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Entrevistas

Carlos Cabezas: “En Chile suele suceder que se reconoce el trabajo de las personas cuando ya no están. Y eso no es bueno para nosotros”

Por Nicolás Merino
Foto por Aarón Castro

Carlos Cabezas está cerrando su ciclo Mil Cabezas. Se trata de una serie de conciertos retrospectivos que repasan su extensa carrera, a través de proyectos de su autoría como Electrodomésticos, La Banda Del Dolor o Cordillera.

En esta entrevista con Expectador, se refirió al proceso de revisar su carrera, su relación con el escenario y algo de su retórica frente al arte. Entre otras cosas.

El lanzamiento de Mil Cabezas En Vivo será el próximo 4 de julio en el Centro Cultural CA660 de la Fundación CorpArtes. Las entradas están disponibles en Ticketplus.


A propósito del lanzamiento del último adelanto del registro en vivo Mil Cabezas, el registro de conciertos ha sido transversalmente importante en su carrera, ya sea con Electrodomésticos o como solista. Existe toda una dimensión alternativa al trabajo de estudio. En este contexto, ¿qué relación tiene con el concepto del disco en vivo hoy, que por los registros en internet está cada vez más a la baja en relación a décadas anteriores?

Siempre ha habido un tema ahí con lo que significa grabar en vivo. Están esos discos también, El frío misterio. Grabar en vivo tiene todo un espacio que es distinto a lo que significa el trabajo en estudio, porque el trabajo en estudio tiene unas etapas de preproducción, producción, ensayo y cuántas cosas, y bajas y grabas así con una rigurosidad. Pero el grabar en vivo tiene como una frescura y un momentum que es bien significativo en términos de lo que significa para una banda hacerlo.

Cuando grabamos el primer disco en el bar, El asedio al sufrir, tenía que recordar cómo se hacía antes, en los años sesenta. En los años sesenta grababas el disco el día lunes y el viernes estaba el single en 45 RPM disponible. Era algo muy rápido, muy instantáneo, sin tanto procesamiento, por decirlo, sin los niveles de producción que se fueron desarrollando con el tiempo.

Entonces esa frescura, esa energía que se da en el vivo, es atractiva como ejercicio para los músicos en general. Y a nosotros siempre nos ha interesado contrastar eso con lo que significa el trabajo en el estudio, que es otro espacio que también tiene sus atractivos, donde llega a otros lugares. Entonces, tener esos dos espacios funcionando, como que se realimentan entre ellos también. Sentimos que es algo que nos hace bien a los músicos: pasar por ese tipo de experiencia de grabación.

Con un peso emocional distinto, y quizás eso dialoga un poco con la pregunta anterior. La misma densidad y potencia de una interpretación en directo suma un a la tesis de la canción.

Sí, tiene que ver con eso. Queríamos que fuera también de La Banda del Dolor. En lo que pasó con Mil Cabezas, como que hizo que se revivieran las energías de estos distintos espacios.

La Banda del Dolor, con la que nos hemos juntado en general para ocasiones bien significativas, han sido siempre situaciones especiales. Nos juntamos para grabar el disco El Resplandor. Creemos que ‘No estás’, es muy significativa de lo que es el espíritu de La Banda del Dolor. Tiene que ver con un lenguaje local, popular, y dentro de lo que hacemos con La Banda del Dolor creo que representa bastante bien eso. Por ahí nos entusiasmamos con ponerla como segundo single.

¿Cómo define usted, al momento de crear, si una materialización creativa es propia de un proyecto u otro? Incluso pensando en que proyectos como Electrodomésticos han cambiado múltiples veces de formación.

Yo diría que Electrodomésticos tiene una estética bien específica, independiente de los integrantes. Entonces, Electrodomésticos tiene una estética bien específica, un lenguaje bien específico. Por ejemplo, Electrodomésticos es un espacio conocido, cómodo, donde apareces solo. O sea, no hay que concentrarse, sino que te ponen el modo Electro nomás y apareces solo. Es un lenguaje que ya está instalado hace mucho tiempo.

La Banda del Dolor, en cambio, tiene estéticamente -en términos de lenguaje- algo mucho más amplio. Parte del trabajo solista, el disco El Resplandor también es fundamental ahí, pero también recorre trabajos de música de películas, qué sé yo, trabajos que recorren otros lenguajes.

Pero creo que de a poco también se ha ido estableciendo un espacio que es más eléctrico. La diferencia es que Electrodomésticos es electrónico; La Banda del Dolor es eléctrica, es guitarra.

Entonces, dentro de eso, también hay un espacio que de a poco se ha ido instalando. Salen solos los temas en ese lenguaje.

La preparación para Mil Cabezas, que por supuesto consideraba ser una retrospectiva amplia y muy completa, ¿hubo conclusiones nuevas sobre su propia carrera? ¿Qué reflexión hubo, más que de la producción de un concierto, de su propia discografía?

Fue un concierto muy significativo en muchos aspectos. Esto partió con esta idea de celebración, de revisar un poco todos estos ámbitos de trabajo en los que habíamos estado. Pero al principio teníamos aprehensiones: que no se leyera como un auto homenaje.

Tuvimos harto cuidado con eso, porque en general uno está mirando todo el rato para adelante. No está mirando para atrás a lo que hiciste. En general, yo creo que nos pasa a los músicos eso: no estás considerando en algún minuto mirar para atrás y hacer una retrospectiva de algo. Es como cuando ya estás cerrando las puertas. En general, uno mira para adelante con mucha energía y con ganas de seguir haciendo cosas. Entonces no se da tan fácilmente esto de reflexionar sobre el trabajo que has hecho.

Pero el trabajo se fue dando de manera de entenderlo como esta celebración, como este cumpleaños de los cuarenta años. Y quedamos muy contentos con el resultado, porque el desafío era súper grande. La misma presentación fue un desafío importante. La adrenalina al tope durante el concierto.

Dentro de los colaboradores que veíamos, estaba Gaspar Antillo, el director de cine, que grabó todo en cuatro cámaras. Nos dijeron que nos ayudara a desarrollar el guion del concierto. El concierto era como una película en vivo, entonces era un desafío bien grande en términos artísticos.

La sensación que tenemos después es que la gente valoró eso. Quedamos contentos por eso, porque el resultado fue un evento que a todos nos entregó algo. A todos los músicos que estuvimos ahí. Fuimos casi treinta músicos finalmente.

Creemos que la gente entendió que finalmente fue un evento que tuvo un peso artístico específico. Más allá de la celebración, fue un evento especial. Entendemos que no se había hecho algo así antes. Hay temas emocionales, personales. Ahí estuvieron mis tres hijos trabajando: Bruno, en Electrodomésticos; Clara, cantamos juntos; Amalia, mi otra hija, participó en todo el equipo creativo y en todo el diseño artístico. Entonces hay muchos ámbitos distintos y muchos artistas distintos que tiene este recital, que va a estar para siempre. Una relación única donde se mostraron todas estas bandas juntas.

Es el recital más significativo que he tenido en la vida, en mis trabajos con la música.

Creo que hablar de su discografía no se limita a esta misma –que es muy celebrable– sino que también refleja un mapa y un esquema musical chileno que ahora no existe, por el mero paso del tiempo. Pero da la impresión de que hay mucha modestia, sobre todo en relación a otros músicos de esa misma generación. ¿Por qué?

El trabajo creativo y el trabajo artístico necesita de una honestidad, una limpieza y una autenticidad que a veces se puede enredar cuando hay demasiado cariño al ego. Desde siempre ha sido así. Quizás como partimos, ¿cierto? No éramos músicos. Bueno, terminamos haciendo lo que hicimos, pero siempre partimos desde el autodidactismo, por decirlo.

Entonces, todo lo que siga avanzando, lo recibes como un regalo. Sentir esa humildad con el trabajo creo que le hace bien al trabajo. No lo evita, pero evita contaminarlo con temas que a veces a los seres humanos nos enredan un poco y nos distraen. Mantener una cierta humildad en el trabajo creo que hace bien. Como te digo, mantiene los procesos creativos más limpios.

En general, al momento de componer y hacer las cosas, tratamos de que la cabeza esté fuera, que la inteligencia, la astucia, la estrategia, todo ese tipo de cosas estén fuera para que lo que aparezca sea realmente visceral, de la guata. Sentimos que eso conecta mucho más claramente con la gente que lo otro: tener estrategias, pensar qué es lo que la gente espera de nosotros, qué es lo que se está escuchando, ese tipo de cosas. Creo que la humanidad tiene una independencia también. Por ahí tratamos de cuidar eso.

También hay ideas, cuando crecieron desde la productora, esta idea de la celebración, de que en Chile suele suceder que se reconoce el trabajo de las personas cuando ya se fueron, cuando ya no están. Y eso no es bueno para nosotros. Yo estoy de acuerdo con eso. Ese fue también uno de los postulados que tuve: aprender a reconocer el trabajo que hacemos en general los artistas. En Chile nos cuesta reconocer el trabajo de nuestros artistas.

En el último tiempo ha ido cambiando eso. Los estadios que hicieron Los Bunkers, Los Tres que llenaron Movistar, el trabajo que hace El Macha, por ejemplo, que tiene un reconocimiento masivo, están hablando de que estamos teniendo más capacidad para reconocer el valor de lo que se acerca. Hay que trabajar en eso. Por ahí creo que fue uno de los puntos para darle fuerza a este proyecto también.

Respecto a trabajar con músicos de escuelas y generaciones, ¿tiene que ver más con usted nutriéndose de ellos o ellos nutriéndose y adaptándose a una serie de canciones que, por cierto, son muy personales?

Yo creo que la nutrición ahí va por los dos lados. Lo significativo es que todos nos nutrimos de lo que significa trabajar en espacios donde se juntan distintas generaciones, distintos lenguajes, distintas experiencias de vida. Básicamente, en la música son las experiencias de vida de cada uno. Creo que nos hace bien a todos eso. Siempre la sensación que una canción puede causar en otra persona va a ser distinta, va a ser refrescante, va a agregar un ángulo distinto a lo que uno ha entendido de la canción.

Entonces, creo que es un ámbito en el que todos nos retroalimentamos. Creo que eso se sintió bien claramente en el backstage. La sensación que había en los músicos tenía mucho que ver con eso. Se despertó un cariño en el trabajo muy potente. Estábamos todos muy felices, muy contentos por esa posibilidad de este espacio donde se siente que se valora el trabajo de cada uno de nosotros y lo que significa el cruce de este trabajo en una situación como la que se da en el Teatro Municipal, que es como ir de traje largo, por decirlo de alguna manera.

Muchos de los músicos no habían estado ahí antes. Entonces creo que es una situación que a todos nos retroalimenta muy bien. Nos apoya los motivos esenciales por los que estamos en la música en general, que son esas energías internas que todos tenemos, pero que normalmente no tienen mucho reconocimiento. Una situación así ayuda mucho a sentir que tiene un sentido todo este compromiso que tenemos con la expresión artística en nuestro país.

Para ir cerrando, ¿qué se puede esperar del concierto del 4 de julio? 

Te contaba antes todo lo que significaba en términos de trabajo, de nerviosismo, todo lo que significaba el Teatro Municipal. Aquí es como puro disfrutar, diría yo. Hay invitados también, pero esto es mucho más ya un disfrute.

También lo presentamos en Valparaíso y en Concepción. También tiene como significado especial que es la última vez que se van a poder ver todas estas bandas en vivo. Pero cada concierto tiene una propia identidad. El del Municipal tuvo lo suyo, el de Valparaíso tuvo lo suyo, el de Concepción tuvo lo suyo. Y esta es la presentación del disco.

Básicamente, es revivir la energía del show del Municipal con invitados, pero aquí vamos a disfrutar. La idea es disfrutar plenamente lo que significó este concierto, que ya lo tenemos como experiencia en el cuerpo, y cerrar este ciclo celebrando y disfrutando.

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