Escrito por Felipe León
Cuando en pleno cambio de milenio, las agrupaciones más extremas del punk comenzaron a fusionar la densidad emocional del screamo con la caótica agresión del powerviolence, nació un sonido denominado a futuro como emoviolence. Desde aquel entonces, esta corriente radical no ha hecho más que ser un semillero de notables actos como Lord Snow, con obras aportadoras como ‘Solitude‘ (2013).
La agrupación de Chicago captura parte del atractivo nato del subgénero, al integrar aspectos técnicos a su propuesta, bajo una visión que encaja con las cualidades interpretativas de sus integrantes; personas instruidas en sus respectivos instrumentos. Toda una sacudida de altas proporciones ejecutada en solo 19 minutos, donde la mayoría de temas, como es costumbre en música como ésta, con suerte bordean el minuto de duración.
Lord Snow retrata un hastío fulminante a nivel emocional, mental, corporal, a través de una ejecución física que lo es todo. Precisamente por la expresión sensible y catártica que ruge tras su frenética instrumentación, repleta de gritos desgarradores, intensidad disonante y errática ansiedad.
La existencia carcomida por el peso de la vida moderna, donde el aislamiento y la alienación tocan a la puerta con escandalosa veracidad. ‘Solitude‘ pone al frente desde reflexiones sobre el ego hasta desencanto o sobrevivencia, con canciones que sacan al máximo su potencial como «Dark Cloud«, «Corpse Pose«, «She’s Clearly Made the Most of It» o «The Background Static of Perpetual Discontent«.
Por otro lado «Selfish Sleep«, «Yellowmarillo» o «Booker Dewitt» ofrecen ciertos matices al disco, que sin recurrir a una intensidad constante, presenta la violencia desde otra perspectiva. Construir camino previo al impacto, o bien acogerse a una extensión mayor con la ambiciosa «Solitude«, en medio de cortes cortos y directos que pintan a Lord Snow como un acto relevante del punk extremo.
