Escrito por Felipe León
Comenzaban los 70’s y llegaba el turno del segundo disco de The Stooges, tras un debut homónimo que desordenó el ambiente underground. Se trata de ‘Fun House‘, un absoluto fracaso comercial que trajo su despido por parte del sello y posterior disolución (aunque pocos años después volverían), algo llamativo al considerar que el grupo se transformó en un acto clave del garage rock.
El sonido de su antecesor ayudó a forjar los cimientos de este paso fundamental, al mantener la crudeza de un modo menos precario, aunque que al grabar tampoco importó tanto. La banda sabía a la perfección lo que querían lograr: sonar como una banda en directo. Claro que para sus estándares, su idea del sonido en vivo era algo totalmente avasallador, desprolijo, físico y explosivo.
Para la época eran los 36 minutos más salvajes que podías oír; una antítesis al verano del amor. La resaca de un Festival Woodstock que olvidaba los valores del hippismo para adentrarse en una década setentera mucho más violenta, en cuanto a manifestaciones sociales, huelgas sindicales, injerencia política y perdición callejera. Crecer a los alrededores industriales cercanos a Detroit terminó por generar el caldo de cultivo idóneo para la aparición de ‘Fun House‘.
Salvajismo del garage rock
Dentro de las tantas propuestas que comenzaban a brindarle mayor intensidad y pesadez al rock, pocas lo llevaban al extremo caótico y energético de su interpretación como lo hacía The Stooges. La realización primal de un disco que quedó instalado como referente a la hora de volver a lo básico; a los urgentes principios fundacionales.
Tras esta gesta se encontraban los hermanos Ron y Scott Asheton, en las respectivas labores de guitarra y batería, además del bajista Dave Alexander, el saxofonista Steven Mackay y su frontman, Iggy Pop. Autores de un clásico absoluto como ‘Fun House‘, que redefinió la forma en cómo se puede llevar el garage rock aún más al extremo.
Gran parte de la excentricidad que su vocalista mostraba en los shows se traspasa a este registro, a la vez que pule su forma de cantar a otras latitudes. Esto sucede sobre todo en la blusera «Dirt» y la experimental «L.A. Blues«, mientras que el atractivo nato de The Stooges alcanza altos niveles de distorsión en piezas como «Down on the Street«, «T.V. Eye» y «1970«.
Otras apuestas como la desatada «Fun House» y eufórica «Loose» logran consagrar el carácter animal del grupo. Una prueba de que el nulo impacto comercial no significa que una obra deje de estar viva. Es cosa de interpelar al punk, al grunge, al garage rock revival.
