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‘La mano ajena’ de La mano ajena: Latinoamérica excéntrica

Escrito por Felipe León

En plena década de los 2000’s, con un manejo claro sobre tradiciones propias del sureste europeo, específicamente de los Balcanes, y una férrea conexión con la identidad popular latinoamericana, surge La Mano Ajena. Un curioso proyecto nacido en Santiago que brindó una clase maestra sobre las cualidades propias del klezmer, bajo un contexto crítico y festivo plenamente concebido en su debut homónimo de 2005.

Las credenciales teatrales que expone la agrupación se condice con la formación de sus integrantes en las artes escénicas. Su música toma formas dramáticas, circenses, eclécticas y carnavalescas, con una clara acentuación en promover búsquedas amparadas por su juguetona energía, así como una curiosidad efervescente de impresiones sonoras cambiantes y fiesteras.

Todo se desarrolla en 46 minutos que no solo cautivan desde lo más rimbombante, pues el disco también desarrolla una emotividad que en su excentricidad resulta sofisticada. Aquello se traduce sobre todo en «Favella«, haciendo alusión a la migración y el espíritu nómada como a las cicatrices coloniales sumergidas en sangre, sueños y pobreza que cruzan Latinoamérica por igual. Solo una muestra del compromiso social y el eclecticismo de ‘La mano ajena‘.

Un álbum que resume a la perfección su atractivo multicultural. Inmerso en un ambiente de abundantes estímulos, La mano ajena desglosa un imaginario de influencias varias, desde las escrita en nombres como «María derrumba mi rumba» y «Tango a la Djando» hasta la cumbia y el alterlatino, siempre en códigos cercanos al klezmer en «Aves Errantes«, «Wewo«, «Ot Azoy» y «Ashrenu (Doyna)«.

A poco de su lanzamiento llamó la atención de círculos musicales tan dispares, evidenciando el atractivo nato que poseen obras de este tipo. Y tal como pasó en aquel entonces, permanece como uno de esos registros algo ocultos a miradas superficiales, con el potencial de volar cabezas.

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