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Dream Theater en doce pasos: Un análisis a su carrera

Escrito por Nicolás Merino

Dream Theater no solo es una de las bandas más importantes en la historia del metal progresivo, también son un objeto de atención como ninguno. Incluso trasciende un poco la presencia común de las bandas de metal en el foro público. Varios personajes expresados en músicos o en música terminaron por hacer de Dream Theater una suerte de narrativa propia llena de aristas. Dream Theater, un mundo. Cada álbum, otro mundo. La discografía de Dream Theater ofrece muchas entradas y salidas. Estas son doce de ellas.

 

Un lugar en el mundo

Uno: Dream Theater no es exactamente la banda que inventa el metal progresivo (léase Fates Warning). Para empezar, entender la concepción del género, o así cualquier otro, hay que asumir una serie de reglas y patrones. En especial para efecto de denominaciones tan literales como “metal progresivo”. Hay bandas de múltiples géneros cuya era dorada fue en los ochenta y, si bien literalmente tocaban “metal progresivo”, no son necesariamente una muestra representativa de la expresión. De hecho, el primer disco de los neoyorquinos, When Dream And Day Unite, ciertamente delata algunos aspectos más propios de quien intenta meter varias influencias en la juguera. No tiene mucho que ver con la nueva expresión que fue el Images And Words en su momento, cuando pasaron de ser “metal progresivo” a metal progresivo.

 

Dos: A medida que la carrera de Dream Theater se desarrolló, siempre fueron un fenómeno único en su especie. Esto no es una exageración. Quizá los momentos de la carrera de la banda más equiparables a los de sus contemporáneos son los primeros años (cuando eran parte de un movimiento) u hoy en día: una banda que debe salir a mantenerse vigente, conscientes de que no están en ninguna época de oro.

Sin embargo, el resto de la historia de Dream Theater ha sido un poco incompatible con el de otros proyectos de metal progresivo u otras expresiones afines. Por un lado, cierta cultura de masas (de la que Dream Theater era parte) decidió convencerse de que las expresiones de metal progresivo más interesantes eran las de bandas como Tool (metal alternativo) o, más adelante, Porcupine Tree (rock progresivo). Aún atendiendo la existencia y popularidad de Opeth, ambas bandas siempre fueron lo suficientemente distintas como para marcar caminos individuales en su inserción al mainstream. Sin considerar que Dream Theater siempre fue ampliamente más popular.

Estaban algo solos en la cultura progresiva de esa generación de bandas de metal que, tarde o temprano, también pasaron a ser un poco actos -sobre todo en vivo- que a grandes rasgos no serían distinguibles de los de cualquier banda del rock más clásico. Un poco un testimonio vivo más que una banda, aún cuando, hasta la salida de Portnoy, Dream Theater seguía haciendo música relevante.

 

Tres: Es verdad que algunas expresiones de metal más técnico se manifestaron no solo antes de la existencia de Dream Theater, sino también del metal progresivo en general. Alguna vez se terminó por definir como una cultura propia que le daba un poco la espalda a toda esa serie de recursos clásicos de Dream Theater que hoy pueden parecer algo lejanos al metal. Devin Townsend, Voivod, Nevermore, Pain Of Salvation, Maudlin Of The Well, Neo Obliviscaris, Between The Buried And Me o hasta los más populares, Mastodon y Gojira eran parte de una cultura que no solo -y muy visiblemente- atendía a otros géneros que más bien consideraban el metal progresivo dentro de su esquema antes que identificarse de lleno con este. También pusieron en la discusión una forma de hacer metal que a algunos les sonaba a modernidad. Dream Theater nunca privilegió aventurarse en el djent antes que en el AOR, por ejemplo. Nunca hicieron ninguna de las dos, no el sentido estricto, pero supieron acercarse.

Algo de esto responde a lo fieles que son a sus influencias. También a su poco sonido. Hubo una época entre el Systematic Chaos y el Black Clouds And Silver Linings en el que la banda claramente se hizo más atenta a lo que pasaba entre sus colegas. Quizá los resultados no fueron los mejores, pero dejaron el registro de un intento más que honesto.

 

Cuatro: A veces, la transparencia de las influencias es tan patente que ni siquiera es necesario que una banda lo haga de forma consciente. Con Dream Theater hay algo de eso. El oyente más atento será capaz de identificar las raíces en lo que escucha. Pero también hay una decisión deliberada por poner sobre la mesa las grandes influencias de la banda. Hubo una época en la que Mike Portnoy se dedicó a editar varios bootlegs de Dream Theater bajo el sello Ytse Jam. Estos bootlegs van desde conciertos hasta las re grabaciones completas de álbumes clásicos originales de bandas como Metallica, Iron Maiden, Pink Floyd, Rush, entre otros. No es casualidad que el nombre del sello sea una de sus canciones más transparentes en cuanto a influencia.

 

Cuatro discos

Cinco: Muchas veces se da una prisa algo extraña por apuntar que tal o cual disco responde a un enfoque “cinematográfico”. Naturalmente, esta definición pone el dogma del cine en una posición privilegiada frente a otras artes narrativas que no solo tienen mayor desarrollo a lo largo de la historia de la humanidad, sino que también fueron parte de lo que permitió que el cine narrativo existiese de la forma en la que lo conocemos. Entiéndase con esto, por supuesto, la literatura y el teatro.

En rigor, el cine es el arte a través de la imagen en movimiento. El resto de las definiciones sobran. Naturalmente, toda la narrativa en la que ha trabajado Dream Theater ha sido señalada como “cinematográfica”, quizá sin mucha idea de por qué. Si entendemos que un disco  “cinematográfico” es aquel que cuenta una historia a través de una estética y letra particular, el solo uso de esa palabra anula completamente las capacidades narrativas de la música.

Cuando Dream Theater le mostró Metropolis Part. 2: Scenes From A Memory al mundo, hubo cierto esfuerzo por hacer constantes referencias al lenguaje cinematográfico tanto en su respectiva gira como en la estética del propio álbum. En la portada, el rostro que se vislumbra está formado, sí, por escenas, pero estas están retratadas en cuadros. Se entienden como cinematográficas. Además, aún cuando todos los samples que ambientan la historia podrían considerarse tan propios del teatro como del cine, también es verdad que la forma en la que se solapan responde a algunos códigos exclusivos del cine (aún contando el radioteatro). Y por sobre todo, Scenes From A Memory emula un arte que si es exclusivo del paradigma audiovisual como lo es el montaje. El montaje es una forma de acción concreta que define ritmos. Un medidor de pulso que la banda siempre tuvo presente en este disco. Además, el montaje permite reordenar, ¿y qué es ‘The Dance Of Eternity’ sino un gran montaje retorcido del álbum?

 

Seis: Si nos atendemos exclusivamente a la forma, Six Degrees Of Inner Turbulence es uno de los discos más representativos de la moral de la banda. Aún cuando ese disco considera el grueso del sonido que había consagrado a la banda (entendiéndose los puntos en común entre Images And Words, Awake y Metropolis Part. 2: Scenes From A Memory), lo hace en un formato muy propio de las búsquedas únicas del proyecto. Es la versión Dream Theater de todos estos discos de rock progresivos que se hicieron en los setenta que atendían a las condiciones tecnológicas del vinilo. Close To The Edge, 2112, Tarkus, entre otros. Un lado es una gran canción, el otro una serie individual de potenciales hits. El tema es que Dream Theater no se limitó a los veinte minutos en los que cabía un “gran lado”, sino que derechamente usaron un cedé completo.

Six Degrees Of Inner Turbulence es un álbum doble. Primero, una serie de canciones que brillan por su individualidad. Luego una canción de cuarenta y dos minutos. Un formato que solo es admisible en cedé. Al menos en ese entonces Hoy se podría hacer en plataformas digitales. Six Degrees Of Inner Turbulence es un ejemplo muy particular en la historia del formato físico de la traducción de un formato a otro en una época en la que la industria obligaba a los artistas a atenderse a un formato en particular.

 

Siete: Surfeando la norma, Dream Theater supo adaptar como ninguna banda (y sobre todo entre las más veteranas) lo que se llevaba entre el metal del siglo XXI a su obra. Eso considera ciertos tonos de guitarra, cierta solemnidad, cierto rechazo a lo clásico pero sin nunca darle la espalda. Una especie de modernización como respuesta tardía al metal alternativo. Otras bandas como Lamb Of God también supieron hacerlo a su medida. Pero cuando Dream Theater dio con Train Of Thought no solo entendió el espíritu, también la retórica del por qué dar con música así.

Es un disco cargado de hits, pero también uno decididamente pesado y moderno. No es un sonido al que la banda volviese alguna vez. Al menos, no en ninguna canción completa.

 

Ocho: El octavo álbum de la banda lleva por nombre Octavarium. Coincide con la cantidad de notas en la escala de música occidental. Y cada canción va con una escala hasta darse la vuelta. Igual que en las métricas: la primera canción en torno a ⅛, la siguente en torno a 2/8, y así. Incluso adelantaron algo de este recurso circular tan celebrado en el Nonagon Infinity, de King Gizzard And The Lizard Wizard. Pues la última canción termina con el comienzo de la primera. Aunque en estricto rigor, se trata más bien de una epanadiplosis, un recurso en poesía que iguala el primer verso con el último. Eso pone a Octavarium al lado de álbumes que empiezan y terminan igual, tales como Seventh Son Of A Seventh Son o Brat.

 

Decisiones y formalidades

Nueve: Cuando Mike Portnoy volvió a Dream Theater, no faltaron quienes celebraron la reunión de la “formación original”. Ignora que en un comienzo el vocalista de la banda no era LaBrie. También que Jordan Rudess recién entró en el quinto álbum. Kevin Moore fue el tecladista de los tres primeros discos. Y eso considera los teclados del Awake. No es menor.

Más allá del tecnicismo, ignorar el cambio de eje que significaron LaBrie y Rudess es un poco ignorar la naturaleza de Dream Theater. No solo la banda se adaptó paulatinamente a las capacidades vocales de LaBrie (hay un amplio descenso desde la paleta sonora de un álbum colorido omo Images And Words hasta uno oscuro como Parasomnia), sino que muy lentamente y casi sin advertirlo, Rudess instaló una especia de competencias de solos con Petrucci. Más de alguna canción en Octavarium o Systematic Chaos reduce un poco sus atractivos instrumentales a eso. Sin considerar que el primer disco con Rudess, Metropolis, tiene toda una serie de canciones cuyas líneas de teclado no solo son protagónicas, sino que definen por completo el tono estético del disco. Eventualmente, Dream Theater también se transformó en una suerte de laboratorio tecnológico en el que Rudess probaría cada tipo de teclado. Los resultados no solo están en los conciertos, también en el material de estudio.

 

Diez: Entre algunas decisiones inexplicables para Dream Theater, aparecen algunas estéticas y comerciales como Falling Into Infinity (ese disco incluye una composición de Desmond Child, un escritor de hits célebre por haber concebido éxitos de talla mundial como ‘Livin’ On A Prayer’, entre otros). También la de dar con un disco tan indeciso como Systematic Chaos justo después del álbum clásico Octavarium. Se podría decir que las únicas veces que ha existido una continuidad estética y conceptual ha sido entre los álbumes Images And Words y Awake. Incluso cuando los primeros dos discos con Mangini no parecen tan distintos, la verdad es que a la luz de una mínima atención delatan detalles que los obligan a distanciarse.

Quizá el peor disco de la banda, The Astonishing, no solo sea fascinante por el piso que tocaron (en ese tiempo ya se hablaba con soltura de que Dream Theater estaba girando en círculos alrededor de sus altas capacidades), sino también por la campaña al rededor. En la gira, tocaron ese disco completo y nada más. Más de dos horas sin mucho atractivo. Para cerrar, le hicieron una novela e incluso un videojuego.

 

Once: Hubo más de una generación que creció viendo a Dream Theater como una banda activa y presente, pero bajo la sombra de un constante “pero”. El hecho de que Mike Portnoy -no solo fundador y compositor central, sino toda una célebre figura en el mundo de la batería a nivel general- no participase de la banda frustraba la integración del público con la banda. Y salvo por una gira específica, Portnoy no tocó canciones de Dream Theater en ningún contexto. De hecho, en ese tiempo participó de bandas tan disimiles a Dream Theater como los mismísimos Twisted Sister. Tocó batería en su gira de despedida.

Sin embargo, nunca nadie osó a criticar la forma de tocar de Mangini. Difícil, cuando tiene un par de Guiness World Records que certifican algunas de sus capacidades a nivel mundial (literalmente). Siempre fue un tema de lo que se denominaría “el alma”. Cuando Dream Theater tocaba ‘Finally Free’ por esa época, el solo final de Mangini sugería un desentendimiento profundo con el material. En la escuela de bateristas como Lars Ulrich, Portnoy siempre desempeñó un papel de personaje, cerebro y motor de la banda del que Mangini nunca fue capaz de hacerse cargo.

 

Doce: El 2026 no ha sido exactamente un año marcado por la fiebre de los multiversos y similares. Alguna vez fue norma. Sin ir mucho más lejos, una de las películas se llevó todos los Oscar. Es irresponsable decir que Dream Theater inventó los multiversos narrativos o alguna exageración del estilo. De hecho, el pop está plagado de estas narrativas un tanto extra musicales (y otro tanto, no tanto) que le otorgan a la música toda una dimensión que originalmente no tenían. Ahora, en cuanto al metal, no son demasiadas.

Entre todas las suites en los distintos álbumes de Dream Theater, hay una que no está en ningún álbum particular, sino que está en cinco. Entre los discos que van desde Six Degrees Of Inner Turbulence hasta Black Clouds And Silver Linings, existen asimismo cinco canciones interconectadas por música y letra. Una obra de Portnoy en la que aborda su superación personal respecto a la adicción al alcohol.

Por otro lado, existen otros trazos entre discos como el hecho de que el álbum más celebrado de la banda, Metropolis Part 2: Scenes From A Memory, sea una secuela a una canción del Images And Words: ‘Metropolis Part 1: The Miracle Sleeper’. Además de las constantes referencias a personajes de esta historia en canciones sueltas por aquí y por allá. En un aspecto aún más meta, el multiverso de Dream Theater considera la existencia de Liquid Tension Experiment, una banda instrumental con Tony Levin, de King Crimson y John Lennon, en el bajo. Dream Theater incluyó secciones de Liquid Tension Experiment en su célebre suite ‘Insutrumedley’.

Curiosamente, una vez cerrada esta saga, Portnoy terminó saliendo de la banda por lo ocupado que lo mantenían otros proyectos, como Avenged Sevenfold (en esa época, una banda taquilla). No volvió hasta el 2024. Su suite intertextual lleva el nombre de The 12 Step Suite. Doce pasos.


Dream Theater se presentará en Chile el próximo 22 de abril en un concierto que será registrado para un futuro DVD. El concierto promete la interpretación completa del álbum Parasomnia y la suite ‘A Change Of Seasons’. Las entradas están disponibles en Puntoticket.

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