Empieza con D, siete letras es el último montaje del cineasta argentino Juan José Campanella, en colaboración con Ceci Monti. Como las historias de Campanella, se trata de una historia enfocada en el universo interno de los personajes. La obra sigue a sus personajes en un duelo y la búsqueda de una nueva conexión. Sin embargo, está impregnada del humor y la idiosincrasia tradicional del director.
Expectador tuvo la oportunidad de conversar con Bastián Bodenhöfer y Marcela del Valle, quienes interpretan a los protagonistas de la obra. Revelaron detalles sobre el proceso creativo, su conexión con Campanella e incluso los lazos entre el estreno con otras manifestaciones artísticas previas.
Por Joaquín Lira
¿Cómo es el proceso de traducir esta obra al lenguaje teatral de Campanella, con esa profundidad emocional de los personajes que él trabaja tanto en el cine como en el teatro? ¿Existen diferencias culturales relevantes a la hora de interpretar estos personajes en Chile?
Bastián: Mira, en primer lugar, no es una adaptación. Estamos trabajando con el texto tal cual, el texto original. Lo único que hemos cambiado son los modismos argentinos: en vez del “vos”, usamos “tú”; cambiamos cosas como “viejo boludo” o expresiones muy propias de Argentina. Pero nada más.
El texto está muy bien escrito. Es una historia de distintas situaciones y está muy bien contada, muy al estilo de Campanella. Él rescata no solo los pequeños detalles de las intimidades de los seres humanos, sino que los rescata de tal manera que los hace universales. Esta historia podría ocurrir en Chile, podría ocurrir en Bolivia, en París, en Alemania o en Buenos Aires. Nos pasa a todos.
Las problemáticas que se ven reflejadas en esta obra nos atraviesan a todos y, además, están tratadas de manera muy cómica. Una de las cosas que tiene Campanella es que él parte riéndose de sí mismo. Por lo tanto, tiene todo el derecho de reírse de los demás. Entonces la obra es absolutamente universal. Nos llega a todos. Esa es la gracia de la obra.
¿Cuál les parece que es el público de este tipo de obras, principalmente románticas, y considerando además que está basada en un texto de Campanella, que es un director reconocido internacionalmente?
Marcela: Yo creo que es una obra para todo público. Como que todos se van a sentir identificados. Mi personaje tiene 39 años y el personaje de Bastián tiene 65, pero son problemáticas muy cotidianas.
Hablamos de la soledad, de cómo está el mundo ahora, de lo difícil que es comunicarse con el otro, de saber del otro. Todo eso se muestra en esta obra a través de estos dos personajes. Pero yo creo que eso también le puede pasar a una persona de 18 años. Es una obra que de verdad abarca todas las edades. La gente lo va a pasar igual de bien y se va a sentir identificada sí o sí.
¿Cómo se siente interpretar a estos personajes?
Marcela: Nunca me había tocado un personaje como Miranda, la verdad. Es muy sensible, pasa por todas las emociones, no para de hablar. Es de esas personas que andan buscando cariño con desesperación por todos lados: que alguien la mire, que alguien la quiera.
Es como muy intensa, pasa por todas las emociones en un segundo y anda buscando cariño desesperadamente. Entonces habla hasta por los codos. Es esa gente que le habla hasta al vaso, a cualquiera. Busca cariño por todos lados.
Me gustaría llevar esta pregunta hacia Campanella, porque él tiene una idiosincrasia muy propia como director, y también muy argentina. A propósito del cine de Campanella, ¿sienten que hay alguna intención de replicar ese contexto argentino o, más bien, de diferenciarse de él? Ya mencionaron que no es una adaptación, sino el mismo texto con algunos modismos cambiados.
Marcela: Son temas universales. Yo creo que le pasan a todo el mundo, da lo mismo si vives en Argentina, en Estados Unidos o donde sea. Son cosas que finalmente nos pasan a todos.
Por ejemplo, está la diferencia de edad. También está lo que nos pasa cuando llegamos a cierta etapa de la vida. Yo creo que a todos nos pasa algo parecido. Mi personaje, Miranda, no quiere tener hijos. Nunca ha estado en su cabeza tener hijos. Ya tiene 39, casi 40 años, y no está ni ahí con eso.
En cambio, el personaje de Bastián sí tiene un hijo, pero también se ha dado cuenta de que a lo mejor no ha sido un buen papá, que ha estado muy metido en la pega y no ha estado ahí. Se da cuenta ahora, cuando el hijo ya está más grande, ya tiene 40 años. Entonces es bonito, porque son cosas que pasan en la vida.
Bastián: No es una obra política. No se toca ningún tema político, ni social, ni económico. Para nada. Aquí los temas son muy profundos en cuanto a lo que les pasa por dentro como seres humanos. Ahí es donde los personajes se encuentran con sus propias soledades, con sus fragilidades.
Y ante esa soledad, el motor no es quedarse echado, sino tratar de reinventarse, tratar de recuperar la capacidad de asombro, encontrar una salida. Ese es el motor que mueve a los personajes.
Lo bonito es que son dos personajes totalmente distintos, diametralmente distintos. No solo por la diferencia de edad, sino también por sus intereses, su manera de ser y su historia. Pero se encuentran justamente desde ese lugar. Ella está divorciada hace años, él enviudó hace poco. Entonces ambos están en una situación inestable y frágil. Ese es el punto de partida de la obra.
Entonces, de alguna manera, la obra transmite la diferencia de contextos de vida de cada una de estas personas.
Bastián: Sí, cómo estas dos personas tan distintas logran encontrarse y empiezan a descubrir qué hicieron mal, qué hicieron bien, por dónde tiene que ir la cosa, qué tienen que cambiar de sí mismos para ser aceptados o para hacer otro tipo de cosas. Son preguntas bien existenciales.
Ahora, claro, Campanella tiene una pluma que permite tratar esas preguntas tan profundas con un humor exquisito. Como él sabe reírse de sí mismo, también sabe reírse del ser humano. Y estos personajes saben reírse de sí mismos también. Por eso pueden reírse de los demás y por eso hay situaciones muy cómicas.
Marcela: Y de las cosas terribles uno también se ríe. De repente uno está en un drama, no sé, en un funeral, y te da risa. A mí me ha pasado alguna vez en la vida. Uno dice: “¿Por qué me está dando este ataque de risa acá?”. Y eso es de nervios, no sé. Pero eso termina haciendo una situación cómica.
Sí, yo creo que a todos nos ha pasado. Yo también tengo mis anécdotas.
Marcela: Sí, son cosas que uno dice: “¿Pero cómo?”. Pero es la vida.
Bastián: Hay una frase de Miranda, el personaje que hace Marcela, que a mí me encanta y que de alguna manera es un motor bastante importante. Se le queda pegada a Luis, el personaje que hago yo.
Ella no para de hablar, es buena para los chistes, y él no entiende nada. No entiende el humor de ella. En un momento ella le dice: “Que no nos roben la sonrisa”. Y él se queda como: “Guau”. Después empieza a usar esa frase.
Es una frase que aparece varias veces como un recordatorio. De repente yo la ofendo, porque los personajes ya empiezan a ser amigos, y le tiro una talla medio pesada. Ella se ofende y yo le digo: “Que no nos roben la sonrisa”. Y ella responde como: “Ah, sí, verdad”. Es muy bonita esa frase. De alguna manera podría ser el título de la obra.
¿Existen algunas obras, ya sean de teatro, cine, música u otras expresiones artísticas, que recomendarían revisar antes de ver esta obra desde el 26 de junio en adelante?
Bastián: Buena pregunta. Mira, el otro día, a manera de ejercicio, volví a ver El secreto de sus ojos, de Campanella. No la veía hace años. Está escrita por él y ganó un Oscar. Encontré muchas similitudes en la manera de escribir.
Él tiene un estilo de escritura que está muy presente aquí en la obra. Hay un tipo de humor. No sé si se acuerdan, Darín hace de abogado, y está este otro gran actor argentino —el Alzheimer se me viene encima— que hace como un secretario. Cada vez que suena el teléfono, él dice: “Banco de esperma, buenas tardes”, porque están en un estudio de abogados. Hay chistes y una manera de formular las conversaciones que reencontré ahí, en la película, y que es similar al estilo que tiene esta obra.
Marcela: También está Parque Lezama, que fue un hit en teatro. También es de Juan José Campanella, la llevó al cine y ahora está en Netflix. También tiene eso. Habla de los más viejos, del adulto mayor. Es muy bonita esa obra, y ahora también está como película en Netflix.
Perfecto. Creo que puede ser un antecedente importante para preparar el visionado. Otra pregunta: ¿cómo se sintió interpretar estos personajes? ¿Cómo ha sido la experiencia de experimentar algo distinto a la hora de actuar?
Bastián: Bueno, estamos en plena construcción.
Marcela: Aunque queda poco, todavía estamos en plena construcción.
Bastián: Exacto. Estamos en plena construcción. Todavía falta. Estamos trabajando harto. Los personajes no están completos todavía, pero hay mucho trabajo detrás.
La gente, cuando va al teatro y ve a los actores actuar, no se imagina todo el trabajo que hay detrás. No solo la cantidad de horas de ensayo. Hay toda una metodología para llegar al personaje. Hay todo un equipo trabajando detrás: escenografía, iluminación, producción, ambientación, vestuario.
También está la tarea del director, que tiene que medir y llevar a cabo cierta dinámica para que la obra sea entretenida. Darle ritmo, hacer que haya escenas más rápidas y otras más lentas. Si todo es plano, la gente se va a aburrir. Si todo es acelerado todo el rato, la gente también se va a aburrir. Hay un trabajo inmenso detrás. Nos queda un par de semanas todavía, estamos en tierra derecha.
Marcela: Como la obra es tan emotiva también, los personajes pasan por todas las emociones. Uno de repente dice: “¿De qué me agarro? ¿De qué me agarro?”. Y una va buscando ahí.
Como pasan por todos estos sentimientos y emociones en la obra, una se agarra de cosas que a mí como actriz me pasan. Por ejemplo, el abandono. Siento que mi personaje tiene mucho de eso. Entonces es conectar con eso, con ciertas partes de lo que le ha pasado a uno, y eso ayuda mucho a la hora de poder actuar y llegar a ese lugar.
Creo que para mi personaje ahora me ha costado un poco eso. Es como preguntarse: “¿Desde qué lugar viene? ¿Por qué está así?”. Como pasa por tantas cosas, ha sido difícil. Pero creo que eso es justamente lo entretenido que tiene el guion.
Empieza con D, siete letras tendrá funciones del 26 de junio al 5 de septiembre en Teatro Mori de Vitacura.
