Escrito por Nicolás Merino
Dream Theater se acerca más y más a nuestro país. El próximo 22 de abril, Portnoy, LaBrie, Petrucci, Myung y Rudess se tomarán el Movistar Arena después de menos de dos años de su última visita al país, en una fecha enmarcada en los 40 años de carrera de la banda –las entradas están disponibles por PuntoTicket–. En miras de esto, revisamos su último disco, ‘Parasomnia’, uno de los grandes motivos que justifican este retorno.

En algún momento se habló de Parasomnia como un disco que retomaría intacto el camino que Dream Theater dejó en Black Clouds And Silver Linings antes de pasar a A Dramatic Turn Of Events y el resto de discos con Mangini que le siguieron. Más allá de si se cumplió o no, la idea invita a cuestionarse cuál se supone que era el camino que seguir ya luego del décimo disco de la banda. No se trata de que los artistas tengan un cupo máximo de diez álbumes genuinamente creativos en su cuerpo. Más bien Dream Theater había cerrado una etapa que quizá era más difícil continuar que cambiar.
Naturalmente, la incorporación de Mangini a la banda cambió radicalmente las formalidades artísticas de esta. No solo por el hecho de que el reemplazo de Portnoy implicaba necesariamente un compositor menos (Mangini no escribió música para Dream Theater hasta su cuarto disco con la banda), sino también, y aún mucho más importante, porque ciertamente se perdió una dirección.
La época clásica de Dream Theater se puede dividir en dos bloques. Cada uno de cinco discos. La segunda mitad estuvo atravesada por cierta narrativa intertextual que, de hecho, terminaba justo con la salida de Portnoy. Pudieron haber comenzado una tercera fase. De hecho, lo hicieron. Aunque ahora que han pasado varios años, no se trasluce ningún camino determinado.
Es complicado que un disco retome el camino de otro lanzado cinco álbumes antes. No es imposible. Y de hecho, Dream Theater algo logró aproximarse. Parasomnia considera parte de la retórica musical de Black Clouds And Silver Linings. Claro que sin el beneplácito de estar en la punta de la lanza, sino más bien un poco atrasados. En pleno 2025, Parasomnia difícilmente es un disco de metal progresivo competitivo. Tampoco lo es en 2026. Pero si que es uno representativo del esfuerzo por una banda por reencontrarse con sí mismos. Desde ese arte collage a lo Genesis tan propio de Dream Theater, hasta el intento por dar con una especie de narrativa ambigua como en los discos clásicos. De hecho, el tópico del terror en los sueños, más que sugerir una elevación espiritual de la banda o algo así, es más bien el refuerzo de ciertos tópicos recurrentes.
Parasomnia da en el clavo con algunos fundamentos mínimos del arte. Algunos tan básicos como su naturaleza de forma de expresión. Las pretenciones no son demasiadas. Los temas tampoco tan descarnados y personales como antes. Se nota la mano de Portnoy como se podría notar la de cualquier otro músico creativo. Quizá lo verdaderamente interesante de Parasomnia es lo que puede aportar a sus fanáticos. Una foto de un esfuerzo real por atenerse a la forma de expresión que estas seis personas aman.
