Live Reviews

KNOWER en Chile: El laboratorio al desnudo

Escrito por Nicolás Merino

Fotos por Bárbara Hernández

 

KNOWER había venido solo una vez a Chile. No solo hace siete años atrás, lo que es más importante, hace un disco atrás. Más precisamente, antes de su disco más canónico. Para estos efectos, se puede hacer el caso de que eran una banda un tanto distinta. No solo por la literalidad de tener un disco -fundamental- menos, sino también porque al mundo le costaba un poco posicionar a KNOWER en algún lugar de la música popular. Les cuesta hoy, no se diga en 2019.

El público de conciertos era distinto y, sobre la responsabilidad de la banda, hay que reconocer que no habían dado con un disco que realmente cerrara el concepto que querían mostrar al mundo, como lo fue Knower Forever (2023). Ese disco “really ties the room together”, diría un guión de los hermanos Coen. Y hoy, quizá ese proyecto tan ambicioso de la vocalista Genevieve Artadi con el baterista Louis Cole (ambos responsables de sus respectivas carreras solistas, y ambas muy interesantes, por cierto), sea más fácil de entender para todos los actores involucrados. Sí, hay jazz funk, art pop, y synth funk, pero también toda una etapa -más encima- intermitente de electropop, y para sumar pelos a la sopa, canciones de brostep.

Más allá de los géneros que entren o no entren a la discusión, lo realmente simbólico de KNOWER es esa doble militancia entre una forma musical extremadamente compleja y ambiciosa, puesta sobre toda una serie de recursos tan irreverentes e inmediatos. Es lo que hace la propuesta irresistible, pero también fácilmente ignorable al no ser representativa de ninguna expresión cultural contemporánea (por ser generosos, porque llevan más de diez años tocando) en particular, algo que parece demasiado necesario para la juventud de hoy a la hora de determinar qué música escuchar.

En este contexto, el laboratorio sonoro virtuoso e irreverente -y esta vez al desnudo- que simboliza KNOWER no solo se presentaba como una cita obligatoria para cualquier fanático de la música en vivo en Santiago, sino como la promesa de uno de los mejores conciertos del año. Fácilmente. Se puede sumar a las virtudes del concierto la promesa del formato sexteto (un lujo), pero tampoco se ben dejar de considerar otros factors extra musicales. Algunos bastante obvios: fue un sábado cercano a un feriado en un local (Club Chocolate) que no está tan lejos del Metro. La cita tenía varias características que la acercaban a calificar de perfecta varios meses antes de que siquiera sonara una sola nota musical.

Primeros golazos

Luego de cerca de diez minutos de retraso (frivolidades), la música envasada lentamente fue fundiéndose con pistas de sonido que anticipaban en lenguaje musical y estético de KNOWER. Eventualmente, esa dinámica aterrizó en ‘Knower Rulez’, la cortina que abre el álbum Life (2016), también presentada de forma envasada. Y aún cuando la primera canción que el proyecto interpretaría no sería de Life, sino de Knower Forever, ‘Knower Rulez’ ofrece ese final digno de barra brava con el coro que declara “KNOWER Rules! KNOWER Rules!”. Es la salida a la cancha perfecta. Sería injusto decir que el público del Club Chocolate realmente se sumó a la iniciativa, pero la intención estuvo.

KNOWER arrancó con ‘The Abyss’ (Artadi con polera de Mortal Kombat, Cole vestido como lo haría Joey Valence), uno de los cortes más destacados y carismáticos de Knower Forever. Básicamente, esa canción es uno de los bancos que lo contiene todo. Fácilmente se encuentra el carisma de Artadi, los patrones eclécticos de Cole, las pausas impredecibles, el espacio para el virtuosismo y, por supuesto, la inmediatez casi exclusiva de un proyecto de estas características. Un gran arranque, y en condiciones similares a las del corte que le siguió, ‘Do Hot Girls Like Chords’. No solo del mismo disco, sino también en un tono muy parecido. Quizá con el particular agregado de estar más cerca de la vanagloria del hit. Fueron dos golazos al hilo.

La disposición de cinco de los músicos (incluyendo a Cole) formaba una medialuna en la que Artadi tuvo su espacio para desplazarse. La uso, ciertamente. Y la propia música de KNOWER invitaba a desplazar la vista constantemente de un lado hacia a otro. Sí, difícilmente se pueda negar que el gran atractivo está en el dúo que realmente viene a componer al proyecto, pero cada solo de guitarra, cada acorde de teclado cargado de efectos, o cada una de esas viscosas líneas de bajo que avanzaban como mastodontes inevitablemente hacían girar la vista. Hay un factor democráctico en la performance KNOWER que no se puede negar. No es menor para un proyecto que, por mucha gala que hagan de ser solo baterista y vocalista, estén tan cargados al sintetizador y al bajo, por no decir otros cuantos instrumentos más.

Cole, motor

Respecto a Cole, no se puede negar que es un concierto en sí mismo. Al menos desde la manera moderna y basada en espectáculos de entender los conciertos. O incluso quizá desde la manera más propia de mundos ajenos a lo que estrictamente califica como música popular, dígase el jazz. No solo existe un esfuerzo por tocar lo mejor posible. Hay pequeños -pero grandes- detalles que elevan su presentación a niveles que en otros contextos serían imposibles de alcanzar. Hay que partir por el simple hecho de que toca un set de diestro como si fuese zurdo (sí, incluso cruzando los brazos cuando no se supone que tenga que hacerlo). Pero también se pueden sumar otros atributos que incluso hacen nexo con la tradición del rock. Hay algo de Bonham en esa forma de tocar en la que todo es movimiento de muñeca, lo mismo sobre ese brutal dominio del pie derecho. Un show aparte dentro de un show aparte.

Caballito de batalla

Tras suerte de pausa retroactiva para sumar ‘Around’, la banda siguió con el torrente de canciones de Knower Forever. De hecho, hasta bastante entrado el concierto sería prácticamente lo único que tocarían, salvo un par de mínimas excepciones. Siguieron, ‘It Will Get Real’ y ‘Real Nice Moment’. Justamente, de ese mismo disco. La verdad es una actitud que se lo ganaron y ya en 2023 era un tanto predecible. La placa no solo se transformó automáticamente en el mejor disco de la banda, sino también en su caballito de batalla hasta quizá cuántos años venideros (al menos hoy, lo sigue siendo). Naturalmente, la vara del nuevo disco del KNOWER está tan alta como cualquier otro artista que haya logrado dar con un clásico contemporáneo en los últimos años.

Incluso algunas de las canciones que históricamente hicieron frente como parte de los cortes más bajos del Knower Forever, como ‘Nightmare’, no dejaron de funcionar a la perfección en vivo. Ya sea por la resignificación obligatoria que implica ver a los mismos músicos interpretando la obra, como por el mero hecho de exponerse a un contexto de sinergia comunitaria masiva como lo es un concierto. El hecho de que Cole es un show en sí mismo es un tanto obvio. Quizá decir lo mismo de Artadi sea igual de redundante respecto a lo que despliega sobre el escenario, pero ciertamente su actuación descansa más sobre una serie de matices que no son nada fáciles de controlar.

Los matices de Artadi

El caso de Artadi como frontwoman merece una pausa. KNOWER es una banda un tanto complicada para efectos del gran esquema mainstream al que pertenecen. No solo son una banda de altas facultades inmediatas y de buen potencial comercial, sino que también gozan de un prestigio crítico un tanto particular. No es la misma encrucijada en la que se pueden encontrar artistas como Magdalena Bay, Carly Rae Jepsen (atendiendo a su etapa tardía) o incluso la propia Mitski. El prestigio de KNOWER no es tanto del molesto círculo autodenominado “melómano” (no es que no existan ahí,simplemente no es su fuerte), como si de otros espacios más doctos. Justamente, son aquellos espacios donde KNOWER nunca ha dejado de incomodar un poco por reírse en la cara de quienes les exigen una formalidad que a ellos claramente no les interesa concederles.

Para estos efectos, el rol de estrella que podría -o no- permitirse Artadi, necesariamente debe equilibrar una serie de checks con varios mundos de distintas expectativas, junto con, naturalmente, las del propio proyecto. Y la forma en la que la vocalista lo aborda es francamente fascinante. No es etérea, tampoco se presta para la irreverencia obvia. Se sube al escenario dispuesta a trabajar. Sus coreografías, carentes en sofisticación, son justamente aquellas insertas en un contexto que arrastra ese tipo de exigencias hacia atrás. A veces, un pequeño gesto, un paso, una sonrisa o la extensión de alguna sílaba marcan la diferencia suficiente para dotar al concierto de vida. En algún momento del concierto lo mencionó, entre risas, pero no por eso menos cierto.

-Every song on the setlist is so hard!

Todo ese humor que rodea a KNOWER poco tiene que ver con la concentración que la música exige. Incluso dentro de las libertades que se tomaron los músicos, nunca dejó de entreverse en su energía una profunda conexión con todo el mapa de detalles que estaban usando para operar.

Sinergia voluble

A ‘Nightmare’ le siguió ‘Same Smile, Different Face’, la balada definitiva de KNOWER (al menos hasta ahora). No solo los cuatro músicos que acompañaban a Cole y Artadi salieron del escenario, sino que Cole aprovechó la instancia para hacerse cargo de una nueva aproximación creativa. A través de un secuenciador de voces, grabó en vivo y en directo una serie de líneas vocales que se sumaron en un loop perfecto. El mismo sobre el que luego derivaría a ‘Same Smile, Different Face’. Cole en el sintetizador (uno muy pequeño) y Artadi en la voz). Fue otro de los grandes momentos del concierto al que, con mucha franqueza, hay que reconocer que no necesariamente todo el público se sumó emocionalmente. Extraño, para una canción de esas condiciones interpretada en esas condiciones.

‘Things About You’, interpretada inmediatamente después, también fue uno de los grandes momentos del concierto. No solo fue uno de los únicos dos cortes interpretados de aquel que es uno de sus mejores álbumes, Think Toughts (2011), sino también el espacio para lo más parecido que tuvimos a un solo de batería de Cole. No fue exactamente un solo, porque había cierta métrica marcada por las cuerdas intermitentes, pero si se dio una serie de libertades que en la versión original no están.

Como si existiese algún mínimo espacio para cualquier tipo de duda, una vez más quedó demostrada la bestia de baterista que es Cole. El mismo Cole que, por cierto, nunca prestó demasiado atención a los “olé, olé, olé, olé, KNOWER, KNOWER” o “Lucho, Lucho”. Esos momentos de silencio fueron los mismos en los que se dedicaba a contar antes del próximo tema. Unos conteos que, por cierto, hacían imposible de predecir la siguiente canción pues eran bastante anti-intuitivos. En fin, al menos entre ellos se entienden.

‘Hangin On’, del álbum más cargado a la electrónica, Life, sacó un nivel de entusiasmo inédito hasta ese momento. Es un corte de electropop bastante perfecto. Cumple con todo lo necesario y le suma el encanto del rigor. Podríamos decir que, desde aquí en adelante, el público realmente se encendió. Y esa energía se mantuvo cuando, después de una pasada rápida por ‘Different Lives’, siguieran en la línea de ‘Hangin On’ con ‘What’s In Your Heart’, que no es exactamente del mismo disco, pero si está en la misma filosofía. De hecho, esa última canción es del Let Go (2013), probablemente la placa menos interesante de la discografía de KNOWER, pero nunca exenta de ese tipo de cortes con pasta de hits innegablemente atrapantes.

Varios cierres

‘Crash The Car’ es una canción densa y larga. De hecho, es el cierre de Knower Forever y quizá también el primer cierre espiritual del concierto de ayer. Al menos, definitivamente fue la última de las canciones con aspiraciones más “progresivas” (entendiendo el término como la ambición técnica en el desempeño aplicado a la ejecución de la música popular, según lo teoriza el académico argentino Norberto Cambiasso en más de alguno de sus muy recomendados libros). Desde ahí, todos los cortes que siguieron (tres en total), fueron representativos de otra energía. ‘Crash The Car’ fue su propio mundo. Muy valorable para quienes les interesa. No tanto para quienes ya estaban arriba de la pelota.

‘It’s All Nothing Until It’s Everything’ es un temazo de tomo y lomo. No se explica que no sea una de las canciones más conocidas de la década. Tiene todo lo que hace especial a KNOWER, eso para empezar. Pero además tiene todo lo que hace especial a cualquier gran canción inscrita en el canon de la música popular. Es un lujo que exista y asimismo lo es escucharla en vivo. Fue el primer cierre falso. Un tema cargado de acordes pausados a partir de intensos golpes coordinados entre bombo y sintetizador. En el Club Chocolate, cada uno se sintió como la caída del Mjolnir. Especialmente aquellos que componen los primeros dos compases. Algo hicieron para hacerlos sonar más graves que en la versión original. El club temblaba para luego liberarse con ese precioso coro. Un gran momento, además del primer cierre falso. Luego salieron del escenario.

El teatro de salir del escenario para luego volver fue prácticamente un gesto técnico. Se apersonaron a la brevedad para darle con ‘I’m The President’, uno de los cortes que más éxito logró entre los que vieron la luz con Knower Forever. Naturalmente, la interpretación fue tan impecable como todas las demás, solo que ahora con el agregado de la energía del público encima. Y como buen proyecto de jazz, supieron integrar la sinergia entablada con el público para liberar sus propias improvisaciones. Mínimas, pero significativas.

Después de otro gesto técnico, volvieron a la que definitivamente sería la última, ‘Overtime’, de Life. Una suerte de hit más grande que el propio nombre de KNOWER. Más en la línea electrónica. Cambiaron el juego de luces y el público definitivamente se dispuso a bailar. Era un ambiente grato. Quizá no cerraron exactamente con lo mejor, considerando la voluminosidad y la calidad histórica de su catálogo, pero sí con un corte propio de los conciertos mejor logrados.

Lo realmente importante

Sí, el concierto de KNOWER fue uno de los mejores que ha visto Chile este año. Francamente, hay poco que cuestionar o que señalar con el dedo. Fue un concierto prácticamente perfecto por donde se le mire. Un lujo que es justo atesorar y que ojalá se repita, indiferentemente de si se da con un nuevo disco o no.

Hay mucha música internacional desplegándose en vivo en Chile. Cuando existe la posibilidad de ver un proyecto como KNOWER, viene a dar un poco lo mismo. Uno se acuerda de lo realmente importante.

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