Escrito por Bárbara Conejero
Estrenada en el festival de Tribeca, Cuerpo Celeste, de Nayra Ilic, narra la historia de Celeste, una adolescente que, al igual que su país, se enfrenta a un proceso de profundos cambios.
Ambientada en el desierto de Atacama, la cinta cruza el paso de la niñez a la adultez con la transición de la dictadura a la democracia, en un relato íntimamente ligado a la infancia de la cineasta en el norte del país.
Una cinta que ha sido aplaudida en festivales de cine internacionales como el Festival de Cine de Málaga, el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, ganando el Premio WIP Latam en Festival de San Sebastián en 2024 y la mención especial del jurado en el Tribeca Film Festival en 2025.
En el marco de su estreno en cines comerciales, Expectador conversó con la cineasta chilena sobre la importancia de la memoria, los simbolismos de su obra y la adolescencia como experiencia transversal.
El contexto político aparece de forma sutil y no como tema central. ¿Por qué te interesaba que ese trasfondo político estuviera presente más como atmósfera que como eje narrativo?
Me parecía importante que estuviera como trasfondo, pero que en algún punto se tomase la película desde una manera atmosférica, es decir, si bien el eje central es la protagonista y cómo ella ve el mundo: lo que le pasa, sus temas familiares, sus amores, sus viajes, su forma de escapar. También me parecía interesante cómo ella podía ir de a poco entrando en un contexto sociopolítico complejo, pero que ese contexto entrase en el espectador como un todo.
No quería hacer un cine panfletario que buscase tomar ciertas consignas muy importantes, sino que quería problematizar el contexto político también como un ejercicio de memoria, y me parecía que el ejercicio de recordar y de hacer memoria también implica no tener tan claro los recuerdos.
La memoria también se simboliza por medio de los objetos, estos objetos que van adquiriendo significado en la vida de Celeste
Una de las cosas que me gusta es cómo los objetos y el universo físico de la persona se va armando poco a poco en su pequeña colección, que son unos mini cadáveres de lo que encontró, como estos trozos de vida que va guardando para no olvidar.
Creo que las personas nos preocupamos mucho de cómo lograr las metas, de avanzar, pero creo que esos ejercicios de memoria de dónde estuvimos, qué hicimos, muchas veces nos lo traen los objetos.
Muy propio del desierto, la cinta tiene un ritmo pausado y sugestivo, con un gran hincapié en los silencios y en lo que ellos significan ¿Por qué era importante para ti trabajar el espacio desde los silencios?
Comprender el desierto de Atacama también tiene que ver con entender sus distancias, y cómo viaja el sonido en sus distancias, lo mismo con la visualidad. Uno puede ver muy a lo lejos, en el horizonte, cómo se aproxima un auto, hasta que llega, y eso toma un tiempo, porque el desierto tiene tiempos largos.
El desierto también te lleva a un tiempo interior, a transitar los espacios habitando un poco esa aproximación de que está muy lejos del tiempo contemporáneo de la urbe.
Me parecía importante fijarlo porque no solamente nos permite entender una época -una época pre-celulares, en el límite del internet- sino que también porque el desierto tiene su elocuencia. Poder observarlo y entenderlo un poco más porque ella es una niña del desierto.
El silencio también tiene mucho que ver con la adolescencia, como en meterse en un mundo interior
La adolescencia yo creo que es un periodo tremendamente complejo por la cual todos los adultos pasamos y en el que hay mucha confusión. Hay muy pocas cosas que se entienden, muchas que no tienen palabras todavía para ser dichas, pero muchas emociones que se están elaborando internamente y yo quería mucho trabajar una adolescencia en donde todo lo que pasa está ocurriendo adentro de ella y a través de sus ojos.
Lo que ella ve es lo que está entendiendo y, al mismo tiempo, lo que está percibiendo internamente sin tener que decirlo todo, porque me parecía que por lo menos Celeste es una adolescente que hace más de lo que dice: va, actúa y reacciona, porque lo que ella busca lo busca con el cuerpo. El cuerpo atraviesa el desierto, el cuerpo camina hacia donde está su amigo, el cuerpo la lleva a andar en un auto, el cuerpo la lleva: es una niña de acción y de reflexión.
¿Y cómo se trabajó ese proceso junto con Helen Mrugalski?
El trabajo con ella fue increíble, porque Helen es una actriz talentosísima. Muy receptiva, inteligente y sensible. Entendía perfectamente al personaje: lo que le pasaba con su mamá, con los amigos, con su familia, el contexto. Entendía lo que estaba sucediendo como actriz al leer el texto, pero también hicimos un trabajo de ensayo actual que para mí fue muy importante, en el que establecí los triángulos relacionales entre los personajes.
Helen tuvo la capacidad no solamente de seguir las indicaciones y entender las marcas muy precisamente -que es muy difícil, porque es una película que juega con cosas que están totalmente fuera de foco- había un ejercicio muy complejo y ella tenía mucha capacidad de repetición y eso es porque ella es muy talentosa.
Me llamó mucho la atención la relación con la mamá, interpretada por Daniela Ramírez ¿Qué te interesaba explorar de la relación madre-hija en la adolescencia?
Me parece que los vínculos madre e hija son tremendamente complejos, sobre todo en la adolescencia. Creo que hay muchas tensiones que empiezan a surgir, muchas rivalidades también, muchas exigencias, porque también creo que como mujeres muchas veces la exigencia de ser perfecta es demasiado alta.
En esta situación, la madre estaba lejos de ser perfecta. Me parecía importante situar cómo una hija de a poco iba comprendiendo y empatizando con su madre. Porque la adolescencia muchas veces es adolecer con recriminación y esto luego se transformaba en empatía: una empatía que es también madurar, mirar al otro ya no como alguien que te provee, sino que alguien que también es un igual que está sufriendo.
Desde el inicio el eclipse aparece anunciado como un gran acontecimiento. ¿Qué simboliza ese eclipse dentro del mundo emocional y narrativo de la película?
Hay varias llaves que se ofrecen en la película, pero sobre todo el eclipse es el cruce de un cuerpo celeste con otro y en ese cruce, cuando se juntan tú lo puedes ver. También se cruzan los mundos personales, aquello que uno desea. Para mí era una metáfora de poder encontrarte con esa otra persona que has buscado tanto.
La película ha tenido una recepción muy positiva en el extranjero ¿Cómo crees que la recibirá el público chileno?
Yo creo que esta es la historia de un adolescente a la cual le cambia la vida en un país que también está cambiando.
Es una película muy valiosa para ver en familia, porque los padres vivieron algo y los hijos están viviendo otra cosa y me parece que vale mucho la pena verla entre adolescentes y sus padres, incluso sus abuelos. Permite reflexionar y entendernos, no solamente desde el punto de vista histórico, sino también desde el punto de vista de ser adolescente, que es muy difícil y me parece que tratar de entender un poquito quiénes somos hoy, pero también quiénes fuimos.
Es una experiencia muy bonita que yo creo que sólo el cine logra, porque nos convoca a todos a estar frente a una pantalla viviendo una experiencia en conjunto y luego tenemos la oportunidad de conversar aquello que acabamos de ver.
Creo que ya la han visto más de 2.500 personas fuera de Chile y cada una de ellas me ha dado una devolución muy especial, sobre todo a los jóvenes les ha gustado mucho, se han sentido identificados con Celeste. Es una película que tiene que tener ojalá un público adolescente, pero también uno adulto, merecen ver la película también.
