Live Reviews

Aeródromo en Concepción: Cuando el ruido se hace fiesta

Escrito por Catalina Figueroa

Fotografías por Duvan Artigas 

La banda penquista presentó en vivo su primer lanzamiento, dejando en claro su propuesta sonora y algunos adelantos de lo que sería su segundo LP.

La noche del sábado, Casa de la Música fue escenario de la presentación en vivo del primer disco de Aeródromoa veces para siempre”, en una jornada que dejó euforia entre los asistentes y que, además, resultó ser punto de encuentro con otros grandes proyectos del Indie Rock, al contar con Inundaremos y Déjenme dormir como bandas invitadas.

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La jornada comenzó con Déjenme Dormir. Con un set energético y dinámico, que atravesó distintos momentos de su discografía, con temas de Neumonía hasta lo mejor de su último lanzamiento Bronce.

Desde las primeras canciones, la banda logró activar al público con saltos rítmicos y letras coreadas. La lírica de los intérpretes de “Monótono Lugar” se destaca por cargar con un sentido catártico, conectando siempre al público con la presentación.

Guitarras frontales, una batería insistente y constantes cambios de intensidad marcaron una presentación que se hizo -tal vez- breve, pero efectiva, donde el movimiento se mantuvo tanto arriba como abajo del escenario.

Cuando el sonido etéreo inunda el lugar

La tarde continuó con Inundaremos. Aunque igual de fuertes en su propuesta, llevaron a los asistentes hacia un terreno menos caótico y mucho más contemplativo.

El  indie rock alternativo, una voz femenina y el distintivo uso de saxofón de la banda generó un cambio de atmósfera en Casa de la Música, construyendo un momento más inmersivo y de alto nivel, con una banda que cuidó los detalles y entregó una presentación sólida.

El universo sonoro de Inundaremos transmite profundidad y textura a canciones sostenidas sobre capas de reverb, guitarras ambientales y cantos suaves, mas no por eso menos fuerza. La iluminación acompañó bien ese tránsito: tonos fríos, contraluces que potenciaron el carácter del show, un ambiente calmo, de poco mosh, un algo psicodélico pero con un mensaje claro y bien entregado.

A veces para siempre (ayer fue una de esas veces)

Pero el centro de la noche estaba reservado para Aeródromo. Desde antes de comenzar el show, el escenario ya dejaba ver su propuesta visual definida y ambiciosa. Con los integrantes casi “uniformados” usando el mismo tipo de camisa y visuales variadas, pero con iluminación en color en rojo (mismo color del logo de la banda), expresaron fielmente su propuesta con una estética que, aunque evolucione, se mantiene coherente y dialoga con la nostalgia, la euforia y la sensibilidad juvenil que caracteriza sus letras.

Musicalmente, Aeródromo sostuvo un show intenso, físico y en permanente movimiento.

Al comenzar con la presentación del disco, Diego Olave, vocalista, bien expresó: “Bienvenidos a nuestra fiesta” para interpretar la canción homónima y desatar una actitud totalmente acorde a la invitación por parte de los asistentes.

Uno de los puntos más sólidos de la presentación fue el trabajo sonoro. Incluso en los momentos de mayor saturación instrumental, las guitarras conservaron claridad y peso, mientras la base rítmica sostuvo con firmeza una presentación en la que el mismo público marcó el ritmo entre saltos.

Además del recorrido por a veces para siempre, Aeródromo aprovechó la instancia para presentar cuatro canciones que formarán parte de su próximo disco: “Coldplay”, “Horas Espejo” (canción más que conocida y bien recibida por quienes han visto a la banda en vivo anteriormente), “Bruma” y “Huesos”.

Contaron con dos invitados, reforzando el carácter celebratorio de una fecha que, más que un simple lanzamiento, se sintió como un punto de consolidación para la banda dentro de la escena independiente, misma consolidación que promete expandirse con novedades musicales.

Las visuales, referencias futboleras, extractos de teleseries chilenas y el logo de la banda, fueron parte de una presentación que se sintió consistente y bien armada.

La audiencia acompañó hasta el final y hasta con un “olé olé olé: aeró-dromo”. El evento funcionó como el paso simbólico de una primera etapa para la banda, y también como una muestra de la dirección a la cual se está desplazando el imaginario sonoro y estético del cuarteto penquista.

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