Por Franco Ascui Fuenzalida
Primavera de Praga, una de las bandas más influyentes del indie pop chileno de los 2000 liderada por Leo Saavedra, vuelve a los escenarios tras separarse en 2018. El grupo, que marcó a toda una generación con su disco homónimo de 2007, se reencuentra ahora en una etapa distinta: con nuevos proyectos personales, más de siete años de distancia entre ellos y un show en La Cúpula que promete revisar su historia con la madurez que solo da el tiempo.
En esta conversación con Expectador, Leo Saavedra —voz y compositor de la banda— repasa cómo se gestó el regreso, qué cambió entre el Leo que dejó Primavera de Praga y el que hoy la retoma, y qué le queda pendiente después de una carrera marcada tanto por logros personales como colectivos.
Muchas gracias por darte el tiempo para conversar con Expectador. Tuvimos una entrevista hace un par de años en Plectrum, así que qué bueno poder retomar esto ahora, con la vuelta de Primavera. Para partir, ¿cómo se gestó el regreso a las canchas para este concierto en La Cúpula?
Gracias a ustedes. Esto ya se venía pensando, la idea era hacer algo en conmemoración de un disco que el próximo año cumple veinte años: en 2007 salió el segundo disco de la banda, el homónimo, que es el más importante. Había salido la idea de tocarlo, quizás hacer una reedición. Se lo planteé a los chiquillos y, aunque el recibimiento no fue tan efusivo, sí hubo buena onda y accedieron.
De ahí empezó a pasar algo muy espontáneo: comenzaron a contactarme productores y managers, y uno de ellos planteó una forma de trabajar con mucha fuerza, creatividad y energía, conociendo bien nuestra trayectoria. Nos propuso un regreso, y antes de llegar a la idea original de conmemorar los veinte años del disco el próximo año, dijo que había que tocar este año. Nos empezó a entusiasmar la idea y, hace ya varios meses, llegamos a que sí. De ahí salió el anuncio y todo lo que está pasando ahora. Así que partió de esa idea de aniversario y terminó en esto; seguramente el próximo año también se pueda concretar lo primero: reeditar ese disco que nunca más se editó y que harta gente sigue pidiendo.
Se podría decir que ha pasado una vida entera desde la última vez que tocaron en Primavera Fauna, que fue en 2018. Hubo pandemia entre medio. Me interesa saber en qué se diferencia el Leo que salió de la banda el 2018 al Leo del 2026 que está gestando este regreso.
Sí, creo que se diferencia bastante, la verdad. A veces siento que no soy la misma persona; supongo que avancé, o maduré un poco. La razón por la que terminé con Primavera de Praga fue la misma por la que deshice otras cosas en esa época, y eso gatilló todo un proceso de introspección propio. Supongo que a los demás integrantes de la banda les pasó algo parecido, por lo que hemos conversado; puede ser una cuestión generacional, ligada a la edad: nos disolvimos cuando teníamos treinta, treinta y un años, y he escuchado que a esa edad a mucha gente le pasa algo así, que hay que definir ciertas cosas o te quedas estancado.
Así que no, ya no soy igual. Eso también gatilló un viaje por otras cosas, con una convicción distinta, con una aceptación distinta incluso de la vida en general. Ya hice mis discos solistas, entendí mejor cómo escribir, de dónde venían las cosas de las que no me daba cuenta, cómo leer un poco mejor el subconsciente, lo que me marcó desde chico. Aprendí bastante, obviamente. Me cambié de ciudad, viví la pandemia sin prestarle mucha atención, porque ser crítico con eso también era parte de mi nueva forma de pensar. Todo eso fue muy importante, y de ahí salieron los discos que hice solo.
Al final, con el tiempo, pasaron otras cosas y un día pensé que quizás ya era momento. Sé que alguna vez dije que no iba a volver a tocar nunca cuando nos separamos, porque estaba en otra etapa, en otra onda, pero ahora he resuelto algunas cosas y me hace sentido volver a tocar. Reencontrarme con los chiquillos ha sido muy agradable. Nunca peleamos, pero todo lo que tuve que mejorar en cómo funciona la música entre nosotros le ha hecho bien a la banda, en lo poco que llevamos viéndonos antes de empezar a tocar de nuevo. Se nota, y creo que todo es para bien. Hay una diferencia, sí, no sé si se entiende bien la descripción.
Se entiende perfecto. Justo en el momento en que las cosas quedaron en pausa, sacaron Biografía, el álbum recopilatorio de 2018. ¿Has escuchado ese disco últimamente? ¿Qué opinión tienes ahora, en 2026, de esas canciones que sacaron justo al separarse?
Lo he estado escuchando hace unos meses, igual que los discos de estudio de la banda. Me traslado a otro lugar, a otro tiempo, pero ahora puedo leer ese tiempo de otra forma y entender un montón de cosas de mis compañeros y de mí mismo. El recopilatorio tiene un tema nuevo de esa época, pensado como cierre, que se llama «Los Ángeles». Habla de ese homenaje a la ciudad natal, pero también de que, en el fondo, Los Ángeles somos nosotros —o nosotros y la gente en general, quien escucha la canción— por esa facultad que tiene el ser humano de poder despegarse y flotar, de ser la mejor versión de uno mismo, y disfrutar la música y las trompetas. Esa fue la única canción nueva de ese momento en el compilado, aparte de las de siempre.
Ahora, cuando vuelvo a esas canciones, me entiendo mejor a mí mismo, entiendo mejor a los chiquillos, entiendo mejor mi entorno. No sé cómo decirlo sin sonar a maestro espiritual de cartón, pero es mi opinión, es como lo veo yo: ha sido para mejor, y ahí también me educo.
Hablando del presente, ¿cuáles son las diferencias más grandes que ves en la escena actual del indie pop, comparada con cuando ustedes salieron a principios de los 2000? ¿Qué rescatas de ese contraste?
Creo que las diferencias más visibles son estilísticas: ahora ha vuelto el formato rock de banda, el estilo, los timbres. La propuesta es claramente distinta, pero las ganas de hacer las cosas siendo joven son las mismas de siempre; es algo humano, esa motivación y esa energía de esa edad. Creo que la gran diferencia son las propuestas nuevas: los instrumentos, los timbres. En el rock siempre ha existido esa libertad de reclamo, y eso también existe ahora.
En cuanto a la forma de expandir y difundir la música, es un tema en el que nunca me he desenvuelto tan cómodamente, y menos en lo comercial, así que no sé si puedo opinar mucho sobre eso. Seguramente hoy hay nuevas formas de llevarlo, sobre todo en el manejo de redes sociales, pero no sé si puedo opinar mucho ahí; trato de lograrlo, aunque ya estoy más viejo y no entiendo tanto, ni tampoco me interesa demasiado. Veo a los más jóvenes moverse en eso con soltura y trato de aprender de ellos. Esa creo que es la diferencia.
Tengo dos últimas preguntas. Después de una carrera tan extensa, llena de logros personales y grupales, de tocar en lugares muy buenos y sacar discos importantes, y ahora que vuelves con la banda que te vio crecer como compositor, ¿qué te queda en el tintero? ¿Qué sueños te quedan por cumplir?
Creo que esto que queremos hacer ahora podría ser justamente eso que falta por hacer bien: comunicar o entregar algo contundente, emotivo, que la gente que espere ir a vernos —por ejemplo, al concierto— lo perciba y lo entienda, y así situar a la banda en un lugar mejor. Siento que incluso es responsabilidad mía que eso no haya pasado tanto antes. Partimos esta entrevista hablando de cómo uno cambia; puede ser que ahora lo entienda mejor y lo escuche mejor.
¿A qué te refieres con eso? ¿Antes pudiste haber hecho las cosas distinto?
No sé, la primera etapa, la de Praga, fueron quince años, y coincidieron con una etapa muy atormentada. Seguramente a veces eso se proyectaba sin que yo quisiera, hacia afuera, y quizás generaba distancia. No sé, a veces es curioso.
Personalmente, escuchando tu música, siento que ese camino —por así decirlo, del héroe— llega a un punto importante con «Selfie», que es como la foto de quién eras como artista y como persona en 2015. Por eso te quiero preguntar: ¿qué es lo que te mantiene cuerdo últimamente? Como ese consejo que nadie pide, cuando uno tiene un mal día. Te lo estoy pidiendo a ti.
Siempre me he sentido muy cuerdo, muy lúcido, y me gusta ese estado. No me gusta reventarme ni nada, nunca fui bueno para trasnochar, porque prefiero estar lúcido, sobre todo para hacer música. Lo que me mantiene tranquilo ahora, en paz, es aceptar y darme cuenta de lo bueno que es ser un ser humano y todo lo que eso trae, y no creerle tanto a las sensaciones del momento. El verdadero yo está adentro, intacto y tranquilo. Creo que eso es lo que me mantiene en paz: entender eso del ser humano.
Perfecto. Para cerrar, ¿quieres mandarle un saludo a los fanáticos de Primavera de Praga? Puedes adelantar algún sentimiento sobre la fecha o alguna sorpresa que quieras revelar.
Estamos muy expectantes con la fecha, es algo súper loco para nosotros, con harta ansiedad pero no con el estrés de antes, cuando hacíamos todo más nosotros solos; ahora hay un equipo bacán detrás. Esperamos ver a toda la gente que siempre nos recordó, nos pidió que volviéramos o nos escuchó en esa época. Va a estar bonito, estamos pensando en algo especial. Además, vamos a sacar un tema nuevo en octubre, que ojalá les guste y lo puedan cantar ese día en comunidad; puede que haya otro estreno más ese mismo día. Esperamos que salga todo bien, que sea lindo, que el público y nosotros nos vayamos contentos. Tengo ganas de empezar a ensayar: Bori llega de México en octubre y ahí retomamos esas canciones. Me pone nervioso, pero es una ansiedad linda, muy emocionante.
