Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por Aarón Castro
La agrupación japonesa, DEVILOOF, concretó su retorno a Chile después de dos años, con un agitado show en Teatro Cousiño que ignoró el apremiante frío que acaeció en la capital en la noche otoñal de ayer. Se trató de una velada que muestra la importancia de los códigos que existen en los nichos, esos recovecos que contienen en sus espacios propuestas musicales a la espera de ser descubierta por sus ávidos oyentes. Y aunque si bien la asistencia a esta jornada fue modesta, al mismo tiempo dejó al descubierto el fiato que existe en este tipo de comunidades, tanto entre sí como para la banda en cuestión. Algo que ya se veía con la cálida y atenta recepción que tuvieron los teloneros We Are The Monster.

Un punto a considerar es cómo DEVILOOF se sitúa algo a las afueras del modelo clásico de industria en Japón, y aunque firmaron con Tokuma Japan Communications en 2023, sí es cierto que la forma en cómo funcionan se asimila mucho más a una banda autogestiva. O como mínimo, se comportaron como tal en su segunda visita a nuestro país, probando sonido en los minutos previos a su show ellos mismos, así como no mostraron ningún gesto de carácter burocrático en la logística del show. Esto es algo que ciertamente les desmitifica ante los ojos de sus seguidores, dándole otro tono a la devoción que mostró la audiencia durante la velada.
Con atuendos y maquillaje que bebe del folklore japonés, lo gore y lo fantasmagórico, Keisuke, Daiki, Ray y Kanta brindaron un show sin concesiones y directo al grano desde el primer minuto con la arrolladora «GouZinZanGoku». Bueno, DEVILOOF es una banda de deathcore –y metalcore–, ese tipo de entrega se siente hasta natural y debida. Pero es la lógica del teatro Kabuki que fundamenta los principios del visual kei –como estética y género–, que impregnó sus performances y entrega de una impronta irremediablamente teatral visible en cada verso y riff. En especial en la forma en como el vocalista Keisuke cambiaba bruscamente de técnicas vocales para sus guturales, siendo un verdadero despliegue de tremenda expertise en el arte de los growls.

Es cierto que el público no destacó exactamente por la fisicalidad, aunque definitivamente hubieron múltiples momentos donde saltaron masivamente –y unos cuantos que se animaban constantemente al circle pit y los intentos de wall of death–, pero eso era compensado por, como mencioné anteriormente, estos códigos que existen en los nichos. El compartir ciertos aspectos identitarios y celebrar ese mismo hecho, ya sea desde la vestimenta, lo relacional con otros asistentes o, bien, el simple pero poderoso hecho de compartir el mismo gusto. En papel es algo básico, pero es ese tipo de cosas los que hacen de una jornada cálida y fraterna.
Era común ver como entre canciones como «Kaika», «Natural Born Killer» o «ESCAPE» los músicos en escena sonreían de forma genuina, poniendo atención a quienes tenían en frente fuera de cualquier solemnidad –a pesar de que su propuesta demanda, relativamente, cierto ápice ceremonioso–. Eso era agradecido, entre los verdaderos ladrillos de canciones que disparaban, mostrando un diestro manejo técnico de sus integrantes –en especial de su baterista, Kanta. Una bestia–.

Finalmente, cabe mencionar el exquisito contraste que brindaban las salidas al visual kei y el metalcore melódico, como en el caso de cortes como «Dusky-Vision» y «DESTINATION», añadiendo una necesaria cuota de melodías vocales que eran correspondidas por el público quien cantó dichos versos con sumo ahínco. Un ejemplo –de varios– de cómo se desarrolló esta velada, en donde el gore fue sitio donde nació un cálido sentir de hermandad.
Setlist de DEVILOOF en Chile:
- Gouzin Zangoku
- Newspeak
- ISHTAR
- Underdog
- Aishite Kudasai
- Kaika
- Inshu
- Natural Born Killer
- ESCAPE
- HERO=MURDERER
- Dusky-Vision
- DESTINATION
- Ruin
