Escrito por Guillermo Cortés
Fotos por Staff MWAM
En una fría noche de mayo, cuando los días se hacen más cortos y las noches parecen eternas, los lobos del rock japonés finalmente llegaban al Teatro Coliseo para ofrecer un show que se viviría como antes: sin celulares en alto, sin la obsesión de grabarlo todo para redes sociales y con una única misión, disfrutar la música.

Esta era mi primera vez asistiendo a un espectáculo donde estaba prohibido grabar, así que naturalmente comenzaron a surgir varias dudas: ¿cómo se comportaría el público?, ¿realmente respetarían la petición de la banda? Y, sobre todo, ¿podría esta experiencia cambiar mi percepción sobre los conciertos?
Al entrar al teatro, el recordatorio era claro: no fotografías ni videos. Cerca de las 20 horas, un traductor volvió a repetirlo por micrófono. Esto no era un capricho de producción, era una petición directa de la banda.
Pocos minutos después, las luces se apagaron y MAN WITH A MISSION comenzó a abrirse paso hacia el escenario. Las inconfundibles máscaras de lobo aparecían por primera vez en nuestro país y el Teatro Coliseo explotó en emoción.
La primera canción fue “Vertigo” y Santiago respondió con una euforia impresionante. En vez de celulares en el aire, había brazos levantados, saltos y gritos descontrolados. Desde el primer piso la intensidad se veía increíble, pero al mirar hacia las galerías la sensación era la misma, todo el teatro estaba completamente entregado a la banda japonesa desde el primer minuto.

El concierto continuó con “Dark Crow” y “Hey Now”, canciones que no hicieron más que aumentar la euforia del público. Los músicos se veían completamente fascinados con la intensidad chilena y sería Jean-Ken Johnny, el guitarrista, quien sería el encargado de interactuar con la audiencia durante la noche. En sus primeras palabras confesó que estaba impactado por la energía del Coliseo, aunque ni él ni el resto de la banda imaginaban que esa emoción terminaría marcando toda la jornada.
Luego llegaron canciones como “Dead End in Tokyo”, “Database” y “Reaching for the Sky”. Tras esos primeros temas ya se notaba que MWAM estaba realmente impresionado con el recibimiento. Y honestamente, yo también lo estaba. No sé si fue por tratarse de su primera vez en Chile o por la ausencia de celulares, pero hacía mucho tiempo que no veía al Coliseo así. La energía era contagiosa y parecía transmitirse directamente entre público y músicos, como si ambos estuvieran trabajando juntos para convertir el show en algo inolvidable.
Para cerrar la primera parte sonaron “Winding Road” y “When My Devil Rises”, antes de llegar a uno de los momentos más altos de la noche con “Seven Deadly Sins”. Todo el teatro la coreó con una fuerza imposible de ignorar; era de esos momentos que realmente te ponen la piel de gallina.
Después, el guitarrista, el bajista y el vocalista abandonaron el escenario momentáneamente para dar paso a una especie de duelo entre el baterista y el DJ, que sacó aplausos de todo el recinto. Al terminar, un video comenzó a proyectarse en la pantalla gigante.
La segunda parte arrancó con Jean-Ken Johnny y el segundo guitarrista interpretando acústicamente “Dive”. Curiosamente, este fue el único momento de la noche donde aparecieron celulares, pero no para grabar, sino que la gente solo los utilizó como linternas para acompañar la interpretación más íntima del concierto.

Cuando la banda volvió completa al escenario, comenzaron los primeros acordes de “Merry-Go-Round”, y ahí la conexión entre músicos y fanáticos ya se sentía total. Parecía existir un intercambio constante de energía donde ambos se empujaban mutuamente a dar aún más. Así continuaron con canciones como “Take Me Under” y “Fly Again”.
Ya entrando en la recta final, Jean-Ken Johnny volvió a dirigirse al público para agradecer el apoyo hacia la música japonesa y, especialmente, hacia ellos. También aseguró que Chile era una de las audiencias más intensas que habían visto y que le contarían a otras bandas japonesas sobre lo vivido esa noche. Con eso dieron paso a “Against the World”.
Tras 14 canciones llegaría “Kizuna no Kiseki”, el famoso opening de la tercera temporada de Demon Slayer. El Coliseo estalló inmediatamente en una verdadera fiesta de saltos, gritos y manos en el aire. La euforia fue tan grande que incluso repitieron el coro para grabar al público, desatando todavía más emoción.
La banda abandonó el escenario, pero Santiago pidió su regreso a gritos. Y cuando volvieron, la sorpresa fue enorme, todo el teatro comenzó a pedir “Emotions”, canción que ni siquiera estaba contemplada en el setlist original y que terminó reemplazando a “My Hero” en esta presentación. Finalmente, la última canción fue “Raise Your Flag”, encargada de liberar la última gota de energía que quedaba en el Coliseo. Entre saltos, gritos y banderas chilenas levantadas, el concierto cerró con una imagen realmente hermosa.
Creo que este es uno de esos conciertos difíciles de explicar si no estuviste ahí. La conexión entre público y artistas fue algo especial, un intercambio genuino donde, canción tras canción, ambos parecían llevarse cada vez más lejos. Sin duda, el público chileno dejó una huella imborrable en el corazón de MAN WITH A MISSION. Y después de una noche así, queda claro que la banda encontró un nuevo hogar en Chile.
