Escrito por Jocsán Sánchez
Fotos por Damián Ceitelis
La icónica Sala Metrónomo se ha consolidado como el venue predilecto para las estrellas en ascenso, convirtiéndose en el paso clave para afianzar al público antes de dar el salto al esquema internacional. Desde Argentina, Zell ha demostrado no solo que es capaz de llenar estadios —como lo hizo este año en el Malvinas—, sino que en países vecinos como el nuestro, recintos de este formato pronto le quedarán chicos. Así incluso el tag de artista under no hace justicia a lo que ha convertido su marca.
Es nuevamente la escena argentina la que vuelve a dar cátedra sobre cómo dominar un sonido e internacionalizarlo, al punto de convertir el dialecto trasandino en norma en otros países: una verdadera conquista sonora que afianza la grandeza de su cultura musical. Zell se mueve en un circuito sobrepoblado de talentos donde muy pocos logran destacar; sin embargo, ha dado un salto hacia otro plano que lo sitúa a la par de referentes como Duki o YSY A, disputando incluso el liderazgo del plugg. Con una destacable intención vocal y un manejo melódico que prima sobre la profundidad lírica tradicional de sus pares, su propuesta prioriza la generación de sensaciones en el público por sobre la grandilocuencia en el léxico.

Su nuevo paso por nuestro país viene a reconfirmar todo lo anterior. Comenzando por el recién lanzado “Wake Up”, este hito marca un punto de inflexión en la carrera de un artista ya consolidado en el género, quien sin dudas se posiciona como uno de los pocos referentes del underground que ha logrado dar el salto definitivo al mainstream. Si bien ofreció un espectáculo sencillo, su sola presencia desató una ola de reacciones en un público que, por joven que parezca, crecerá a la par con su música. Vale recordar que con una corta edad, ya ha conseguido más logros que muchos de hoy consagrados como leyendas en la industria trasandina.
El repertorio dentro de este tour exploró todas las dimensiones posibles. Si bien el despliegue del Estadio Malvinas estuvo diseñado para aquella ocasión especial —contando además con invitados de primer nivel—, no se sintió una falta de grandeza en Sala Metrónomo. Sin embargo, habría sumado a su consolidación internacional que la propuesta de grandes escenarios se replicara en otros venues. En esta oportunidad, al prescindir de juegos de luces complejos, transiciones trabajadas entre canciones, instrumentación especial o recursos visuales que sostuvieran una narrativa artística, el show quedó al debe en el apartado conceptual.

Grandes momentos
Más allá del detalle hay que destacar la fidelidad que existe en su público, considerando que en Chile se tocó una canción aun no lanzada y que se vivió como si fuese un clásico. Y hablando de eso, canciones como “<3” o “Cool” son la clara demostración de estrenos recientes que crecen de cara a su público, lo que hace entender, que tanto Zell como su equipo comprender el estatus del proyecto y así demás su comprensión con lo que aquellos que los veneran necesitan o esperan escuchar.
Así, el repaso consideró además un sinfín de los ya conocidos moshpits entre canciones que lo ameritaban —e incluso en otras que no tanto—. Ahí radicó la emoción del artista, quien no necesitó solicitar euforia a un público que entendía muy bien por lo que había pagado. Temas como “Real wowstar”, “Ritual” y “Vámonos” se contaron entre el puñado de canciones que sonaron aquella noche en Sala Metrónomo. Con casi 90 minutos de espectáculo, los saltos brotaron de manera orgánica. Y si algo hay que destacar de la audiencia chilena, es que no existe mejor público para rapear las canciones como si fuera un coro sinfónico.

La noche culminó con varios clásicos esperados por el público. “Starboy”, canción que le permitió darse a conocer de forma internacional, y cerrando con “vos, yo y tu ego”, que hizo entrever como una mezcla de dos hits pueden fusionarse en una misma canción capáz de conectar no solo con un público presencial sino con uno digital bajo un conocido trend que se mantuvo varios meses.
Si hubiese que concluir esta reseña con una proyección, sería que a Zell se le debe prestar especial atención en sus próximos pasos. Si toma las decisiones correctas, su trayectoria artística podría situarlo sin discusión como un prócer del underground, capaz de encabezar festivales como headliner y sentar a la escena del plugg o el trap sintetizado como marcas registradas del mainstream… y que a él lo apunten como el principal responsable.
