Entrevistas

Álvaro Henríquez: “Los Pettinellis también tienen esa cosa psicodélica que me gusta mucho“

Por Franco Ascui Fuenzalida

A menos de una semana del Festival Bamba, Álvaro Henríquez, ícono de la música popular chilena, conversó con Expectador sobre los inicios y el presente de Los Pettinellis ad portas de compartir escenario con artistas como Juanes, Marc Anthony y Fito Páez.

Desde la chispa creativa que llevó a la creación de la banda, a las diferencias entre la puesta en escena de Los Tres y Los Pettinellis, el pionero de las «cuecadélicas» nos dejó indagar dentro de su vida como uno de los músicos más importantes del país.


Próximamente vas a estar tocando con Los Pettinellis en el Festival Bamba. Ha sido un año bien movido para ti, con todas las cosas que estabas haciendo. ¿Cómo has equilibrado estos distintos proyectos que están en tu vida? ¿Y cómo te sientes preparándote para el Festival Bamba?

Álvaro Henríquez: Mira, en realidad lo del equilibrio está por ahí no más, porque tocar con Los Tres es como una especie de… un reducto en el cual se toca a cuarteto. Lo pasamos muy bien siempre tocando, pero es muy distinto a Los Pettinellis. Los Pettinellis son más… ¿cómo te podría decir yo? Como un parque de juegos, así. Son más lúdicos, ¿me entiendes? Un poco más flexibles. A eso me refiero. Entonces eso me gusta mucho, porque me siento muy cómodo. Además, los músicos que están en la banda son todos brillantes, son buenísimos. Entonces yo lo paso increíble con Los Pettinellis. Siempre, siempre lo he pasado bien. Como te digo, nos entendemos muy bien entre los músicos. Para mí es un placer tocar con Los Pettinellis.

 

¿Cómo ha sido integrar al último miembro de Los Pettinellis, Maximiliano Del Canto, en estos últimos dos años que has estado con él?

Álvaro Henríquez: Ha estado súper bueno, porque también hay una especie de sentimiento en Los Pettinellis donde todo es buena onda. No sé si es por magia, no sé por qué, pero siempre es pura risa. Nos reímos mucho, compartimos mucho. Si nos toca, ponte tú, el concierto en una hora más, empezamos a cantar cueca en el camarín, ¿me entiendes? Es otro tipo de relación. Los Pettinellis es más expansivo, más fiestero, se podría decir.

 

¿Y cómo haces para equilibrar el repertorio con Los Pettinellis? ¿Hay veces, por ejemplo, que el resto de la banda te pide canciones de tu repertorio que les gustaría versionar? ¿Cómo funciona eso?

Álvaro Henríquez: Sí. Mira, la verdad es que con Los Pettinellis tratamos de tocar las canciones que la gente conoce, las del disco, digamos. Pero también nos damos ciertas licencias; por darte un ejemplo nomás: el final de «Niña», del disco, en vez de que dure dos minutos, como en el disco, dura 12, 15 minutos. Y nos quedamos pegados más en la onda psicodélica; Los Pettinellis también tienen esa cosa psicodélica que me gusta mucho. Entonces por ahí se empieza a balancear el sonido. Tengo súper claro qué es Los Pettinellis y súper claro también qué significa Los Tres.

 

Entiendo. ¿Y cómo llegó esta invitación al Festival Bamba, que se viene ahora en octubre?

Álvaro Henríquez: Mira, la verdad no sé, porque eso lo ve la manager. Pero cuando me dijeron que estábamos ahí, fue una felicidad, porque son hartos grupos, y es lo que hay que hacer acá en Chile para que la gente pueda ir a ver música en vivo. Creo que es súper importante que se hagan estos festivales; además, el line-up está de lujo. Imagínate la emoción de ir a tocar ahí.

 

¿Cómo está Álvaro Henríquez ahora, como líder de Los Pettinellis en el año 2026, dos décadas después de haber lanzado ese disco; cómo estás equilibrando las luces y las sombras de tu vida en este minuto?

Álvaro Henríquez: Mira, la verdad es que estoy muy contento con lo que estamos haciendo, tanto con Los Tres como con Los Pettinellis. El día a día lo paso muy bien, porque trabajo con mi hija Olivia y nos divertimos mucho trabajando. Entonces eso yo diría que es la luz. Y las sombras son siempre el tema de los negocios, del porcentaje, esas reuniones laterales en las que se discute cuánto te corresponde a ti y cuánto me corresponde a mí. Esas cosas no me gustan, pero no podría decirte que es algo oscuro tampoco, sino que es latero, en realidad; muy latero. Pero la música me hace feliz, o sea, yo sé que eso es para que después podamos tocar tranquilos, toquemos bien y lo pasemos bien.

 

Más centrado en el sonido de Los Pettinellis, ahora que hay toda una evolución a años luz de lo que solía ser la forma de grabar música, ¿cómo ha evolucionado en ti la composición de las nuevas canciones cuecadélicas, esto que tienen Los Pettinellis de mezclar la psicodelia con las cuecas?

Álvaro Henríquez: Sí, eso es algo que lleva harto tiempo, y obviamente la vertiente viene de don Roberto, por supuesto, siempre. Pero esto de ser cuecadélicas tiene que ver también con que en el último disco de Los Tres hay cuecadélicas también. Se trata de no variar la cueca, en el sentido de cambiarle la métrica o de meterse directo a hacer pedazos una cueca, sino de llevarla a un beat nuevo que funciona muy bien con las cuecas. Entonces las de Los Pettinellis son, yo diría, un poco más oscuras, un poco más pesaditas, como te digo. Eso le da, creo yo, una marca al disco: que casi todas esas cuecas que están ahí sean tristes. Las que están dedicadas a mi padre y «Cuando una madre llora», entonces eso crea un clima.

 

Como última pregunta, ya metiéndonos directamente en la génesis de Los Pettinellis: ¿por qué la película Get Carter es una de las piezas fundamentales para armar este proyecto?

Álvaro Henríquez: ¡Qué buena pregunta! Creo que nunca me la habían hecho, fíjate. Bueno, eso se debe a mi fascinación y fanatismo por Michael Caine, el actor británico. Cuando vi Get Carter, dije: «Esta es mi película». Y la empecé a ver y a ver, y me encantó. Es de mis favoritas, como también hay otras de Michael Caine que son mis favoritas, como Alfie y otras más. Pero esta en particular, Get Carter, era para mí la punta del cine de esa época. Me fascinaba particularmente la entrada de la música. Entonces dije: «Oye, debería hacer un grupo tal vez, y tocar esto». Pensé: «Voy a llamar a un par de amigos». Empecé a llamar, nos juntamos y yo dije: «Ya, tienen que tocar esto. Si pueden tocarlo, están dentro del grupo». Y lo pudieron tocar.

Tocaron súper bien. Incluso el Camilo sacó una parte del solo. Era genial, porque era como estar viendo una película.
Pero eso se debe, bueno, a lo que te cuento del comienzo de Get Carter, y sobre todo a la figura de Michael Caine, del inglés maldito, gángster, pero siempre elegante: el gángster elegante, digamos. Entonces esa música me atrapó. No sé por qué razón, pero creo que debe ser porque hay una nota que está pegada todo el rato. Es como una especie de… es como trans, no transgénero, sino transmusical, se podría decir. La canción es muy simple. Tiene un solo de teclado, y era como los teclados que yo tenía, que sonaban parecidos. Y me fascinó, me fascinó, me fascinó.

Dije: «Ya, si la pueden tocar, están adentro». La pudieron tocar, quedaron adentro y empezamos ahí. Yo decía: «Mira, tengo esta canción». Empezamos a trabajarla. Y con Los Pettinellis lo pasamos súper bien, con la formación original, súper bien. Muy buenos músicos. También era muy entretenido tocar con el Camilo. El Pedrito, el Nico. Todos contribuyeron con su talento a que el disco sonara así y que fuera así de simple por un lado, pero de poderoso por otro.

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