Discos

Curco, de Oso el Roto: La genuina experimentación

Difícilmente se puedan encontrar artistas chilenos más aventurados y exitosos en su experimentación que Oso el Roto. Sobre todo cuando se considera su amplia trayectoria. Por mucho que su obra más celebrada suela remitirse a los últimos años, ya son varias décadas aproximándose a la institución musical desde los más improbables ángulos. Una figura genuinamente inclasificable en el esquema musical de su país, y que ciertamente revela un asentamiento institucional en toda una serie de proyectos coterráneos que se jactan de empujar los límites musicales convencionales hasta puntos supuestamente rupturistas pero que, francamente, siguen respondiendo a una normativa formal previamente aprobada.

Oso el Roto ha pasado por múltiples sonidos a lo largo de los año. En la presente década, tras la publicación de Pop de cuchillo (2020) y Estallido y virus (2021), sumando la proliferación de espacios de discusión en torno a la música chilena, Oso el Roto encontró un merecido espacio de celebración. Paradójicamente, o quizá justamente en la línea de su filosofía, Curco (2026), su última placa, no necesariamente responde a lo que el artista había planteado anteriormente en lo musical.

A lo largo de veintiséis minutos y dos mitades decididamente cargadas, Oso el Roto adhiere al imaginario de Frank Zappa (y especialmente a la etapa de Mothers Of Invention) y el debut de Suicide para desplegar una serie de motivos e ideas que se entrelazan en un gran corpus libre. Sobra señalar que las canciones son, esencialmente, puentes entre estas mismas, pues la propia estructura del álbum lo asume así. Donde verdaderamente radica cierta libertad muy propia de Oso el Roto es en los esquemas de melodías y las letras impredecibles.

Chile es un país bastante vicioso a la hora de discutir lo que se supone que es un trabajo literario o lírico irreverente. Asimismo, contracultural, impredecible, o como se le quiera llamar. A menudo, los primeros en apuntar estas virtudes en artistas de su gusto son también los primeros en escandalizarse cuando otra expresión artística empuja los límites normativos que supuestamente ya habían sido superados. En el escenario de la música nacional contemporánea, las búsquedas de Oso el Roto siguen al margen. Es muy valorable, pues en este caso el valor del acto no se reduce a su mera ejecución, ya que el contenido es asimismo muy potente y sustancioso.

Otro álbum chileno del 2026 comparable en su ambición a Curco es videocassettes, de teselaria. Se trata de proyectos decididamente impredecibles y con la capacidad de tomar por desprevenida casi cualquier capacidad de asombro. Incluso en un mundo hiperconectado como lo es el de hoy. El gesto recuerda a ciertos trabajos del recientemente fallecido Álvaro Peña. Por cierto, Oso el Roto participó en Álvaro, te amo: Tributo a Álvaro Peña, publicado este año vía Gemelo Parasito. 

También puede gustarte...