Escrito por Antonia Hernández
Fotos por Alejandra Besoain
Hay bandas que, más allá de ofrecer un concierto como quien se sube al escenario en altura y altanería a realizar su performance, ofrecen algo que se siente como una conversación pendiente entre viejos amigos. En su quinta visita a Chile, la presentación de Travis en el Teatro Coliseo sin duda se experimentó así.
Tras recorrer el país de sur a centro, pasando por los paisajes lacustres de Frutillar, los aires costeros de la quinta región en Viña del Mar y el retumbar masivo de REC en Concepción, el cierre de esta acotada gira se vivió este miércoles 1 de Abril en Santiago, dos años más tarde de su última presentación en Movistar Arena el 2024. El Teatro Coliseo fue así un refugio después del viaje, un quiebre significativo de intimidad tras la inmensidad humana y artística del REC.

Un ritmo propio: Pausa y palabra
El concierto no tuvo prisa, y ese fue quizás su corazón. Aunque los fuegos artificiales y las pantallas con gráficas saturadas tienen su virtud, los escoceses apostaron por una atmósfera mucho más contenida. Las visuales fueron simples y discretas, juegos de colores que sirvieron de apoyo y marco para lo que realmente importó: la precisión del sonido y la incólume de Fran Healy, que ante el paso de los años parece haber detenido el tiempo en sus cuerdas vocales.
Significativamente, Healy se tomó el tiempo de establecer una breve conversa entremedio de las canciones antes de tocarlas. Explicó, por ejemplo, el peso emocional de «Re-Offender», su historia familiar, y su mirada a las dinámicas de abuso, ofreciendo pequeños momentos de reflexión compartida. Así mismo, “Closer” vino de la mano con una invitación a tener en mente a la persona más querida durante su interpretación.

La cadencia pausada de la conversación y el relato permitió que el público, más allá de escuchar y disfrutar las versiones impecables de las canciones, pudiera conectar emocionalmente con ellas. Incluso los pequeños desajustes técnicos que llevaron a detener el show en dos breves ocasiones, y que Healy afrontó con profesionalismo y humor escocés, no fueron suficientes para quebrar con el ambiente que la banda había construido.
Es de relevancia recordar que Travis es, y ha sido siempre, una agrupación de peso sentimental, con una narrativa y un tono que aún en sus primeros años de escucha ya parecían evocar cierta nostalgia. Haciendo de esta vulnerabilidad su fortaleza, tras la simple calidez de escuchar himnos como “Side” o “Sing”, y baladas encantadoras a lo «Writing to Reach You» y “Driftwood”, vino un encore que dio clausura a una noche pausada pero no por ello menos emotiva.

Así fue como dieron cierre «Flowers in the Window» y «Why Does It Always Rain on Me?», canción que, aún en su melancolía y lamento, llevó al teatro a saltar y entonar al unísono, reencontrándose en la música y la colectividad. El paso de la quietud a la emoción desbordando al Teatro Coliseo, de la forma que sólo Travis podría lograr.
