Escrito por Antonia Hernández
Fotos por Aarón Castro
El pasado 6 de agosto, Matucana 100 se transformó en la pista de despegue de un espectáculo dramático como nunca antes en la carrera de Chini.png. En el concierto de lanzamiento de ‘Vía Lo Orozco’, la artista desplegó un repertorio musical certero, acompañado de un ritual en clave de obra dramática, de una fortaleza visual y emocional que ratifican su lugar imprescindible en la escena nacional.

Se trata de una obra biográfica: un vuelo en avión que recorre un tramo de la quinta región por sobre Villa Alemana, Casablanca, Quilpué y los lugares de significancia en el relato vital de la artista. La puesta en escena intermedial —con piezas audiovisuales, material de archivo, vestuarios, escenarios y hasta un videojuego platformero—, es quizás una de las presentaciones más deslumbrantes y conceptualmente ambiciosas del año, y un momento seguramente inolvidable dentro del panorama local.
Aquí el viaje es literal, pero también profundamente figurativo. Todos fuimos pasajeros del avión comandado por chini.png, su universo y sus alter egos, en una travesía de una hora y veinte minutos donde atestiguamos el trayecto íntimo que inspira la puesta en escena y el álbum: el tránsito movedizo entre la infancia y la adultez. Una línea de vida única y compleja, atravesada por el trauma al igual que tantas otras, pero sostenida por la creatividad.

En “Vía Lo Orozco” —tanto el disco como el espectáculo—, María José Ayarza reflexiona sobre los sueños y pesadillas infantiles; sobre construirse como individuo y como mujer en un mundo moldeado por las dinámicas sociales y la cultura pop. Es la infancia de mirar Mekano, la adolescencia de escuchar álbumes de Nickelback y Mägo de Oz descargados en Ares, y la adultez de llegar a la capital como foránea. Cada etapa aparece permeada por los límites sociopolíticos del momento y por los discursos circundantes —de las compañeritas de colegio, de la radio, de la familia—, pero también por el juego y la creación.
Visitar la nostalgia implica, entonces, preguntarse por el presente. ‘Vía Lo Orozco ☾’ es la canción encargada de abrir el espectáculo, donde Ayarza canta: «ojalá el jueguito pague los dientes / que me voló el que me dio este trabajo / de presumir ante todos la herida». Más adelante se le escuchará divagar sobre el valor de dar la opinión siendo artista, de poner en escena algo que nadie —al menos no de forma explícita— pidió. Como alguna vez escribió Jenny Hval: «tiene que haber alguna forma de arte en donde pueda verter mi sangre».

En el escenario emerge el primer alter ego de Chini.png: Feik Nius, una voz encarnada en una figura estrafalaria que sintetiza las inseguridades. De manera literal, con dos Chinis en escena, la segunda —Manflorita— es asesinada de un disparo por Feik Nius, dando inicio formal al vuelo comandado por esta extraña capitana (o capitán).
Se abre así el debate sobre las distintas facetas de una misma identidad y nuevamente sobre la audacia y el valor del artista. Sin embargo, Chini está lejos de ser poeta maldita, sumida en la autocompasión y el victimismo de los vicios y la melancolía. Aquí, la vulnerabilidad funciona como una ofrenda, como un canal para crear, sí, pero sobre todo para conectar y extender una reflexión colectiva.

‘Timida ✧’ continúa el recorrido acompañada de las gráficas pixeladas del videoclip realizado por Antenna Cheese, y que toma forma nueva en un minijuego flash que se había anunciado de manera previa al concierto, desarrollado por Francisco Ayarza, hermano de la artista. Un tierno tributo a la niñez y las dimensiones y distorsiones que afectan a las cosas cuando se es tan pequeño, en sintonía con los samples, grabaciones, voces infantiles y texturas sonoras que reivindican la infancia a lo largo de todo el álbum.
En ‘Pide un deseo ✩’ irrumpe un tercer personaje: Cacho de Cabra. Se le presenta como el diablo, Belcebú, el demonio, y quizás simplemente, el choque de realidad, la contraparte y reverso amargo de la fantasía infantil. Un hombre con cuernos animales y terno que carga una guitarra como si pesara toneladas, mientras de fondo Ayarza canta, «ya no eres una niña, algunas cosas no se pueden cumplir».

Sobrevolando un volcán imaginario, el público se pone de pie para ‘Lava ᨒ’, seguida por un video-monólogo entre María José y Feik Nius. Las ansiedades cobran voz dentro de uno mismo y la historia de vida se entrelaza con lo que vemos en el escenario: aprender a ser una niña extraña, combatir la culpa católica, sentir vergüenza de una misma, caer, fingir, y al final, aceptarse.
El avión viaja entonces a través del tiempo. Es la misma máquina temporal que sostiene Chini en la portada del álbum. Es, a la vez, cada uno y todos los viajes que construyen a una vida artística y personal, aquella que busca reconciliarse con las turbulencias, y sobre todo, con la niña que ya no está y que vivió en un mundo que ya no existe: con una calle que se extinguió, un río que se secó y una construcción que demolieron, todos recuerdos de nostalgia convivientes hasta hoy.

En ‘Oro 𖤓’ aparecen los primeros invitados, Laurela, Nando García y Javiera Parra suben al escenario vestidos de monja como integrantes simbólicos de la Iglesia de Lo Vásquez —otro escenario crucial en la infancia de la artista— para entregar una performance coral de amor sumamente bella y emotiva. Al empalmar con ‘Hierro ⬭’, reaparece Cacho de Cabra, aún en terno, lanzando confeti y lamentándose amargamente de sus propios logros.
Sigue ‘Manflorita ♡’, acompañada por Metalengua en el rol de enfermeros de la razón, y marcando el retorno de la versión de piel verde y rasgos monstruosos de la artista. Una canción concebida en pandemia sobre una vida mediada por pantallas, otra Ayarza habitada por nuevas inseguridades y miedos propios del mundo moderno, distante a la pequeña sampleada y vista en el material de archivo. Al final de esta canción, una voz anuncia por altavoz la demografía actual de Vía lo Orozco: aquí queda solo un habitante.

«A veces me ha parecido humillante ser yo mismo» resuena en ‘Reliquia I 𖠿’, sucedida por ‘Ciencia ⬡’ y ‘Reliquia II ༄’. Aunque el pasaje y la imagen parecen desoladores, rodeada de los presentes el mensaje se renueva. Chini podrá ser la única habitante de Vía Lo Orozco, pero no está sola. Son Chini y su banda. Chini y su música. Chini y sus recuerdos. Chini y sus canciones. Chini y todas las versiones y facetas artísticas de sus creaciones, haciéndose y deshaciéndose. Y ante todo, Chini y María José.
Aterriza el avión y Vía Lo Orozco llega a su fin con una reflexión imprescindible. Al hablar con Expectador en noviembre Ayarza comentó «ser artista es estar muy en uno, y ¿qué pasa cuando uno sale de eso?». Pareciera que allí, en esa paradoja emotiva y honesta, concluye el espectáculo. En la complejidad de re-visitarse y re-conocerse hacia el pasado, reside también la capacidad de mirar alrededor: a quienes nos crían –sus padres, a quien dedica la noche–, a quienes nos antagonizan, o encarnan la contradicción, y a quienes acompañan y caminan al lado.

Tras el desenlace conceptual de la obra, y con banda completa, Ayarza da el último cierre con canciones de entregas anteriores. Liberada de la dramaturgia y acompañada por este equipo —Juan Desordenado en guitarra, Pepe Mazurett en batería, Leo Jara en el bajo y Maca Galaz en coros—, este último bloque levanta nuevamente al público de sus asientos, llevándolos al pasillo junto al escenario con la carga eléctrica de ‘Venenos’, ‘Laurel’, ‘Árboles y pasarelas’ y ‘Cinta blanca’.
Al encenderse las luces de Matucana 100, la jornada termina con tanto la certeza como la ambigüedad de transitar por la memoria. Amistar con los fantasmas del pasado y las identidades dentro de cada uno no tiene por qué hacerse en soledad. Al menos, en el universo de Chini.png, el trayecto íntimo puede ser a la vez catarsis y abrazo en colectividad.
Setlist de Chini.png en M100:
- Vía lo Orozco ☾
- Tímida ✧
- Pide un deseo ✩
- Diagonal ➶
- Lava ᨒ
- Oro 𖤓
- Hierro ⬭
- Manflorita ♡
- Reliquia I 𖠿
- Ciencia ⬡
- Reliquia II ༄
- Venenos
- Laurel
- Árboles y pasarelas
- Cinta blanca
