Escrito por Felipe León
Según como se le mire, los años 90’s fueron coloridos y hasta chiclosos en varios sentidos, con la música palpando tales características. Así lo vivía Jasmin Wagner al ser aún adolescente, cuando comenzó a componer bajo el alias Blümchen el que sería su álbum debut: un energético registro en esteroides llamado ‘Herzfrequenz‘ (1996).
Alegre subidón de BPMs, que refleja el espíritu inquieto respirado en aquel entonces tras la reunificación de Alemania. Si algunos compatriotas se subían al boom del eurodance, se implicaban en el trance, construían industrial o se unían a la colmena del techno, la artista pisaba el acelerador para adentrarse de lleno en lo que hoy se conoce como happy hardcore.
Más allá de su espíritu propio de las raves, ‘Herzfrequenz‘ saca a relucir una estética juvenil amparada en la felicidad. Un impulso frenético y fiestero que atraviesa temáticas dulces, luminosas e infantiles, elaborado a partir de bajos comprimidos, kicks veloces y ritmos de 180-190 BPM, así como trances y melodías al servicio de una escucha maximalista y sobresaturada.
Para quienes sintonizan con esta música, lo elaborado por Blümchen es un tesoro. En cambio para el público casual, la consistencia de la obra premia entre tanto estímulo, dado el encanto optimista que existe tras toda la maquinaria que avanza sin parar durante 63 minutos. El atractivo artístico necesario para sostener un frenesí de canciones como «Rosa Wolke«, «Kleiner Satellit (Piep, Piep)» o la versión del dúo teutón Paso Doble: «Herz an Herz«.
También destacan «Odysee in 3D«, «Komm auf meinen Stern«, «Boomerang» y «Du und ich«, como paradas de un disco que el tiempo supo rescatar. Igual a Blümchen le fue bien, con ese u otros nombres, al continuar con el exitoso sucesor, ‘Verliebt...’ (1997), e incluso adaptando como Blossom sus dos primeros LP’s al inglés.
