Por Teresa Leiva
La década de los 90’s y 2000’s fueron épocas de oro para el latin alternative, ese diverso y extenso universo musical que pone en contacto el rock con distintas muestras de música hispanoamericana. Argentina fue, sin duda, un gran productor de bandas de alto calibre en este estilo musical, siendo uno de sus referentes más icónicos la Bersuit Vergarabat.
La banda se encuentra actualmente celebrando el cuarto de siglo de ‘Hijos del Culo’, uno de sus obras más clásicas, la cual vienen presentando en una gira que llegará con múltiples fechas a nuestro país: 24 de julio en Santiago en Club Chocolate, 25 de julio en Trotamundos Valparaíso, y 26 de julio en Copiapó en Amma Club.
Con esto en vista, en Expectador conversamos con Carlos Martín, Daniel Suárez y Cóndor Sbarbati, integrantes de la Bersuit Vergarabat, sobre esta nueva gira, el ecosistema actual de la música, su relación con Chile, entre otros temas de interés.
Mirando en retrospectiva estos 25 años de Hijos del Culo, ¿sienten que algunas cosas han envejecido mejor que otras? Sobre todo pensando en el contexto social y la crítica que hacían en esa época.
D. S: Buena pregunta. Vos fijate que hay canciones que se vuelven a reivindicar y es una pena tener que cíclicamente hacerlas parte de un presente, tener que lamentarse de las mismas cosas. Como cuando se viene el estallido y canciones como “Se viene” o “Señor Cobranza” vuelven a representar a muchos que quieren levantar la voz o se sienten mal dentro de ese régimen. Obviamente no todas las canciones envejecen de la misma manera porque los tiempos van cambiando. Hay ciertos temas que ya no se abordan igual que hace 25 años atrás, pero eso tampoco les ha quitado valor ni las ha cancelado.
C. M: Hay algunas canciones que quizás hoy no haríamos, pero bastante bien envejeció este disco y bastante bien se mantiene. Y eso lo demuestra este tour: la gente responde, agota las entradas y viene con entusiasmo a volver a escuchar estas canciones. También nos encontramos con pibes y pibas de 20 años que conectan con el disco porque sus padres los escuchaban. Eso habla de que las canciones envejecieron bien. Si vuelven a conquistar un corazón joven y se sienten identificados con lo que decís y cómo levantás la voz, quiere decir que más que envejecer, son como el buen vino de guarda: más ricas con el tiempo.
Justamente quería preguntarles por eso. Muchas de sus canciones son largas, tienen un concepto detrás, y hoy vivimos en una era de inmediatez y redes sociales. ¿Cómo sienten que conectan con los jóvenes?
D. S: Hay cosas que son cíclicas y universales, no solamente en Chile, México o Argentina. El dolor es dolor y atraviesa este mundo en diferentes etapas y contextos. Hoy, por ejemplo, con el avance de la derecha en Latinoamérica, canciones como “El estallido” vuelven a cobrar significado. Y creemos que la función del artista es hacerle compañía a las personas en lo que les esté pasando. La música acompaña: si estás feliz, si estás triste, si necesitás gritar algo que tenés adentro. Las canciones son atemporales. Ahora, con esta lógica de que todo tiene que pasar rápido, pareciera que hay que enganchar a alguien en cinco segundos. Y eso puede terminar llevando a una generación adicta a la dopamina fácil, a pasar pantalla constantemente.
C.M: Nosotros no sabemos hacer canciones de 30 segundos. Y eso hace que el curioso, el que realmente se toma el tiempo para descubrir una canción, genere un vínculo muy fuerte con el artista.
¿En este tour también han visto mucho intercambio generacional en el público?
C. S: Sí, eso es de las cosas más lindas que nos toca ver. Vienen los que hace 25 años tenían 20 y tantos, ahora con sus hijos que también tienen 20 y tantos. Padres e hijos disfrutando juntos un concierto. Eso es hermoso. Significa que envejecimos bien nosotros y las canciones también.
¿Qué recuerdan de sus visitas a Chile? ¿Tienen alguna anécdota especial?
D.S: De todo. Tenemos amigos acá, discusiones de fútbol, vino, comida increíble. También nos encanta escuchar cómo el público chileno hace propias las canciones y las canta con otra tonalidad o de otra manera.
C.M: Y queremos destacar algo: el público femenino en Chile. Para nosotros, el 65 o 70% de quienes vienen a vernos son chicas.
D.S: Una anécdota muy buena fue en Concepción, en un festival donde nos tocó tocar como a las cinco de la mañana, con muchísimo frío, viento y lluvia. Estábamos todos adentro de la combi diciendo: “No hay nadie, ¿para quién vamos a tocar?”. Y nos decían: “La gente está en los estacionamientos esperando”. Finalmente salimos a tocar igual.
Pensando en la Argentina actual, ¿creen que la rebeldía cambió de forma o sigue existiendo en los artistas y en la sociedad?
C.M: Sí, ahora más que nunca. Sobre todo las mujeres en Argentina: las marchas, lo aguerridas que están, el aguante que ponen.
D. S: La sociedad entera se está levantando contra un gobierno neoliberal de derecha que está quitando derechos y destruyendo muchas cosas. Y los artistas también están ahí acompañando esas luchas. Nosotros estuvimos en Chile durante el estallido social y vimos cómo siempre existe un gen de rebeldía guardado en las sociedades. Y el arte sirve para acompañar eso, para decir lo que la gente quiere decir.
También mencionaban a artistas pop que hoy toman posición política.
C.M: Sí, y eso es algo muy interesante de este tiempo. Incluso artistas pop que uno podría pensar que hacen música más “pasatista” hoy usan el micrófono para decir cosas importantes y no tienen miedo. En Argentina admiramos mucho eso. El caso de Lali, por ejemplo. No se callan nada y van al frente, incluso con un gobierno que amenaza y amedrenta.
¿Qué artistas actuales les gustan o sienten cercanos?
—D.S: Muy variados. Milo J, Ca7riel y Paco Amoroso, Lali, Dillom. Hay artistas muy buenos hoy.
Ustedes siempre fueron populares, pero también muy críticos. ¿Cómo convivían esas dos cosas?
D. S: Nunca pensamos demasiado si íbamos a enojar a alguien o no. Bersuit siempre hizo lo que quiso y nunca se casilló en un solo estilo. Lo peor que le puede pasar a un artista es la autocensura. Nosotros elegimos acompañar a los relegados y mostrar que dentro de la fiesta también puede haber oscuridad. Por eso nuestras canciones mezclan de todo: amor, locura, fiesta, crítica social. Y creo que esa es nuestra firma.
Después de tantos años, ¿qué es lo que más disfrutan de seguir haciendo esto?
D.S: Viajar, encontrarnos con personas de otras generaciones, sentir que nuestra música sigue acompañando a la gente. Obviamente tiene su lado difícil: dormir mal, viajar muchísimo, extrañar a la familia. Pero también nos permitió conocer lugares increíbles. Hemos tocado en Rusia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, toda Latinoamérica.Y eso te mantiene vivo. Arriba del escenario somos libres. La gente te apoya y el arte te permite todo.
C M: Es el mejor trabajo del mundo. Si conocen uno mejor, avísennos.
