria y están a punto de casarse. Por separado, comparten ideas para sus discursos de boda con sus amigos: Mike, el padrino (Mamoudou Athie) y Rachel, la dama de honor (Alana Haim). Para Charlie, ella, a través del optimismo y la alegría, lo ayuda a no sobrepensar. Para Emma, él le entrega seguridad y confianza.
A primera vista, su relación se sostiene en la empatía. Pero este ideal se tensiona cuando los cuatro amigos se reúnen para la prueba de la cena de bodas. Charlie y Emma cuentan que vieron a su DJ drogándose; desinhibidos por las muestras de vino, la conversación deriva hacia los secretos y pronto todos se encuentran respondiendo la incómoda pregunta de Rachel: ¿Cuál es la peor cosa que han hecho? La confesión de Mike revela un acto de cobardía y egocentrismo; la de Rachel, una crueldad de infancia; la de Charlie, un episodio oscuro en internet marcado por el anonimato; y la de Emma, algo que realmente nunca hizo, pero que sí pensó en hacer.
Desde ese momento, para Charlie, cada gesto sensual o tierno de Emma a lo largo de la relación se ve bajo una luz siniestra. El diseño sonoro de zumbidos y frecuencias altas nos indica que él está apreciando a una persona que en potencia pudo haber sido otra cosa.

La intención frente al resultado
El trasfondo de la revelación de Emma funciona como telón de fondo, más que eje en sí mismo, que dispara una serie de dilemas morales que incomodan y que, fiel al estilo de Borgli, supone un ejercicio de introspección sin respuestas claras. Y es ahí donde The Drama alcanza su punto más alto al resaltar las distintas —y en algunos casos hipócritas— reacciones ante el oscuro pasado de Emma.
Existe un humor ingenioso en el pánico interno de Charlie. Mientras la pareja intenta continuar de manera normal con los preparativos de la boda, en su diálogo interno se gatillan preguntas que, alimentadas por la incertidumbre e inseguridad, lo llevan a cometer actos que terminan por romper los cimientos de la relación.
Charlie nos representa a nosotros como espectadores. Las acciones de Charlie hacia los demás personajes y su propio proceso emocional reflejan el ejercicio colectivo de la pregunta ‘¿Qué harías tú?’. Y al mismo tiempo plantea el cuestionamiento de qué tan esclavos somos de nuestro pasado.

Rachel, en cambio, representa la cultura de la cancelación en su máxima expresión, donde lo íntimo se convierte en terreno de exposición y juicio. Ella juzga a Emma por algo que nunca ejecutó, mientras que ella sí cometió un acto. Ahí es donde la película golpea con más fuerza: ¿Qué pesa más: la intención o el resultado? Y más importante aún, ¿qué pasaría si el desenlace hubiera sido distinto en el caso de Rachel?
La película nos obliga a cuestionar nuestra propia brújula moral. Nos confronta con la idea de que la empatía no es un recurso ilimitado ni necesariamente justo, sino algo que distribuimos de manera selectiva, influenciados por nuestros prejuicios, experiencias y contextos sociales.
Y en cuanto al personaje de Emma, al final, resulta ser el menos contradictorio. Bajo la lectura social de la confesión que lo gatilla todo, la película deja entrever factores como el bullying, el aislamiento o la inseguridad, pero evita tratarlos como excusas. Emma aparece más bien como síntoma de un contexto donde existen ciertos instrumentos que, estando tan normalizados, pueden convertir la emoción en acción y, hasta cierto punto, funcionar como símbolos de poder, control e identidad. De esta forma, el director asume la seriedad de utilizar esta temática como telón de fondo, abordándola con mirada crítica sin desplazar el verdadero centro de la película.

The Drama se instala con fuerza dentro de la ola de las doom roms, comedias románticas que plantean dilemas morales dentro de las relaciones románticas. Ya no se trata de construir o representar relaciones idílicas, sino más bien de introducir elementos narrativos que desmoronen esta idealización en una era donde el amor romántico está cargado de teorización y reglas que pueden caer fácilmente en dinámicas tóxicas y de descarte.
La cinta del noruego propone la compasión y el perdón como ejercicio de sanación del pasado. Pero la ambigüedad del final trae sus propias interrogantes: ¿hasta qué punto es saludable esa compasión y hasta qué punto es realmente posible empezar de nuevo con alguien que ya no vemos de la misma forma?
