Escrito por Felipe León
Cuando se habla de la importancia que tuvo el krautrock en el presente y futuro de la música, sin dudas Can surge como un bastión representativo de aquello. Sus búsquedas experimentales determinaron un movimiento expansivo y mecánico, a la vanguardia los primeros años de los 70’s, hasta el lanzamiento de ‘Future Days‘ (1973) y la salida poco meses después de su vocalista y percusionista, Damo Suzuki.
A diferencia de la hipnosis avant-garde de ‘Tago Mago‘ (1971) y los misterios rítmicos de ‘Ege Bamyasi‘ (1972), el disco que hoy convoca promueve una calidez ambiental de ondulantes meditaciones. Una acuática proliferación de elementos flotantes, que desecha por completo las influencias funk de sus antecesores, para así asumir un mayor compromiso con sus paisajes y atmósferas.
Can profundiza en la sinergia de sus improvisaciones instrumentales, de tal manera que su voz espectral y melosa aparece de modo esporádico, tan reconocible como en sus antecesores. Sus etéreas apariciones promueven una espontaneidad abstracta y luminosa, que resuena con una música de tonalidades veraniegas, siempre abierta a fijar nuevos horizontes de lo posible.
Flotante delikatessen del krautrock
Hay una luz propia en ‘Future Days‘, distinta a todo lo hecho por Can en su discografía. Más allá que ‘Soon Over Babaluma‘ (1974) conserve parte de su esencia, se hizo imposible igualar la presencia Suziki y la mística de ese periodo tan especial, determinada por la precisión groovera de Jaki Liebezeit, el bajo minucioso de Holger Czukay, la espaciosa proyección que logra Irmin Schmidt en teclados, y el tacto guitarrero de Michael Karoli.
Los halagos muchas veces conllevan exageración: no todo es atmósferas y texturas, también hay ritmo y progresión. Algo obvio al considerar el estilo interpretativo conservado por la banda de Alemania entre 1970 y 1973, que funcionó como un esqueleto operativo de surrealismo rockero, con clara raíces experimentales, sí, por lo demás muy agradables a la escucha casual.
Vale decir que esta música fue toda una delikatessen para la época, a tal punto que la articulación de solo cuatro canciones bastó para expandir el imaginario de Can como nunca. Desde el comienzo con esa absorbente introducción al viaje de «Future Days«, da paso al repetitivo pulso de «Spray«, para luego formular el instante accecible del álbum con la melódica extrañeza de «Moonshake«, y así finalmente flotar sobre aires costeros en «Bal Air«, magno cierre de 20 minutos.
Los comentarios habituales en torno a ‘Future Days‘ destacan lo adelantado a su época, algo que su insinúa desde su propio nombre. Otra obra maestra de Can y el cierre simbólico de un periodo creativo sin igual.
