Escrito por Nicolás Merino
Fotos por Aarón Castro y Damián Ceitelis
La institución del RockOut es impredecible. No es solo que nunca se hayan casado con un estilo, sino tampoco con una magnitud. De entre todas las ediciones, la de 2026 puede ser la más centrada en un concepto. Casi únicamente bandas de punk, y todas de altísimo nivel. En un contexto políticamente cargado y de una cultura de conciertos diferente a la que había para ediciones pasadas del mismo festival, todas las condiciones de este RockOut lo hacían especial.
El cartel se armó de a poco. Junto con toda una serie de grandes referentes iberoamericanos, los headliners serían Bad Religion y Evaristo Páramos (interpretando canciones de La Polla Records, The Kagas, The Meas, Gatillazo y Tropa Do Carallo). Así se anunció y así se cumplió.

Aún cuando la idea de festival punk y supuestamente contracultural estaba en el aire, el festival no fue necesariamente así. Muchos llegaron recién para 2 Minutos y el cansancio no tardó en limitar la euforia del público. Es más, las canchas de entrenamiento del Estadio Santa Laura recordaban cierto tipo de festival de punk que se solía hacer en Chile, pero el recuerdo se terminaba haciendo meramente estético, pues la energía estaba lejos de ser la misma.
Además, el festival estuvo marcado por los reiterados hurtos de pertenencias, especialmente celulares. No se trata de lo que comentaron en redes sociales al día siguiente. Era algo que se mencionaba durante los conciertos. O, en su defecto, muchas personas buscando inocentemente su teléfono en el suelo. No iba a aparecer. También se registraron disturbios alrededor de los accesos del estadio.
Sin embargo, si hay algo que no se puede criticar, es el aspecto musical. Todas las bandas estuvieron muy bien. Unas mejores que otras, naturalmente. Pero todas bien. Siempre fue un buen cartel y los conciertos estuvieron a la altura. Puede que haya influido cierta competencia natural que tienen estos proyectos entre ellos, pero incluso si fue así, quienes ganamos fuimos nosotros.

Mano De Obra
Entre las mínimas bandas de punk chilenas que tienen rotación en espacios expuestos al mainstream, Mano De Obra no solo debe ser uno de los mejores exponentes, sino también uno de los más tardíos. No son nuevos. Ni de cerca, se formaron en el 2012. Pero su mayor exposición pública ha llegado en los últimos años. No tiene nada que ver con la suerte, sino con el trabajo, pero también con la música.
Mano De Obra es una banda de hardcore muy consciente del sonido de exponentes como Trapped Under Ice, Angel Du$t o Speed. El tipo de música que a veces se confunde con metalcore o beatdown hardcore, pero que su sintetismo lo retiene. En esos parámetros, han sabido dar con canciones creativas, eclécticas, dinámicas y una suerte de estética general que explica lo irresistible que se ha hecho la banda estos años. Su paso por Rockout fue una demostración de todo lo que hacen bien en un formato acotado y directo. Sin rodeos. Solo energía pura y enfocada que quienes llegaron temprano recibieron con los brazos abiertos.

Tenemos Explosivos
Tenemos Explosivos es uno de los grandes referentes del post hardcore en la historia de Chile. Quizá la cultura en la que están insertos no dialoga demasiado con la del punk (sin ignorar que esa cultura de por sí está ampliamente fragmentada), pero el aporte de los primeros discos es innegable. Increíblemente, lograron subir aún más la vara con Cortacalles, un álbum que incluye suficientes elementos de rock alternativo para ser llamado heavy alternative, y que llevó la ejecución de sus ideas hasta niveles inéditos para la música chilena. Es uno de los grandes discos nacionales de la década y debería ser discutido como tal.
Las sensibilidades de la banda están rodeadas de toda una pesada melancolía reflexiva. Una mirada política que nunca escapa del factor humano de aquellas respectivas problemáticas sociales. Abordan temas complejos y con una altura de miras más que al nivel. Por lo mismo, su presentación en el Rockout simplemente fue como su música. Densa, emotiva, dura. Es parte de la identidad de la banda y verlos en vivo tiene algo de demandante en el aspecto emocional. Además, la puesta en escena es de una limpieza estética tan bella como punzante. Es una banda muy poderosa y puede hacerse el caso de que su show fue el más significativo de la jornada.

Machuca
En la línea de los números punk rock del festival, todos eran clásicos. O, al menos, responsables de clásicos. Machuca puede no ser necesariamente una banda con obras maestras en su discografía, pero sí lograron sacarle el trote a la sensibilidad inmediata de sus composiciones para levantar discos que fluyen de manera superlativa para la época en la que estaban haciendo ese tipo de punk. Y entre todas esas canciones, no es menor el número que logró entrar a la esfera del conocimiento casual. De hecho, como en casi cualquier concierto de Machuca, esas fueron las que más brillaron ayer.
El minutaje que suman ‘Esperando’, ‘Olvidando’, ‘Corazón Desilusionado’, ‘Vi A Ella’ y el cierre con ‘al Patíbulo’ representa un buen porcentaje de la media hora de show. Un show cargado de clásicos se levanta solo, pero para eso hay que tener los clásicos. Es uno de los valores de Machuca. También aporta su forma más rockera de atacar los instrumentos. No tan punk, da la impresión de que no les interesa ese aspecto. Y el hecho de que tengan dos bajistas aportó a enrobustecer el sonido como nadie creyó que pudiese ser tan útil.

A.N.I.M.A.L.
El proyecto de nu metal argentino A.N.I.M.A.L. representaba una de las propuestas más lejanas a la matriz de la línea editorial de este Rockout. Es cierto que mantienen cierta proximidad a la cultura del punk y que sus letras son tan políticas como las de varias bandas que sí se corresponden de manera estricta al paradigma, pero a la hora de sentarse a escuchar un álbum o verlos en vivo, la distancia es mucho más palpable.
Nada de esto quita el valor de logros como El Nuevo Camino Del Hombre o los puntos más altos de Poder Latino. Son grandes trabajos en su propia ley. También son la principal fuente de material para tocar en vivo, especialmente en contextos como los festivales.
El show de A.N.I.M.A.L. en el Rockout estuvo cargado hacia los éxitos, aunque el recibimiento nunca fue más que tan solo tibio. No se puede ignorar que es una banda demasiado cargada al nu metal de su época. Muchos patrones estéticos de esa era simplemente se quedaron en esa era, y hoy pueden parecer un tanto anticuados. En cualquier caso, el show nunca perdió potencia, y entre versiones de Ramones y Body Count entusiasmaron a una parte del público que quizá estaba menos interesada en un comienzo.

Los KK
Contrario a la creencia popular, las bandas de punk chilenas que realmente alcanzaron a hacer un álbum en los ochenta no son demasiadas. Sí se puede decir que había un montón de proyectos al alza y tocando en vivo. Y uno de los proyectos más particulares es el de Los KK, conformado por miembros que posteriormente fundarían BBS Paranoicos. Los KK no tocaron más de diez veces antes de separarse, pero sí publicaron un disco de hardcore punk en 1989, KK Urbana. Se reunieron la década pasada y, paulatinamente, retomaron el ritmo hasta volverse una banda bastante activa.
En el contexto del reciente Rockout, Los KK entraron como reemplazo del proyecto solista de Doyle, guitarrista de Misfits. Fue una gestión de última hora que se sorteó bastante bien, tanto por la capacidad de dar con un reemplazo rápido, como por acertar con una banda canónica en la historia del punk chileno.
El show de Los KK fue preciso. KK Urbana es un álbum que contiene un par de canciones que cualquier simpatizante del sonido en Chile conoce. Incluso, algunos cortes como ‘No Eres Nada’ o ‘Hijo De La Mierda’ incluyen un par de consigas directas que incluso exceden la propia mitología de la banda. Pasa algo parecido con su célebre versión de ‘Miren Cómo Sonríen’, original de Violeta Parra, una canción que, de hecho, hay gente que atribuye su autoría a Los KK.
Con un repertorio así, el show no podía fallar. Tampoco podía fallar al ser una oportunidad única de ver a la banda en un contexto tan masivo. Y el público acató la euforia de la escena de inmediato. El único problema fue que el set duró cerca de veinte minutos menos de lo que debía, según lo estipulado en el horario. Sin embargo, nadie pareció molestarse demasiado.

2 Minutos
Si en el cartel del festival había una banda que, en términos culturales, podía decirse la más cercana al principal cabeza de cartel, esa era 2 Minutos. No solo tocan el mismo género de todas las bandas de Evaristo Páramos, sino que también gozan de toda una batería de clásicos inmortales para la cultura del punk iberoamericano. Incluso, algunos de ellos lograron traspasar a la cultura popular, fuera de los círculos más cercanos al punk o incluso al rock en términos generales.
Naturalmente, la banda es consciente de este logro, y la cancha en la que mejor se desenvuelven actualmente es en la de sus presentaciones en vivo. No por nada no publican un álbum de canciones propias desde 2013. Francamente, para una banda de estas condiciones y que en su época ya hizo los clásicos que hizo, está bien.
En cualquier contexto, 2 Minutos en vivo es una carta segura. Tanto por la energía y por la batería de éxitos a sus espaldas. Pero quizá sobre todas las cosas, por la penetración en el inconsciente de toda una cultura. Cuando salieron al escenario y se fueron en su serie de clásicos, parecía que nadie procesaba mucho lo que estaba pasando. Simplemente se dejaban llevar. Puede ser la forma más sana de celebrar un concierto de 2 Minutos, sobre todo en el contexto de un festival.

El setlist fue prácticamente el mismo de siempre. No cambiaron las canciones, solo el orden. Unas más coreables, como ‘Amor Suicida’ o ‘Tema De Adrián’, otras más intensas como ‘Barricada’ o ‘No Me Moleste’ y hasta la nota emotiva en ‘El Mejor Recuerdo’.
El cierre, que alguna vez fue otro, en esta oportunidad volvió a manifestarse en la tripleta a la que ya nos tienen acostumbrados hace un tiempo. ‘Ya No Sos Igual’, ‘Como Caramelo De Limón’ y ‘2 Minutos’. Esta última, para efectos de los conciertos, sirve un poco de cortina.
Durante la hora que tocó 2 Minutos prácticamente no hubo respiro. El mosh era un torrente muy poblado que no daba tregua. Se puede hacer el caso de que fue lo más enérgico de la jornada. Incluso por sobre Eterna Inocencia, solo porque estos últimos consideran un factor melancólico donde 2 Minutos prioriza el festejo.

Soziedad Alkoholika
Soziedad Alkoholika, el proyecto de crossover vasco, es una de las instituciones del punk más célebres entre aficionados chilenos. Aún así, no se han presentado demasiadas veces en nuestro país, y menos en un contexto tan masivo como el de una edición del festival Rockout. Por tanto, el fiato de banda en vivo con su audiencia no está tan depurado como el de otras bandas iberoamericanas de la misma trayectoria. Y aún cuando, para el horario en el que Soziedad Alkoholika salió al escenario, el festival ya estaba bastante lleno, no fue demasiada la gente que se acercó a verlos. Al menos, bastante menos que la cantidad que estaba celebrando a 2 Minutos, o la que posteriormente haría lo propio con Eterna Inocencia.
El show de Soziedad Alkoholika fue muy sólido. Esa es la primera base que no se puede negar. La sola naturaleza de su género musical dotó a la banda de una fuerza que la jornada no había tenido hasta ese entonces. Además, el sonido fue particularmente aplastante y expansivo, lo que derivó en un pesado juego con los pasajes más cargados al metal de la propuesta de la banda.

Las letras de Soziedad Alkoholika no son de concesiones ni medias tintas. El desplante de su vocalista histórico, Juan Aceña, tampoco lo es. Esa energía también se transmitió al público, que aún siendo más escaso, igualmente celebró los clásicos de la banda y se entregó a la propuesta de su show. Quizá a veces algo desconectados de los pasajes más metaleros, pero siempre desde el respeto y la entrega. También se dio que algunos moshs no terminaron de encajar en ningún estilo realmente, lo que derivó en un intercambio de desorden y adrenalina bastante efusivo. Además, para ese entonces no se había puesto totalmente el sol, entonces cada movimiento en la audiencia era visible y de una energía palpable.

Eterna Inocencia
Con bastante seguridad, la banda argentina de hardcore melódico Eterna Inocencia se llevó la marca del show más emotivo y fraternal en toda la jornada. Sin ninguna ceremonia introductoria, arrancaron con el clásico ‘Cuando Pasan Las Madrugadas’ y se largaron en un show preciso e impecable.
La naturaleza de la música de Eterna Inocencia considera toda una serie de factores emotivos de lo más preciosos. Incluso los cortes más intensos están marcados por una visceralidad muy honesta y emocional. No se puede ignorar que es el tipo de banda que marca generaciones completas, y que este género musical en particular tiene un tipo de fanáticos férreamente leales a la música que los apasiona. Como si cada canción estuviera marcada por una profunda historia con el oyente.

Esa energía fue constantemente palpable durante el show de Eterna Inocencia. No hubo momentos vacíos o de intensidad por intensidad. De hecho, ‘Nuestras Fronteras’, que lleva un ritmo más pausado, marcó uno de los más altos momentos de la jornada, con un público eufórico, pero no tanto desde lo físico, sino desde el corazón.
Eterna Inocencia toca regularmente en Chile, y hay que reconocer que sus shows en general si logran esta conexión. No fue algo exclusivo de las condiciones del festival. Aunque sí puede haber ayudado el contexto masivo, de noche y al aire libre. Una postal para no olvidar nunca.

Non Servium
El denominado Hardcore Oi! es un género que, curiosamente, encuentra uno de sus más grandes exponentes en España. Justamente con Non Servium y discos específicos como El Imperio Del Mal. Se trata de tomar los principios del hardcore y sumarles la retórica vocal del Oi!, sin mucha más ciencia. Aunque, naturalmente, esa fórmula no descarta en absoluto todos los registros estéticos propios de la música de Non Servium que los transformaron en la banda única que son. No solo para la cultura del punk iberoamericano, sino también para el desarrollo de un género completo.
Non Servium se ha presentado en Chile en los más distintos contextos. Han dado conciertos muy pequeños, así como también otros mucho más grandes y “formales”. Como varias leyendas del punk, es una banda un tanto impredecible en ese aspecto. Y no es un fenómeno que sólo se de en Chile. En cuanto a su presentación en Rockout, definitivamente no se podría decir demasiado en contra del show de la banda. Prácticamente no hay nada que criticar, pero si se puede hablar de cierto desgano por parte del público que, además, terminaría marcando la pauta por el resto de la jornada.

Hasta antes del Rockout, el último concierto de Non Servium había sido en 2023, en un Teatro Cariola repleto. Fue un concierto muy enérgico. Superlativo, de hecho. El tipo de entrega por parte de tanto músicos como audiencia que prácticamente no se ve nunca. Lamentablemente, esa energía no se logró repetir ayer. Claro que hubo entusiasmo y entrega, pero entre el cansancio y la aparente desconexión con los códigos del estilo de la banda, gran parte de la audiencia permaneció más bien quieta.
No se puede dejar de mencionar que al momento de clásicos como ‘El Espíritu Del Oi!’ o el cierre con ‘Torpedo’ si se materializó una conexión íntegra entre todas las partes. Sin embargo, no fue la norma. Otros cortes populares, como ‘Todos Al Suelo’ o ‘A.C.A.B.’ (en la que, por cierto, Evaristo Páramos no salió al escenario), también tuvieron su momento e incluso salieron bengalas, pero la sola naturaleza de canciones extensas y aceleradas parecían agotar rápidamente la energía y entrega del público.
Aún cuando la actitud de los músicos de Non Servium está íntegramente entrelazada con la potencia de sus canciones, quedó la idea de que quienes estaban en mejor posición de disfrutar el concierto íntegramente eran los fanáticos de una llegada más enciclopédica, antes que quienes buscaban una excusa de celebración.

La Vela Puerca
No hay nada nuevo en decir que La Vela Puerca era el número que desentonaba en el cartel de este Rockout. Si bien el festival nunca ha estado casado con un estilo determinado, esta edición definitivamente fue la más cargada a una expresión específica. Incluso excluyendo el metal inherente de A.N.I.M.A.L. y Soziedad Alkoholika, o asumiendo cierto factor de rock en la fórmula de Tenemos Explosivos, la proximidad al paradigma del punk sigue siendo mucho más estrecha que cualquiera que alguna vez haya tenido La Vela Puerca.
Sí es cierto que hay un aspecto cultural en la manera que se celebra la música de La Vela Puerca en vivo que puede, haciendo un alcance largo, encontrarse con las dinámicas de audiencias de ciertas bandas de ska punk. O más cerca aún, de algunos proyectos de latin alternative que gozaron de llegada en el mundo punk iberoamericano no solo por compartir generación con varias bandas clásicas, sino también por sus ideas políticas en común. En cualquier caso, La Vela Puerca no está realmente en ese grupo.

De hecho, la dichosa energía de La Vela Puerca en vivo realmente no es tal. O, al menos, no se logró demostrar en el pasado Rockout. Es cierto que tienen la naturalidad suficiente para levantar un show dinámico y ecléctico. Y nunca deja de ser atractivo escuchar una banda con tantos músicos. Sin embargo, entre la cautela y la simple base de que las canciones no son demasiado interesantes, el show termina descansando en un valle sólido, pero plano.
Sobra decir que el público puso en manifiesto su desinterés. No se mostraron irrespetuosos, pero simplemente no participaron demasiado del concierto. Y había más gente frente al otro escenario, donde en un rato se presentaría Bad Religion. Quizá no fue la mejor experiencia para La Vela Puerca, pero difícilmente se podría decir que fue algo terrible para los asistentes. Tan solo un show un tanto más bajo.

Bad Religion
Bad Religion es una de las bandas más importantes de la historia del punk. Corta. No debiese haber demasiada discusión. De hecho, es un lujo que sigan tocando con una formación que, si bien no es la original, incluye un buen número de miembros históricos. Siempre será un lujo que vengan a Chile. Y el contexto de un festival masivo con la pauta inclinada hacia el punk puede parecer la instancia perfecta.
Bad Religion dio un concierto correcto. Entre la entrega de la banda y la energía del público, a veces costaba mantener los ánimos muy arriba. La gente estaba cansada y la banda algo desconectada. Es natural que el concierto muchas veces saliera a flote prácticamente solo, porque los clásicos son cuantiosos y de muy alto nivel, pero ciertamente hubo problemas de constancia.
Sobre el gran elefante en la habitación: sí, sonaba despacio. Y, para complicar aún más la situación, entre las primeras canciones se dieron ciertas condiciones que delataron aún más los problemas de sonido. La idea de partir con ‘Recipe For Hate’ no ayudó demasiado. Es una canción pausada y que prescinde un poco del ataque clásico de la banda, lo cual no sólo dialogaba con el bajo volumen, sino que hacía ver algunos aspectos de la interpretación como faltos de energía. A este corte le siguió ‘Them And Us’, que si bien es una de las más aceleradas de The Gray Race, entre el espasmo por el sonido y la falta de energía de Graffin, no se pudo crear la conexión idónea con el público que la canción exige para brillar en vivo.

Una banda como Bad Religion tiene un número de éxitos lo suficientemente sustancial como para permitirse dosificarlos a lo largo del setlist. No hubo problema en adelantar la tripleta de ‘Los Angeles Is Burning’, ‘Do What You Want’ y ‘21st Century Digital Boy’ a los primeros minutos. Pero no se puede desconocer que los problemas de sonido mermaron la experiencia de estas grandes canciones. Y más frustrante aún, precisamente para ‘21st Century Digital Boy’ pareció arreglarse el problema, hasta que volvió a bajar para la siguiente canción, ‘The Streets Of America’.
Otro aspecto complicado que fue transversal a la presentación de Bad Religion tiene que ver con el ritmo del concierto. Ya no tienen esa perspicacia para concatenar varias canciones. Cada corte parecía exigir una pausa -bastante anticlimática- que el desánimo de Graffin no pudo llenar. Además, el hecho de que la duración de algunos clásicos como ‘I Want To Conquer The World’, ‘No Control’ o ‘Suffer’ no exceda ni los dos minutos, naturalmente obligaba a la audiencia a pasar por exaltaciones que rápidamente se agotaban.
También hubo que asumir cierta concesión con algunas canciones que eran de interés prácticamente exclusivo de la banda. Éxitos obligatorios fuera, siguen siendo la banda responsable de álbumes clásicos como Against The Grain o Stranger Than Fiction, pero no le sacaron demasiado provecho a esa parte de su repertorio. Fue un concierto extrañamente cargado a The Gray Race, lo cual incluyó momentos francamente bajos, como ‘A Walk’.

La recta final comenzó con ‘Anesthesia’, de Against The Grain. Una canción acelerada y dotada de un icónico final pausado y pesado. Le siguió ‘Fuck Armageddon… This Is Hell’, un corte que, por sus dos secciones distintivas, tiene un papel único en la discografía de Bad Religión. Y si bien no tocaron ‘Generator’, esta canción vino a suplirla un poco. Al menos para efectos de la experiencia en vivo. Luego, la emotiva ‘Sorrow’ y el final definitivo con ‘American Jesus’, como siempre.
No fue el mejor concierto de Bad Religion en Chile. Es una pena para quienes los estaban viendo por primera vez. Pero los clásicos siguen siendo los clásicos, y el recuerdo de su interpretación no se borra.

Evaristo Páramos
El histórico vocalista de La Polla Records fue el encargado de cerrar la jornada. El concepto de “Evaristo” en vivo no responde a ninguna carrera solista que contemple su propia discografía, ni nada parecido. Tan solo se trata de un show que repasa canciones de todos sus proyectos. Los cuales, por cierto, están todos inactivos, excepto Gatillazo y Tropa Do Carallo. Aunque la realidad es que Gatillazo no ha tocado en vivo desde antes de la reunión y despedida de La Polla Records, y eso fue en 2019.
En este contexto, el show de Evaristo viene siendo la única chance de escuchar en vivo las canciones de sus bandas clásicas con la voz original. Tanto La Polla Records, como Gatillazo tienen un buen puñado de clásicos a su haber. E incluso hay algunos cortes de The Kagas que se sumaron al canon de La Polla Records, pues los incorporaron en sus conciertos. No había forma de que este concierto no estuviese cargado de clásicos.
Después de una cortina con ‘Un Neonazi’, de The Kagas, Evaristo salió al escenario con ‘Salve’, sin pelo, una polera del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y cantando en un tono de voz que hacía gala de su edad. Es el tipo de cosas que él no esconde. Más que delatarse, parecía orgulloso del camino recorrido con aquello que concibió tantos años atrás. Es la actitud con la que intercalaba canciones de distintas bandas sin importarle mucho que, en teoría, no había nada tan popular como los cortes clásicos de La Polla Records.

El estilo de Gatillazo nunca fue el mismo que el de La Polla Records. Aún cuando el género es el mismo, no se puede ignorar que son escuelas y búsquedas distintas. Hasta las aproximaciones líricas son distintas. Se notó ayer. Al menos, fue más patente que en el imaginario colectivo. Sin embargo, el paso por algunos cortes populares de Gatillazo como ‘Esclavos del Siglo XXI’ u ‘Otra Canción Para La Policía’ demostraron que, para efectos del contexto desenfrenado de un concierto así, esas distinciones no importan demasiado.
De hecho, hubo un corte en el sonido mientras la banda tocaba ‘Mucha Muerte’. Claramente, ellos no se enteraron hasta un rato, pues sus retornos seguían sonando. Esto se arregló rápido, no tuvo mayor importancia. El punto es que esa es una canción de Gatillazo y en los segundos posteriores al corte, todos siguieron cantando con la misma energía.
La selección de clásicos de La Polla Records fue algo extraña. Algunos discos se ignoraron de lleno, como Donde Se Habla, e incluso lo que sí se recogió del resto de la discografía puede decirse más bien impredecible. Nada hacía presagiar que se privilegiara, por ejemplo, a ‘Los Siete Enanitos’ por sobre ‘No Somos Nada’. Aunque ese tipo de cosas si las hacía La Polla Records cuando aún existían. De hecho, a propósito de ello, otro gran momento fue el pase de ‘Lucky Man For You’ a ‘Delincuencia’. Directo desde el espíritu de los álbumes en vivo históricos de La Polla Records.

El cierre estuvo marcado por algo más propio de la discografía tardía de La Polla Records. Canciones más extensas y de múltiples secciones, como ‘La Solución Final’ o ‘Ay Que Tururu’. Finalmente, un cierre con ‘Ellos Dicen Mierda’, que por supuesto incluyó una bengala y un coro de miles, literalmente.
Evaristo se ganó hacer lo que hace. A nadie le perjudican estas giras. El caso de Chile es particular, nadie se olvida de lo que pasó con La Polla Records en 2020. Primera y última oportunidad para varias generaciones. En fin, al menos eventos como el de ayer suponen una suerte de revancha.
