rEscrito por Felipe León
Mafiosa frialdad: temática & estética
Con todo el revuelo generado por el freestyle de Jay-Z, respuesta hacia comentarios pasados de Kanye West, Nicki Minaj, Damon Dash y Drake, salen a la luz preguntas legítimas sobre el rapero. ¿Por qué es tan importante para el hip hop y New York? Hay más de una respuesta para entender su legado, pero quizás vale la pena partir por el principio: ‘Reasonable Doubt‘ (1996).
En medio de una discografía que ha tocado la gloria como el fracaso, se alzan obras que guardan un peso cultural relevante; verdaderos cambios en el juego. Antes de popularizarse como un magnate del arte y los entretenimientos, existía un rapero dispuesto a entregar su propia versión de la realidad, a partir de una lírica habilidosa, un flow elegante y un retrato menos glamouroso del negocio ilícito de la mafia.
Jay-Z recorre a paso lento distintos escenarios de índole criminal, desde la óptica protagónica de un capo de la mafia, convencido de contar los hechos tal cual sucedieron. Dentro de este imaginario de sobrevivencia callejera, disputas de dinero y traiciones a sangre fría, aparece un toque humano que hecha al agua cualquier idealización, al lidiar con la paranoia constante de saber que la muerte está al asecho: siempre hay una bala esperando ser gatillada.
Ese condimento paranoico es posible rastrearlo en las propias películas de mafiosos, referenciadas de forma directa o indirecta en muchos discos de rap con temáticas afines. De hecho el tono anímico de ‘Reasonable Doubt‘, madurez al borde de la resignación, puede asemejarse a la normalización de la vida criminal que en cierto punto refleja la cinta de Martin Scorsese, ‘Godfellas‘ (1990). Claro que con sus respectivas distinciones culturales.
Boom Bap clásico de Jay-Z
El toque autobiográfico aporta veracidad a ‘Reasonable Doubt‘, más no es el eje principal, sino el cómo se presenta: un rapero ambicioso y experimentado. Consagra una etapa de aprendizajes iniciada como featuring de The Jaz, Big Daddy Kane o Mic Geronimo, para luego definir su legado en un acto de todo o nada, a la altura de los gigantes del boom bap.
Para tales efectos, Jay-Z postula una cinematográfica producción que recoge nutrientes propios de la east coast, como samples en su mayoría de soul y jazz. Un poco de calor emocional al contexto sombrío de sus temas, donde impera una fría y calculada forma de rapear, de atributos técnicos y salidas emotivas.
La gracia del registro aflora en «Dead Presidents II«, «Can I Live«, «Devil’s» o «Can’t Knock the Hustle» junto a Mary J. Blige. Por otro lado las salidas próximas al jazz rap de «Feelin’ It» feat. Mecca o el neo-soul de «Regrets«, robustecen su estilo lujoso e introspectivo.
También hay espacio para otras grandes colaboraciones como Big Jaz & Sauce Money en «Bring It On«, Foxy Brown en «Ain’t No N*«, Memphis Black en «Coming of Age» o la más estelar de todas con The Notorious B.I.G. en «Brooklyn’s Finest«. Bajo un trabajo de producción que contó con DJ Premier, Ski, DJ Irv, Knobody o Clark Kent.
Cabe destacar que Jay-Z se la jugó con lanzarlo en su propio sello, Roc-A-Fella, con un acuerdo de distribución con Priority, tras pasar años sin conseguir un contrato. Aquello repercutió en sus ventas lentas pero seguras, con el boca a boca y casetes como grandes aliados. A casi 30 años de su lanzamiento, ‘Reasonable Doubt’ aún es la obra maestra que fue en la época dorada del hip hop, y no necesitó a Billboard para lograrlo.
