En septiembre de 2021, masivas y violentas protestas estallaron en Iquique, capital de la región de Tarapacá. Bajo consignas nacionalistas y banderas chilenas, alrededor de 5.000 personas protestaron en contra de migrantes irregulares, procedentes en su mayoría de Venezuela, exigiendo su expulsión y el cierre de fronteras.
Desde entonces, el fenómeno migratorio se ha agudizado: sectores políticos de la derecha y ultraderecha lo enlazan reiteradamente con delincuencia y narcotráfico, utilizándolo en campañas políticas para asegurar votos, reforzando así discursos de odio.
Para Sebastián González y Amílcar Fuentes, codirectores del documental, el viaje al norte surge desde la necesidad de observar el conflicto en terreno y escuchar voces que, hasta entonces, habían quedado fuera del debate público.
En el marco del 7° Festival de Cine Nacional de Ñuble, Expectador conversó con los directores de Si vas para Chile sobre el proceso de creación del documental, las experiencias durante el rodaje y el escenario actual en el que la película llega al público.
¿Qué los motivó inicialmente a llevar a cabo este documental?
Infante: Todo se articula a raíz de la marcha anti-inmigrante. Eso representó la gota que colmó una situación que venía pasando hace bastante tiempo y evidenciaba una incapacidad del gobierno de hacerse cargo. Fue una noticia que dio vuelta al mundo y hay varias fotos que salieron en los medios.
Una en particular me llamó mucho la atención por su crudeza: la foto de un coche que estaba siendo arrojado a una fogata que estaba llena de colchones y pertenencias de inmigrantes que estaban siendo quemadas. Esa imagen fue la que detonó la idea de vámonos al norte a ver qué está pasando, llevemos equipos y lancémonos a la aventura.
González: Algo importante a rescatar es que los dos hemos tenido vida emigrante. Amílcar estuvo viviendo en Venezuela y su mamá también es venezolana; yo también estaba viviendo afuera y mis abuelos, también llegaron a Chile. Nos sorprendió la marcha anti-emigrante, es el tipo de noticias que uno ve de otros lugares.
Chile es un país muy centralizado, donde estamos desconectados de las realidades de otros lugares. Dijimos tenemos que ir a entender allá al norte qué es lo que está pasando. Después también nos dimos cuenta de que había toda una lógica de bloqueo comunicacional de noticias. Nos contaba allá el periodista en Colchane como ellos venían hace ya un año dando señales de “¡Ey! está llegando gente, está esta problemática” y no había respuesta en los medios. Recién empiezan a hacer eco en los medios nacionales cuando empieza a aparecer en el extranjero.
¿En qué momento sintieron que había una película ahí?
González: Nos quedamos con 50 horas de material y no sabíamos muy bien qué hacer con eso. Fue un proceso de buscar financiamiento y ayuda, que duró como 2 años, con mucho rechazo y dudas. Hasta el final, casi hace un año, yo no sabía que había una película.
Ahí entra otro proceso, muy intenso, a partir de agosto del 2024, donde fue “ok, volvamos a ver todo el material, volver a editarlo, volver a hacer mucha iteración, a tratar de terminarlo” y en eso nos salió el estreno en Hot Docs, en Toronto, donde estrenamos la película, y una semana después llegó el fondo de postproducción, pero fue una casualidad, nosotros habíamos tomado la decisión de terminarlo, abandonando el camino tradicional.
¿Hubo un proceso previo de investigación en terreno y de qué manera ese proceso influyó en la forma de acercarse a las personas que aparecen en el documental?
Infante: Un mes antes me puse a investigar un poco, para tener alguna idea de lo que pretendíamos hacer. Yo creo que todo realmente empezó desde que fuimos allá y nos enfrentamos con lo que estaba pasando y el recorrido que fuimos tomando.
Íbamos entendiendo lo que estaba pasando a medida que hicimos muchas entrevistas y hablamos con muchas personas. En plena producción nos fuimos forjando un marco teórico y entendiendo las complejidades de lo que estábamos viviendo.
González: No teníamos un FondArt con el que se hacen las películas, teníamos nuestro propio equipo, tampoco teníamos una red allá. Empezamos a tejerlo muy rápido con una asociación que se llama AMPRO (Asamblea Migrante y Promigrante), asociación de civiles que ayudan a migrantes y que fue clave dentro del proceso.
¿Cómo fue el proceso de involucrarse con las personas migrantes y construir un vínculo en medio de dinámicas tan complejas?
Infante: Se perdía harta energía explicando qué es lo que queríamos hacer, de qué lado estábamos, que no éramos policía y que no era nuestra voluntad meter en problemas a nadie o juzgar. Lo importante era que tenían una necesidad gigantesca de comunicarse, de contar lo suyo, y no había nadie que los escuchara.
Lo que sí fue difícil es que muchas personas estaban en condiciones muy complejas, muy jodidos o estaban cargados de rabia y al final, bueno, tú quieres contar mucho pero te cuesta abrirte y decir lo que estás sintiendo.
Ahí hubo otro proceso más selectivo de escoger bien cuáles son los textos y la manera más fiel y justa de expresar esos testimonios y que dialoguen también. Evidentemente no sólo de un lado porque unos son los que emigran, pero también están los que los reciben, que también son víctimas del mismo abandono.
¿Bajo qué criterios iban decidiendo qué dejar y qué excluir?
González: Nosotros no venimos del documental pero teníamos esa idea de que tenía que ser muy directo, sin puesta en escena. Todo lo que capturamos en las entrevistas, las cosas que encontramos, nada de eso nosotros lo pusimos, nosotros no tocábamos nada. Incluso de repente escuchábamos algo fuera de cámara y era como “uy, está interesante eso” y después en la entrevista tratábamos de llegar a ese lugar, pero nunca como “oye tienes que decir esto”. Tratamos de ser muy fieles a lo que nos iba pasando y lo que íbamos capturando en cámara.
¿Cuáles fueron las principales decisiones estéticas para construir una obra de cine documental y no un relato más cercano al formato periodístico o televisivo?
Infante: Siempre lo tuvimos claro: no queríamos hacer un reportaje ni trabajar cabezas parlantes. Nos interesa la ficción y queríamos hacer algo que cuidara la estética y no caer en un reportaje televisivo.
Si bien el viaje fue furioso, éramos dos personas nada más recorriendo el norte y teníamos que hacerlo todo: sonido, dirección y trasladarnos. Siempre estuvo esa importancia de registrar el espacio donde todo estaba sucediendo. Y el espacio del norte habla por sí mismo: basta ir a ciertos horarios, encuadrar de cierta manera y ya te vas a enfrentar con otro gran personaje que es la naturaleza.
González: En el proceso también hubo mil cortes y dentro de ello empezó a salir esta idea de trabajar más la voz en off. También había personajes que no querían aparecer y había que respetar eso. Teníamos entrevistas de autoridades, por ejemplo, alcaldes, policías, militares, concejales, ellos tenían un discurso más preparado.
Lo trabajamos pensando en qué momento una obra se transforma en algo más artístico y se aleja de lo periodístico, y esas decisiones se tomaron durante el montaje. Sacamos a todas las autoridades: no hay ningún policía, no por estar en contra de ellos, sino para expresar el punto de vista del documental. Que es el pueblo que recibe a otro pueblo.
Durante el rodaje, ¿hubo algún momento o situación que los haya hecho replantearse la película o su propia mirada como realizadores?
Infante: Yo creo que estábamos convencidos de que lo que estaba pasando tenía dos bandos y un montón de víctimas por todas partes. Evidentemente, cuando ves esas situaciones -niños en estados muy deplorables, mucha hambre- lo padeces también, es terrible. Pero a su vez eso te da la fuerza y la convicción de seguir adelante, de estar convencidos de que lo que estás haciendo tiene sentido.
González: Yo sí tuve muchas dudas, hasta el final, incluso después de que la película se estrenó. Uno se pregunta si fue error, o si la recepción tiene que ver con el contexto, si es mérito de la película o la temática.
Al final, lo que da seguridad es la recepción del público. La hemos mostrado en Toronto, Sydney, Tijuana, Inglaterra, hemos estado viajando a hartos lugares. Cuando ves a la gente conmovida dices: ya, hicimos algo que toca.
Considerando el contexto político actual -la invasión de Estados Unidos en Venezuela, el avance de la ultraderecha en Latinoamérica y el escenario político chileno ¿qué impacto creen que puede tener este documental en la opinión publica?
Infante: Hay una campaña que lleva harto tiempo, de parte de los dueños de los medios, una sensación de que “aquí está la cagada” y que culpa en gran parte a los inmigrantes. La gente lleva mucho tiempo alimentándose de eso y ahora, con el nuevo presidente, que se aprovecha del conflicto ya instaurado, también hay una saturación con el tema. Yo creo que la película aparece en un muy buen contexto.
Va a remover un poquito la conciencia, que la gente igual tenga un pensamiento más propio en torno a sus experiencias sin seguir a la gran masa. Ojalá pueda remover algo en alguna persona. Saber que detrás de esa otra persona que le llamo “inmigrante” hay un nombre, apellido, una persona que podría haber sido uno mismo en otro contexto.
González: Hemos tenido devoluciones de personas que estando mucho más parados en el pro-migrante o en un lugar político más de izquierda, que nos dicen “oye, pero les faltó explicar que la culpa es de Estados Unidos”. Y está bien, pero lo que nosotros quisimos hacer es algo que ojalá pueda dialogar con un espectro de la población, generar esa discusión más intermedia, y dejar de hacer cosas para nuestro mismo grupo.
Nuestro objetivo es plantear el conflicto. Es una cuestión compleja, donde están todas estas realidades. La película, por ejemplo, se hace cargo de que matan a un camionero chileno, de que hay gente que le han robado, de que hay un problema del espacio público. No muestra solo una cara.
Ojalá la película sirva para poder tener esas discusiones, para poder ver cómo no somos tan distintos. También hay mucha pobreza y mucho abandono de los mismos chilenos en esa zona. Había mucha rabia en ese tiempo, es un poco la crítica al gobierno de turno. Al final es una realidad que ellos vienen viviendo de siempre.
¿Y qué rol creen que juegan los medios de comunicación?
Infante:La gran sensación que tengo es que les interesa profundamente generar sensacionalismo, por varios motivos. Primero, rating: cada vez menos gente ve televisión y eso hace que cada vez las noticias sean más impactantes. De alguna manera hacen que la gente sienta miedo, y por lo tanto, se aferra al poder. Y siempre detrás del poder están los dueños de los medios.
Durante el gobierno de Boric, hicieron pebre a la migración. Estaba hiper criminalizado, no solo los medios, también las redes sociales. ¿Y qué viene ahora? el antídoto: Kast, que llega como anillo al dedo a esa misma élite poderosa que indujo de cierta manera este miedo colectivo.
González: Lo que yo pienso que es complejo y que se viene dando hace un tiempo con las redes sociales, las fake news y la inteligencia artificial, es la posibilidad de fabricar realidades que te permitan manipular a segmentos de la población, lo que está dividiendo sociedades.
Recuerdo un debate presidencial donde empezaron a enfrascarse en la discusión de que el equipo de Kast estaba generando todas estas fake news no solo contra Jara, sino que contra Evelyn Matthei, y los periodistas bajándole la importancia. Ese punto hoy día está desestabilizando la democracia. Está metiendo a gente como Milei, Trump o Kast en el poder.
Hoy tenemos la información, la tecnología, podemos comunicarnos con alguien en cualquier lugar del planeta. Sin embargo, como que no hay una intención de hacer un juicio crítico. Al final, yo elijo bando nomás.
