Escrito por Jocsán Sánchez
Fotos por Bárbara Hernández
El debut del norteamericano en Chile fue una celebración de todas sus etapas artísticas, pero especialmente en un viaje hacia aquella era que lo transformó en un fenómeno global durante la pandemia. Aunque gran parte de la puesta en escena estuvo inspirada en sus trabajos más recientes, la noche estuvo atravesada por una constante sensación de nostalgia. Las canciones de Ugly Is Beautiful aparecieron una y otra vez como puntos de encuentro entre el artista y un público que creció escuchándolo desde la pantalla de un computador o un teléfono durante los años de confinamiento.

La apertura con «Jerk» marcó inmediatamente el tono del espectáculo. Desde los primeros minutos quedó claro que la audiencia conocía cada palabra del repertorio. La intensidad continuó con el debut en vivo de «Deep End» y una seguidilla de canciones que mantuvieron la energía en constante ascenso. «Bounce», «One & Only» y «All That» sirvieron para presentar la dinámica que acompañaría toda la noche: un Oliver Tree hiperactivo, teatral y completamente comprometido con mantener la atención del público en cada segundo.
Uno de los primeros grandes estallidos llegó con «Alien Boy». El clásico de Ugly Is Beautiful provocó una reacción inmediata entre los asistentes y reafirmó la importancia que sigue teniendo dentro de su catálogo. A continuación, «Do You Feel Me?» e «I Need You» mantuvieron la conexión emocional con la audiencia antes de desembocar en otra de las canciones más esperadas de la noche: «Cash Machine». El tema fue recibido como un verdadero himno y convirtió el recinto en un coro colectivo, demostrando por qué sigue siendo una de las piezas más reconocibles de su carrera.

A medida que avanzaba el concierto, Tree alternó entre éxitos consolidados y varios debuts en vivo de su nuevo repertorio. «Sideways», «Death Ray», «My Only Friend», «Fuck The Whole World», «All You Ever Wanted» y «Joyride» ampliaron el recorrido por su discografía, mientras que «Cowboys Don’t Cry» aportó uno de los momentos más melancólicos del espectáculo. La diversidad de estilos presentes en el repertorio permitió apreciar las distintas facetas del artista sin perder nunca la cohesión del show.
Pero más allá de las canciones, la verdadera fortaleza del concierto estuvo en la interacción permanente con el público. Oliver Tree convirtió a la audiencia en un participante activo de la experiencia. En varias ocasiones pidió que los asistentes gritaran «una más» para convencerlo de continuar cantando. La dinámica fue creciendo durante la noche hasta transformarse en uno de los elementos más entretenidos del espectáculo. Incluso simuló problemas con su micrófono y aseguró que no podía escuchar suficientemente fuerte a la multitud, una actuación que provocó exactamente el efecto buscado: miles de personas intentando superar el volumen de los gritos anteriores.

Las pantallas complementaron constantemente esta narrativa. A través de videos protagonizados por el propio artista, incluyendo imágenes asociadas a la estética de Ugly Is Beautiful, cada transición ayudó a conectar las distintas etapas de su carrera. Lejos de limitarse a proyectar visuales decorativas, el montaje audiovisual funcionó como una guía que permitía al público comprender en qué momento de la trayectoria de Oliver Tree se encontraba cada bloque del concierto.
Uno de los instantes más emotivos llegó hacia el tramo final del show. Antes de interpretar «Superhero», Oliver Tree detuvo por un momento la locura habitual para dedicar la canción a su abuela, quien celebraba su cumpleaños ese mismo día. El gesto fue recibido con entusiasmo por los asistentes, que se sumaron espontáneamente al momento cantando para ella. Fue una pausa íntima dentro de un espectáculo construido principalmente sobre el absurdo, el humor y la exageración.

Tras ese momento, la intensidad volvió rápidamente con «Let Me Down», probablemente una de las canciones más coreadas de toda la noche. El sencillo, que ayudó a consolidar la popularidad internacional del artista, encontró una respuesta ensordecedora entre los asistentes. Poco después llegó «Hurt», otro de los puntos más altos del repertorio. La canción fue interpretada por miles de voces simultáneamente y confirmó el profundo vínculo emocional que existe entre el público chileno y las composiciones que marcaron la primera etapa de la carrera de Tree.
El encore terminó de cerrar la experiencia con dos de los mayores éxitos de su catálogo reciente. «Miss You» desató una última explosión de energía gracias a su enorme popularidad en plataformas digitales y redes sociales, mientras que «Life Goes On» sirvió como despedida perfecta para una noche marcada por la nostalgia y la celebración. El contraste entre ambos temas resumió de manera efectiva la propuesta del concierto: un artista capaz de reinventarse constantemente sin abandonar las canciones que lo llevaron al reconocimiento mundial.

La convocatoria del concierto también dejó una lectura interesante sobre el momento actual de Oliver Tree. Aunque el artista ya no domina las conversaciones digitales con la misma intensidad que durante el auge de Ugly Is Beautiful o el fenómeno global de «Miss You», la respuesta del público demostró que su conexión con los seguidores permanece intacta. Cada uno de sus clásicos fue recibido con entusiasmo y los coros masivos evidenciaron una fidelidad que trasciende las modas pasajeras de internet.
Pero quizás lo más llamativo fue la presencia de nuevas generaciones entre los asistentes. Niños acompañados por sus padres compartieron espacio con adolescentes y adultos que siguen al músico desde hace años, reflejando cómo su propuesta ha logrado expandirse más allá del público que lo descubrió durante la pandemia. Lejos de depender únicamente de la nostalgia, Oliver Tree parece haber encontrado una capacidad poco común para renovar constantemente su audiencia sin perder la identidad que lo convirtió en un fenómeno internacional.
Lo principal de la jornada fue precisamente esa convivencia entre pasado y presente. Por un lado, las canciones que marcaron una época para miles de seguidores; por otro, una nueva generación que parece haber encontrado en su extravagancia, humor y energía una puerta de entrada a su universo musical. Durante casi dos horas, Oliver Tree actuó como una auténtica estrella de rock moderna, consciente de cada movimiento y de cada reacción que podía provocar en la multitud. Entre visuales extravagantes, bromas constantes y un repertorio cargado de éxitos, el artista construyó una experiencia que funcionó tanto como celebración de su presente como homenaje a la etapa que definió su carrera. Para muchos de los asistentes, no fue solamente un concierto; fue el reencuentro con una banda sonora que acompañó algunos de los años más extraños y recordados de sus vidas.
