Katatonia
Live Reviews

Katatonia y Samael en Chile: Luchando por el pulso

Escrito por Nicolás Merino A.
Fotos por Aarón Castro Pino

Lo que ayer se vivió en la Blondie fue una configuración tanto específica como curiosa. Es ineludible de mencionar a propósito de la señalización de la naturaleza del evento; Katatonia y Samael coincidieron en la emblemática discoteca como parte de un concierto resabio del cancelado CL.Rock, multitudinario festival que prometía juntar a estas bandas con tantos otros pesos pesados del metal en la que muy probablemente hubiese sido la mejor edición de un festival de metal en la historia de Chile.

Bueno, eso no pasó.

Lo que sí pasó fue que se lograron rescatar ciertas bandas del cartel para algunos conciertos individuales. Y entre todos estos proyectos de convocatoria media que se desprendieron, uno de los más interesantes (y esperados) era precisamente Katatonia, banda emblemática del metal alternativo y además responsables de algunas piedras fundacionales del death doom. Además, su forma particular de escribir canciones siempre fue muy autoral y eso acerca el proyecto a la gente. Es muy fácil agarrarle cariño a esta música.

Y, como si fuese poco, eventualmente se sumó ese curioso pero exitoso proyecto de aventurado y desvergonzado black metal que es Samael.

Quizás los alcances retóricos que esbozan una conexión entre la propuesta de Samael con la de Katatonia –y sobre todo en vivo– pueden pasar un poco por encima de las revisiones más fundamentales de sus respectivas obras. Y dentro de todo, es lógico. Samael es lo que es por sus aportes al black metal y al ataque en el fundamentalismo ominoso de este, nada que ver con los aportes de Katatonia a su vereda de la historia del metal. No obstante,  es verdad que, en relación a sus orígenes, ambos proyectos abrazaron ciertos aspectos de lo que en ese entonces se entendía como “la modernidad” en el metal y los sacaron adelante sin vergüenza.

Como si Samael estuviese comprometida con hacerse cargo de esas palabras, su puesta en escena da con unos rincones inéditos para el metal en vivo, y sobre todo para una banda de black metal (y aún con todo el filo comercial que siempre haya tenido su propuesta). Tanto la disposición escénica como la actitud son capaces de dar con un show muy único. Show aparte es el músico que se encarga de las baterías secuenciadas, los sintetizadores y las percusiones (con piezas de baterías acústicas convencionales). Pero aparte de ser llamativo por la sorpresa, no es más que el fiel reflejo a la retórica musical de Samael.

Los sintetizadores en el black metal siempre han existido. Hay quienes los relacionan exclusivamente al black metal melódico y sinfónico, pero eso no es más que una generalización superficial y apresurada. Es simplemente cosa de escuchar cualquier obra clásica temprana de los noventas. Pero claro que una banda del filo de Samael supo darles un protagonismo que obligó a pensar dos veces la forma de estructurar las canciones, al punto de incluso ceder a la parte rítmica de la máquinas. Quizás para mejor. Salieron cosas bastante creativas.

Ahora, toda esta vuelta es para señalar que Samael se subió ayer al escenario de la Blondie haciéndose cargo de esa misma mochila y no otra. Los temas del ‘Passage’ (1996) invitaron a una dimensión aparte, al tratarse de experiencias sonoras bastante delimitadas por la manufactura de su ingeniería en producción. Y partir con «Rain» y «Shinning Kingdom», aún cuando pudo presentarse como una buena declaración de principios, fue un gesto que se vio un poco atrofiado por el mal sonido de la banda. Vaya a saber uno si era un tema de los músicos, los sonidistas o la acústica de la discoteca, pero de que les costó sonar, les costó. Lo cual es una pena por la naturaleza tan delicada de este sonido.

También restó algo de mística el hecho de que Katatonia es una banda diametralmente más popular, y el público en general era bien de un perfil de fanático de Katatonia. Es plausible decir que apreciaron el concierto con respeto, incluso celebrándolo, pero sin inmiscuirse demasiado en la narrativa que estaban ofreciendo.

Tampoco llamaron mucho al ánimo los temas del clásico ‘Ceremony Of Opposites’ (que fueron cuatro), incluso considerando el despliegue de su crudeza. De hecho, no hubo pogos. Bueno, tampoco digamos que el metalero chileno alguna vez haya sido muy dado a mostrar energía frente a bandas de black metal, pero por último estaba el dejo de groove metal tan propio de Samael. No fue suficiente.

No se debe dejar de mencionar que, aún con todos estos elementos sobre la mesa, la presentación de Samael fue bastante más que digna. De hecho, fue excelente. Es un show que no siempre se ve y es lamentable que quizás las condiciones del espacio no fueron las mejores para disfrutarlo. Incluso había cierto aire de trato de banda telonera hacia los músicos. Sea como sea, fue una gran presentación. Incluso se diría que un lujo. Mal que mal son una banda clásica. Y ya habiendo terminado, por supuesto que seguía el turno de Katatonia.

Igual es divertido cuando la gente se esmera en especificar que la Katatonia que les gusta es la de la época de metal alternativo. «¡Si es lo que más han hecho, tan solo hicieron tres discos de death doom!«. Es como hacer  el mismo comentario análogo a Pink Floyd, Pantera o Fleetwood Mac, si prácticamente toda la obra es de un mismo género salvo por los primeros discos. Sí, es verdad que Katatonia hizo el ‘Brave Murder Day’ (1996), que efectivamente es un disco histórico para el desarrollo del death doom, pero eso no significa que el perfil de la banda no haya rotado rotundamente un par de años después. Sobre todo para efectos de un concierto de la banda en pleno 2024, hablar de Katatonia es hablar, esencialmente, de una banda de metal alternativo con metal gótico.

Por cierto, esas aproximaciones al metal gótico, dependiendo del disco, a veces se pueden quedar restringidas tan solo a algunos alcances estilísticos, que no siempre dan para un segundo género. No obstante, el metal gótico siempre tuvo una pata de apoyo en el metal alternativo, quien dude de esto puede repasar la longeva obra de Type O Negative fijándose en las fechas de los discos y luego volver a replantearse su postulado. Es una relación históricamente simbiótica.

Y sumemos a esta marca que la arquitectura de la Blondie le vino bastante bien al imaginario de la velada. Si se permite digamos que el ambiente era bien katatónico.

Como bien sabe la fanaticada de Katatonia, el giro hacia el híbrido de metal alternativo con metal gótico ha avanzado progresivamente hasta la integridad de la estética completa del proyecto. No es solo que nunca volvieron a su sonido original, sino que de a poco también fueron optando por omitirlo en sus conciertos, e incluso -esto es inédito- los resabios de brutalidad que quedaron en discos post-giro como el ‘The Great Cold Distance’ (2006) fueron “limpiados” a través de las presentaciones en vivo. Toda la Blondie pudo escuchar ayer esa versión tanto más apaciguada que la original de «Leaders» y con el grito del puente reemplazado por una ominosa nota alta.

Sobre el mismo concierto, en realidad no son demasiadas las cosas que se pueden decir. Es algo complejo y triste porque hacen un tipo de música que siempre ha invitado a una oscuridad que admite desde emocionalidades desmedidas hasta las más confesionales catarsis, incluso llegando hasta pulsiones de liberación sexual, pero la suma de sobriedades entre los actores involucrados en la velada le dio un pulso algo opaco al concierto. Hay que reconocer que Jonas Renkse siempre fue mejor vocalista que frontman. No por nada hizo los discos que hizo, y no por nada hizo el concierto que hizo.

Sinceramente, las canciones del ‘Sky Void Of Stars’, la placa que lanzaron el año pasado, no aportaron mucho. Son canciones largas y poco memorables. Tampoco es un disco que haya vuelto a conquistar a los fanáticos de Katatonia o algo así, como para confiar mucho en que vayan a levantar un concierto. De hecho, partir con «Austerity» y «Colossal Shade» dejó a la banda un poco con un saldo negativo desde el primer minuto. E insistir con canciones como «For My Demons» (que salió de ese extraño experimento rockero que es «Tonight’s Decision»), aún siendo de las queridas por el público, no dejaba de ser una invitación a poner un poco más en tela de juicio las decisiones históricas que ha tomado la banda a lo largo de estas décadas.

Un problema generalizado que de alguna forma concentra todos estos tropiezos es la narrativa que intentaron presentar con el setlist, tan falto de pulso y a la vez delator de ciertos vicios de la banda. Canciones como «Forsaker» encendían el ambiente, pero entre el sonido del recinto y la disposición de tanto músicos como público terminaban por matar un poco el ambiente.

Quizás lo mejor de la noche fue el bis, con la pesada «July» (que tiene incluso tiene su breakdown) y luego la gran «Emptiness», canción que quedó demostrado que evoca expresiones salidas desde lo más personal entre los fanáticos.

El concierto de Katatonia dejó un poco una nota agria. No se trata de quienes sean ellos hoy por hoy ni tampoco se trata de el cómo muestran su proyecto al mundo. De hecho, aún con todo su compromiso con el metal alternativo, nunca dejaron de ser una gran banda, eso está más que claro y la discografía está ahí mismo para demostrarlo. Es solo que la configuración de elementos falló para dar con el mejor show. Y en una banda de canciones tan reconocibles y memorables (con las que la gente tiene cariño y relaciones personales), era bastante triste que incluso los temas más clásicos no pudieran levantar un sentido de himno en la Blondie.

De entre los cientos de conciertos de metal al año, este no logró dar con la energía. Es una pena porque la banda no era otra que la mismísima Katatonia.

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