Escrito por: Barbara Conejero
Cuando se creía que las películas que hacen homenaje al séptimo arte podían estar muertas o no evocar la magia que el cine supone, llega la última cinta de Lone Scherfig, La contadora de películas, para demostrarnos que se puede no solo hacer una buena carta de amor al cine, sino que ir más allá y reflexionar acerca de la ilusión ilimitada como escape de la realidad.
La contadora de películas parte siendo un relato sobre la oda al séptimo arte, que, evocando el estilo de Cinema Paradiso, nos sumerge en la vida de María Margarita y su familia, pero que pronto va develando capa por capa un trasfondo mucho más profundo, donde el contexto sociopolítico de la época se entrelaza con las heridas personales de la protagonista, marcadas por injusticias, pobreza y abusos.
La adaptación de la obra del chileno Hernán Rivera Letelier nos cuenta, bajo el punto de vista de la misma María Margarita (Sara Becker), su historia de vida, empezando por los años sesenta, en el período del auge salitrero en Chile, cuando, siendo una niña, vivía con su padre (Antonio de la Torre), empleado de una salitrera; su madre (Bérénice Bejo), antigua cantante que, tras casarse, se dedica de lleno a cuidar a sus hijos abandonando su carrera; y sus tres hermanos, en un pueblo cercano al Desierto de Atacama, donde el único día que importa es el domingo, porque los domingos se va al cine. Sin embargo, este ritual se ve interrumpido cuando su padre sufre un accidente que lo deja en silla de ruedas. A pesar de esto, es debido a este incidente que María Margarita descubre su pasión y talento: el de contar películas.
En un principio, su gran capacidad comunicativa para contar historias es solo admirada por su familia, pero pronto sus relatos son conocidos por todo el pueblo. Es así como, a través de la escenografía hecha por sus hermanos y una narración cargada de emoción y poesía, María Margarita hace que todo el mundo tenga el derecho a soñar y escapar de la realidad.
La película utiliza el cine y las historias como válvulas de escape de la protagonista en sus momentos más bajos. La contadora de películas destaca por ser una historia conmovedora y universal, que, aunque a momentos introduce giros dramáticos de forma no tan orgánica, no deja de ser emocionante. Para el final de la película hemos visto crecer a la protagonista y a su familia de una manera cercana, cargada tanto de momentos emotivos como cómicos. La primera parte es sin duda la másentrañable, pues es en esta cuando realmente nos encariñamos con la historia de cada uno y lo que hace que las desilusiones vividas por los protagonistas peguen más fuerte.
Por la diversidad de influencias culturales entre guionistas, actores y director podría haber salido un popurrí hispano-europeo poco favorecedor; afortunadamente, no salió tal mezcolanza y la cinta tiene, gracias al guion de Isabel Coixet, Rafa Russo y Walter Salles, una identidad propia muy clara, una donde las palabras con “ch” y los po’ son lo más escuchado. Este lenguaje, aunque no reconocido universalmente, no entorpece la transmisión del mensaje. Es un lenguaje único que no podía omitirse, porque la historia es muy chilena: transita por periodos históricos marcados de la historia de Chile y tiene protagonistas que reflejan una dinámica familiar muy chilena.
El gran fuerte de la cinta de la danesa Lone Scherfig es su reparto. Quien se roba la película es la más pequeña del elenco: Alondra Valenzuela. Sin tener mucha experiencia previa, Alondra logra conmover y hacer reír de manera transversal. La encargada de darle vida a la María Margarita adulta, Sara Becker, destaca por su actuación sencilla pero genuina.
Es así como, desde la aridez del Desierto de Atacama, La contadora de películas nos cuenta un relato que oscila entre la magia y el realismo, con toques de banalidad que nos remontan al siglo pasado para recordarnos que estamos hechos del mismo material de las películas.
