Escrito por Juan Pablo Ossandón
Fotos por Bárbara Hernández
El frío que yacía inmisericorde sobre Santiago el pasado 22 de mayo no fue capaz de frenar un hito histórico dentro de la música chilena. La agrupación chilena de rock, Candelabro, se presentaba en un Teatro La Cúpula completamente agotado, en lo que se configura como un punto de inflexión más que claro para el septeto. Se trataba del concierto más importante en la carrera de Matías, Javiera, María, Franco, Luis, Carlos y Nahuel –hasta el momento–.

‘Deseo, carne y voluntad’, el excelente álbum que destacó en lo más alto de Chile en 2025, fue la razón de este encuentro. El lanzamiento en vivo oficial de tamaña obra. Un motivo más que suficiente para justificar el lleno total –y en tiempo récord–, y es que claramente podían sumar otra fecha o, incluso, un recinto más grande. Pero bueno, tiempo al tiempo.
El show, que comenzó puntual a las 20:30 hrs., fue conformado por 4 actos: Celebración, Confesión, Juicio y Asunción. Una oportunidad que no desaprovecharon en llenar de símbolos e imágenes religiosas una presentación que no escatimó esfuerzos en desarrollar y pulir lo teatral al máximo y en su justa medida. Fieles al mensaje de su segundo álbum de estudio, Candelabro buscó encarnar esta búsqueda y anhelo de reivindicar esta imaginería para la juventud. El mismo Nahuel apareció primero que nadie sobre el escenario, ceremonioso y solemne, llevando el humo de incienso a todas partes para, muy probablemente, retratar la presencia de Dios ante la congregación de feligreses.

Así haya sido ver en «Domingo de ramos» a familiares de algunos integrantes de la banda compartiendo en una mesa mientras La Cúpula retumbaba ante los saltos que desencadenó ese grito primal y lleno de historia subyacente: «¡Desalambrar!«, o bien ver a Matías y Javy desenmarañar distintas tribulaciones del ser –como jóvenes– en «Prisión de carne» insertos en un confesionario que sólo dejaba al descubierto sus siluetas. Todo el mundo externalizaba su deseo de poner en tensión nuestra relación con la religión, y la corporalidad fue clave en ese sentido –especialmente del público–.
«Pecado» fue otro de los puntos álgidos del show. Ávila adueñándose del púlpito, predicó la palabra en un momento catárquico sumamente acusatorio, dejando al descubierto la asimetría e hipocresía que existe en la relación entre la religión y quienes, supuestamente, pueden ejercerla. Un momento poderoso en el que la gritada prosa del cantante encontraba réplica y acompañamiento en las voces numerosas de una audiencia que compartía el sentir del grupo.

El concierto, en su todo, es más que seguro decir que fue lindo y emocionante. El sentido de colectividad que rodea a la banda (son siete, después de todo), el cómo han surgido en la escena y también el cómo ha crecido su comunidad es algo que está siendo motor de cambio en la escena independiente chilena más rockera. La propia demografía era mucho más diversa a la de sus tocatas del pasado. Eso sin duda fue un ingrediente esencial para que una canción como “Fracaso” –con los músicos vestidos de blanco excepto Carlos– conmoviera hasta el alma. “Habrá que levantarse a construir”, una frase que sirve como todo un mantra, y que apela a una resiliencia que, fuera de todo romanticismo, es contingente. Era común ver a varios derramando lágrimas, lo que ciertamente “Cáliz” y “José” –con Matías paseándose por el público– terminarían de finiquitar.
Con el disco ya interpretado en su totalidad, llegó uno de mis momentos favoritos a título personal: los agradecimientos. Un ritual necesario de cada concierto, pero no parece exageración alguna en que todos percibimos el peso gigantesco tras esas palabras de gratitud a quienes trabajaron en este hito. Además, ¿por qué no compartir las alegrías? Que Matías dijera “gracias a mi padre por ganarle al cáncer” fue algo que resonó en muchos. Una conexión individuo-grupo que permanece firme, y que debería ser uno de los momentos más recordados de la velada, en especial por su clara conexión a la construcción de ‘Deseo, carne y voluntad’.

Acto seguido, llegó el momento de la aparición de algunas canciones del ‘Ahora o nunca’. La dupleta de «Refugio I» y «Refugio II» dejó en claro que la grandeza de estos jóvenes chilenos se trazaba desde su primer álbum –uno de los mejores de 2023 en el país, por cierto–. El público no dejó de sonar más fuerte. Muy por el contrario, sus demandas eran tan ensordecedoras y notorias que los músicos en escena no tuvieron más opción que salirse del libreto y tocar un par de canciones que no estaban en el setlist original: «Dedo chico» y «Señales». «Ya, pero pórtense bien«, dijo el vocalista. Lo que vino ahí fue una explosión de dicha absoluta, con todos abrazándose, celebrando, riendo y sintiendo.
Ya adjudicándose a uno de los mejores públicos que se ven en shows en vivo el día de hoy, la velada vio su fin con «Piano a piano» y «Madre», cerrando un bello capítulo en el que, es imposible negar que se siente como algo que provocará un efecto positivo en el panorama chileno actual del rock independiente, en el que múltiples jóvenes de distintas ciudades de Chile están encontrando una voz propia que tiene más y más oídos atentos a maravillarse con sus canciones. Candelabro está a la cabeza de eso, siendo la punta de lanza más apropiada para ello, dando un salto de fe y poniendo en contacto al Chile juvenil con el siempre complicado mundo social, político y religioso que persiste, como una lucha que vale la pena dar.

Setlist de Candelabro en La Cúpula:
- Las copas
- Domingo de ramos
- Haz de mí
- Prisión de carne
- Tumba
- Ángel
- Liebre
- Pecado
- Tierra maldita
- Deseo, carne y voluntad
- Fracaso
- 3 flores blancas
- Cáliz
- José
- Refugio 1
- Refugio 2
- Dedo chico
- Señales
- Piano a Piano
- Madre
