Escrito por Renata Velásquez
Fotos por Aarón Castro Pino
Directo desde México y debutando en La Florida, Diles que no me maten dio una primera impresión para recordar al público chileno que se reunió el pasado 15 de agosto en el ya emblemático Centro Cultural Rojas Magallanes.
Con un show verdaderamente hipnótico y suavizante entre sus grandes altos sonoros, el sexteto mexicano deslumbró en un show de una hora y media, a pesar de un breve corte de luz que solo alentó a los músicos y asistentes.

La velada dio su apertura con teodioteodio, banda nacional que presentó hits de su aclamado álbum debut “Echemos el cielo abajo a patadas”, que los estableció este 2026 como una figura a vigilar en la escena chilena. El dinamismo estacionado del spoken word de los nacionales fue un gran acierto sonoro, y calentó el escenario – al igual que al público- para el acto principal.

Una sutil pero persistente cacofonía sonora describe en breves palabras la emotiva, intensa y calculada puesta en escena de la agrupación norteamericana, que, recibida por una audiencia altamente receptiva (y claramente en trance) solo creció en expectativa y satisfacción de esta misma.
El impecable manejo de vientos, percusión y cuerdas, que se dividían entre todos los integrantes durante la duración del espectáculo, muestra la maestría instrumental de los mexicanos. A pesar del corte de luz y desconexión del micrófono del vocalista Jonás Derbez, su trova se mantuvo latente y, entre distensión y contención, expresó tanto vocal como físicamente de forma altamente atrapadora.

La expertise del grupo es aparente y su uso de silencio, transiciones entre canciones y juego con sus propios instrumentos (rasgando los platos de baterías para crear chillidos, o tocando el bajo con un arco de violín), demuestran su capacidad de crear atmósfera con una facilidad que parece casi innata.
Con una puesta en escena envidiable y una capacidad de receptividad a la par, el cierre del encuentro en Rojas entre la fanaticada chilena y la agrupación mexicana quedará para la memoria colectiva de los presentes, entre el whiskey compartido por los artistas con la audiencia y la camaradería tácita dentro de un público atento y ansioso por el regreso de Diles que no me maten a territorio chileno en el futuro cercano.

