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Live Reviews

Amorphis en Chile: En la cima de su propia historia

Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por Aarón Castro Pino

Los finlandeses Amorphis se presentaron en Chile el pasado domingo 11 de octubre en Teatro Cariola, la cual se trató de su sexta visita a nuestro país. Esta vez bajo el tour ‘Borderland‘ y en compañía de los daneses Saturnus y los chilenos Poema Arcanvs –ambos proyectos de death doom metal–.

Bajo la premisa de que es cierto que las visitas usuales de bandas de metal a nuestro país pueden tener –o no– una cierta cuota de oficio, de cumplir bien –con eso basta, realmente–, es posible encontrarnos de tiempo en tiempo con agrupaciones que se plantean pulir sus proyectos tanto en el estudio como sobre el escenario de tal forma que supera tal concepto. No, se trataría más bien de la obsesión meticulosa y metódica de un artesano, en donde el paso del tiempo se convierte en garantía de mejores resultados, así como más conmovedores.

Aunque el caso de Amorphis responde a un fenómeno aún más interesante de revisar. Pero primero, Poema Arcanvs y Saturnus.

Como un clásico al que siempre hay que poner atención, Poema Arcanvs optó por una austeridad tal que dio paso libre al sonido apabullante de su death boom metal, el cual desprendía una cualidad más bien solemne. No en un sentido formal, no. Era más bien por como los riffs que piezas como «The Lighthouse Keeper» y «Vastness» depositaban grandes cargas sobre nuestras espaldas que demandaban nuestra atención, aplicando los códigos propios del subgénero y reventando el Teatro Cariola con su propuesta no exenta de momentos para azotar el cuello.

El debut de Saturnus en Chile costó, motivo por el que había una calidez y ternura que era difícil de ignorar de parte de los daneses una vez tomaron sus posiciones en el escenario del teatro. Ya venían de tres fechas en nuestro país en Concepción, Curicó y Rancagua, un show por día y sin descansos, por lo que habría sido el todo entendible ver cierto cansancio en el grupo. No fue el caso, en lo absoluto. Desde el primer minuto con «The Storm Within» que estos exponentes del death doom metal buscaban el contacto humano, ya sea desde un temple claramente en altos espíritus de los músicos, así como en esa búsqueda constante por conectar e interactuar bajo estas conductas arquetípicas del metalhead en cuanto a comunidad.

Y es importante reconocerlo, porque los tópicos que recorren las canciones de Thomas Gronbaek y los suyos difícilmente escapan un ápice apesadumbrado. Una oscuridad que alberga un abanico de emociones que van desde lo deprimente hasta un romanticismo lúgubre pueden tener un efecto profundo si se va más allá de lo llamativo de su propia estética –especialmente en vivo–, pero la gratitud de los músicos era tal que no quedaba más que disfrutar de estas canciones desde otra arista más luminosa. Algo sumamente curioso que pase con un corte –precioso– como «I Long» y, bueno, «Christ Goodbye». Bien.

Ahora sí, Amorphis. Dos puntos primero: i.) los finlandeses responden a un fenómeno casi exclusivo de Europa del Norte de bandas que migraron de propuestas más extremas hacia sonidos más sofisticados, con una clara tendencia que responde al prog –Anathema es un muy buen ejemplo. El caso de Esa Holopainen y compañía apuntó desde el death metal melódico a, sin mucha demora, el metal progresivo. No a uno tipo Dream Theater en todo caso, sino a algo que pone los virtuosismos de lado la gran mayoría del tiempo y se concentra en la construcción de la canción. Esto es importante de tener en cuenta.

ii.) Al igual que un montón de esas bandas que tomaron ese éxodo estilístico, Amorphis se enfrentó en menor o mayor medida a enfrentar el peso de su legado temprano. De aquella época clásica del ‘Tales From the Thousand Lakes’ (1994) y ‘The Karelian Isthmus’ (1992), lo que igual es curioso, considerando que su cambio de sonido fue rápido y llegó en 1996 con ‘Elegy’. Pero desde tal disco hasta ‘Borderland’ (2025) hay casi tres décadas de expandir una visión artística con la que se casaron por completo, nutriéndola con influencias variopintas dependiendo del disco. Eso es consistencia por definición. Y compromiso.

Todo esto nos permite entender el porqué el show que acaba de realizar Amorphis en Chile es el mejor que han brindado por estos lados a la fecha. Como artesanos experimentados, fue el público el que finalmente estuvo a la altura de las circunstancias, conformando el show en solitario más masivo de los finlandeses en nuestro país, pero más allá de cualquier número y estadística, esta vez la frivolidad no fue un calificativo que apareciera para describir ningún momento del concierto. Sí, ni siquiera en los (5) temas nuevos de ‘Borderland’ que presentaron –como hubiera señalado la tendencia y costumbre–, y es que en «Bones» y «Light and Shadow» la gente sí cantó, sí se movió, si se expresó con evidente goce y hasta brincaron al retumbar de Jan Rechberger. Una recepción más que poco común para proyectos nuevos de este tipo de bandas.

Eso se alinea con uno de los puntos expresados anteriormente. Amorphis superó hace mucho su propio mito noventero y la gente les sigue el rastro disco a disco. Al fin, o como mínimo, sienten la pasión y soltura suficiente para expresarlo física y directamente. Entonces, claro, esperable que la temprana llegada de «Silver Bride» provoque todo un océano de voces y hasta un grupo de entusiastas optaron por la catarsis entre empujones y saltos en un intento de mosh, pero que un track como «Wrong Direction» cobre un carácter de clásico absoluto cuando no tiene ni diez años de su lanzamiento es, por lo menos, decidor de la disciplina de los finlandeses.

Yo, personalmente, he visto a Amorphis cuatro voces incluyendo su reciente show en Cariola. Jamás vi una respuesta tan contundente a canciones como «Death of a King», y menos presencié la profunda emoción del público ante la sorpresa que fue «The Castaway». Incluso siendo un domingo, incluso si no todo el mundo saltaba, sí que todos cantaban, lo que se agradecía especialmente en piezas como «Sampo» o «The Smoke». Menos la locura que provocó, inevitablemente, el mazazo que es «Black Winter Day». La banda lo sabía, y siguieron haciendo lo suyo con una prolijidad que no buscaba la pureza sonora per sé, sino el llevar sus performances al máximo. Grandes músicos.

Ya el final con «House of Sleep» fue de fábula, pero el que cerraran con «The Bee» refuerza la idea que sostiene este escrito, que Amorphis celebra todo su legado por, justamente, ser fieles a su presente. Y el público chileno entregó el último rugido ante tamaña pieza.

 

Setlist de Amorphis en Chile:

  1. Bones
  2. Light and Shadow
  3. Silver Bride
  4. Wrong Direction
  5. Death of a King
  6. Fog to Fog
  7. The Castaway
  8. The Lantern
  9. The Moon
  10. Sampo
  11. The Smoke
  12. Magic and Mayhem / Black Winter Day / My Kantele
  13. Dancing Shadow
  14. House of Sleep
  15. The Bee

Juan Pablo Ossandón

Director de Expectador.

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